Comercio equitable: el consumidor tiene la palabra

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ComercioPor Montserrat Piñeiro

Este tema puede resultar polémico pero, ¿cuándo la justicia y la verdad no han creado polémica? Así que nos arriesgamos: hablemos sobre la equidad y más puntualmente la equidad aplicada al comercio.

A todos nos gustan las cosas de excelente calidad y a un precio “justo” si es posible. Nos encantan las ofertas y muchas veces nos vemos tentados por los objetos de lujo o costosos, que no necesariamente gozan de una calidad perfecta.

La sociedad y la acelerada vida actual, aunadas a un exceso de aparatos electrónicos que piensan por nosotros y reducen nuestros movimientos, desplazamientos y reflexiones, nos han acostumbrado a automatizar el proceso de compra sin cuestionarnos a dónde se va el dinero que tan copiosamente despilfarramos (porque aceptémoslo, la mayoría de nosotros acabamos con nuestro salario de manera fugaz y nos confiamos a las tarjetas de crédito).

Nos gusta el café, sobre todo el de moda, con cápsulas pseudo-espaciales. Nos agrada el chocolate con alto porcentaje de cacao, y decimos sin miedo a equivocarnos que nuestro favorito es el ecuatoriano, keniano o el de Madagascar. En fin, tantos productos tan cotidianos, y tan exóticos a la vez, acerca de los cuales desconocemos su origen y obtención. Tal vez la engañosa publicidad nos ha hecho creer que verdaderamente sólo mujeres voluptuosas cosechan el café o que el cacao se recolecta siempre con una gran sonrisa ¾¡No puede haber una mentira más grande!¾.

Productos como el azúcar, las frutas y verduras, y los mencionados al inicio de esta nota, son como los diamantes que se obtienen en Costa de Marfil: la población local es pobre aunque irónicamente en su territorio se encuentra la piedra preciosa. Los diamantes pasan por muchas manos y sólo los comercializadores retienen los cuantiosos beneficios. Algo cada vez más común en todo el mundo, donde las trasnacionales, los monopolios y las ingeniosas estrategias de mercaderes, nos otorgan un producto cosechado por una madre con niño al lomo en un empaque de lujo y con precio muy alto.

Por situaciones como ésta es que surgió la necesidad de poner en práctica el comercio justo o equitable: un tipo de relación comercial que invita al consumidor a pagar un valor “adicional” del producto que consume. El monto extra se destina al beneficio de las comunidades y al desarrollo de los pequeños y medianos productores. Seamos sinceros, lo más justo es siempre más caro ya que la mano de obra no recibe salarios miserables. También es ahí cuando se conserva el concepto de “persona” y se hace a un lado el de “recurso humano”, y la manufactura tiende más a lo artesanal que a lo industrializado.

Ecuador pone manos a la obra

Actualmente la Secretaría de Comercio e Inversiones de Ecuador trabaja en conjunto con el Instituto de Promoción de Exportaciones e Inversiones (Pro-Ecuador) y organismos públicos, mediante la realización de capacitaciones para mejorar la productividad, las condiciones de calidad, y generar bienes que  retornen un valor adicional en beneficio de los productores locales. Así, este país sudamericano realiza exportaciones de productos como el cacao, pasta de cacao, banano, café y panela en mercados extranjeros, entre los que están: Corea del Sur, Bélgica, Estados Unidos, Alemania, Holanda, Italia, México, España, Japón, Colombia y Reino Unido.

El comercio justo añade una variable ética en la determinación del precio mínimo establecido entre productores y compradores. La confianza y la transparencia forman los cimientos de las relaciones comerciales, más allá del simple comercio de productos, por lo que descarta las asimetrías. Es ésta una de las estrategias que Ecuador utiliza no para disminuir, sino erradicar la pobreza en el país a mediano plazo.
El gobierno ecuatoriano busca la apertura de mercados internacionales para los pequeños productores y cooperativas con la finalidad de que se conviertan en exportadores directos de sus bienes. Para concretar dichas acciones se organizan de forma continua “ruedas de negocios” en las que participan tanto productores que poseen el certificado de comercio justo como importadores de grandes potencias económicas.

Colombia también

Este país se centra en puntos como la agricultura ecológica, cuyo fin es mejorar la eficiencia biológica y productiva; la optimización del uso de los recursos locales y el aprovechamiento del conocimiento tradicional. A través de intercambios solidarios y responsables se busca mejorar los ingresos de poblaciones marginadas rurales y permitirles el acceso a mercados internacionales con precios acordes a sus condiciones.

Se desea también lograr un comercio equitativo basado en el diálogo, la transparencia, el equilibrio de relación comercial entre los involucrados y con prácticas favorables para el medio ambiente.

El programa de “Sustitución de cultivos ilícitos” de la Organización de las Naciones Unidas consulta con las empresas de comercio las necesidades de mercado para orientar los sistemas de producción alternativos. Además, promueve que los productos no se exporten como materia prima, sino que se les brinde un valor agregado en Colombia y las utilidades regresen a los campesinos.

México

Grupos de productores mexicanos, en especial oaxaqueños, son co-fundadores del primer sello de comercio justo en el mundo: Max Havelaar. Productores de café, miel y jugo de naranja participan en el Programa de Comercio Justo Internacional. Además, México es el primer exportador de café de comercio equitable (y orgánico) certificado a nivel mundial, y es el primer país que lanzó, vía Comercio Justo México, A.C., un sello de comercio equitable específicamente para dicho producto.

La certificadora mexicana de Comercio Justo es la primera instancia formal de este tipo de comercio en un país de alta marginación. La empresa integradora de Comercio Justo Agromercados es también única en su especie a nivel internacional.

Al día de hoy, en México, hay millones de familias con una larga tradición de autoconsumo que viven marginadas en zonas de alta biodiversidad. Muchas de ellas pertenecen a grupos indígenas y sus comunidades se caracterizan por estructuras culturales, sociales y ecológicos particulares. Por cuestiones de mercado, estos pequeños productores se han visto obligados a producir bienes destinados a los mercados de consumo masivo en los países industrializados, lo que ha creado una gran dependencia de los monocultivos, y los ha hecho vulnerables a factores económicos externos, como la baja generalizada en los precios internacionales. Los bajos precios de sus productos en las bolsas internacionales, junto con la baja capitalización y poco acceso a infraestructura, limitan su capacidad para construir alternativas viables de producción comercial dentro de sus comunidades. Es por eso que el comercio justo busca trabajar con estas organizaciones sociales en la creación de condiciones comerciales justas que permitan a los pequeños productores mejorar su nivel de vida y seguir creciendo.

Pese a que globalmente el porcentaje de productos vendidos mediante el comercio justo no alcanza el 1% del comercio mundial, éste puede representar un sector en expansión con gran potencial de diversificación que introduzca valores y prácticas comerciales diferenciadas y más sensibles a la realidad de los pequeños productores. No obstante, el comercio justo exige de todos sus actores (productores, mediadores y consumidores) un significativo esfuerzo para transformar y mejorar ¾cuantitativa y cualitativamente¾ toda la cadena productivo-comercial.

 

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