Nanta: la obra que trae la cultura milenaria coreana a la contemporaneidad

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nanta“Con cuchillos, tablas de cortar y recipientes culinarios de metal, los actores reproducen los sonidos que los músicos tradicionales coreanos efectuaban en el samulnori”.

Por Montserrat Piñeiro

Tal vez la mejor opción para disfrutar de la obra Nanta al máximo, es primero de documentarse acerca del samulnori, la música coreana que utiliza instrumentos de percusión: el kkwaenggwari (gong pequeño), el janggo  (tambor doble en forma de reloj de arena), el buk (tambor) y el jing (gong grande), para representar los cuatro sonidos de la naturaleza: el trueno, las nubes, la lluvia y el viento.

Si conocemos las bases de este género musical tradicional entenderemos la forma como se inteligió esta puesta en escena no verbal.

El nong-ak o música de granjeros fue el pilar sobre el que se erigió el samulnori, este ancestral género musical conjugaba danzas, música, rituales y acrobacias, todo ello con la finalidad de atraer y celebrar las buenas cosechas de arroz. A finales del siglo XX, las emociones que transmitía este arte fueron retomadas por los creadores de Nanta y viajaron incluso hasta Broadway (posicionándola como la primer puesta en escena asiática que se presentó en dicho distrito neoyorkino).

Con cuchillos, tablas de cortar y recipientes culinarios de metal, los actores reproducen los sonidos que los músicos tradicionales coreanos efectuaban en el samulnori, por supuesto, con tonos un tanto más graves y agudos, así como un estilo moderno traído al contexto escénico que requiere siempre el ser espectacular.

La historia que desencadena la acción inicia con la entrada del gerente de un establecimiento coquinario y la instrucción  a un pequeño equipo de tres cocineros, de preparar el banquete para una boda que se efectuará en las próximas horas. La dificultad se exacerba cuando el directivo deja en la cocina a su sobrino al mando de los cocineros para que lo instruyan en un mundo desconocido para él: la preparación de alimentos. El novato pone un toque de sal a la historia, complicando la tarea de los artistas culinarios. Vegetales, cacerolas y cuencos saltan por los aires para concluir con una historia de amor, un final feliz, el banquete logrado a la perfección y el público con la adrenalina a tope.

Una particularidad que lo ha hecho digno de reconocimiento es la interacción con las personas del público, para aquellos que desean gozar de esta experiencia, lo más recomendable es ocupar un asiento en la parte frontal  o en los extremos de cada fila, mientras más cerca del escenario, mayores serán las posibilidades de “participar” en la obra.

Desde 1997 y hasta la fecha, 8,100,000 personas han disfrutado de la presentación y día a día los números aumentan. Igualmente, hay muchísimas personas de la audiencia que asisten dos o tres veces a disfrutar del show, ya que afirman que de acuerdo al actor que lo representa, la obra tiene un sabor distinto, cada artista otorga un tono diferente al ritmo y a la musicalidad, por ello se dice que cada presentación es única.

La obra ha sido tan solicitada por locales y turistas que tiene ya sus propios teatros en la ciudad de Seúl y uno en Jeju. Aquellos ubicados en la capital son de fácil accesibilidad al estar localizados en zonas altamente frecuentadas como Myeongdong y Chungjeono.

Y la demanda es tan alta que ofrecen espectáculos todos los días en dos horarios, pocas presentaciones teatrales tienen puesta en escena con frecuencia tan elevada como es el caso de Nanta.

Debido a su bagaje histórico-cultural y a su llamativa estructura-desarrollo, la obra es ya todo un emblema de la cultura coreana moderna y se cuenta entre las atracciones más importantes a visitar cuando se está de paso por Seúl, ya sea el motivo negocios, placer o una breve escala, Nanta ayuda a comprender en 100 minutos, la realidad que se vive en Corea hoy en día: una revalorización de las  tradiciones artísticas, mezclada con dinamismo, innovación y perfeccionismo, actores de primer nivel, infraestructura artística a la punta de la tecnología y una inminente promesa de que la tierra de las mañanas tranquilas nos depara grandes sorpresas en el mundo teatral. Posiblemente Corea se convierta en unos cuantos años en uno de los destinos de turismo artístico de Asia ya que la industria del espectáculo está desarrollando excelentes paquetes y planes para atraer y mantener cautivos a los amantes de las artes escénicas. Y Nanta fue, sin duda alguna, el origen de esta nueva fortaleza de Corea.

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