La industria petrolera en Corea del Sur: un interesante ejemplo para Latinoamérica

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oilPor Eduardo Luciano Tadeo Hernández
Fotografía por Nestor Galina de Flickr

Érase una vez…

La historia contemporánea de Corea del Sur no puede pasar desapercibida como un relato de éxito económico. Desde los años sesenta, se han conducido diversos estudios para analizar  el porqué de su rápido desarrollo. Según el profesor-investigador Alfredo Romero Castilla de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mexicano pionero en los estudios coreanos en América Latina, algunas explicaciones han estado centradas en una fuerza de trabajo educada y disciplinada, dirigida por el gobierno a través de su labor de planeación central. Otras, en los flujos de inversión y ayuda extranjera -especialmente estadounidense-, en el legado industrial de la colonia japonesa, en la experiencia de Corea como un caso de industrialización tardía –siguiendo la teoría de la modernización- y en la vigencia de la cultura confuciana.

   Hoy, a 50 años de que iniciara el primer plan quinquenal de desarrollo en Corea del Sur en el año de 1962, el país se posiciona como una de las economías más importantes a nivel internacional. Su prestigio está en proceso de consolidación a partir de estrategias gubernamentales de diplomacia pública, cuyo objetivo es mejorar su imagen en el exterior, compartiendo ante economías emergentes su historia de éxito, la cual no ha sido ajena a diversos momentos de crisis.

Un oasis en el desierto

El inicio de la historia de la industria petrolera en Corea del Sur forma parte de tiempos de incertidumbre. Tras las dos crisis internacionales del petróleo en la década de los 70s, el país se vio vulnerado ante la dependencia en la importación del crudo de países de medio oriente. La situación era aún más severa dado el contexto de políticas gubernamentales enfocadas en la industria pesada, que por definición requerían de mayores recursos económicos y energéticos.

   La actitud de los coreanos fue rápida y determinante, consciente de la necesidad de los cambios, lo que indica un acercamiento al problema a partir de la cultura. “En la civilización del este de Asia, donde se inscribe la cultura coreana, el término crisis se expresa con los caracteres chinos ui, que significa peligro, y ki, oportunidad. Lo anterior quiere decir que después de un tiempo de decadencia viene la ocasión de desechar lo viejo y abrir la puerta a la llegada de lo nuevo”.

   Así, en 1979 se estableció la Corporación Nacional del Petróleo de Corea (KNOC, por sus siglas en ingles). Desde entonces, fue implementando parcialmente actividades de exploración y desarrollo para el almacenamiento de recursos del petróleo. Tuvo éxito al desarrollar el campo de gas Donghae-1 en la plataforma continental nacional, convirtiendo al país en el 95avo productor de petróleo a nivel internacional.

   Desde luego, el proyecto estuvo acompañado de la creación de sus propios institutos de tecnología y de un centro de información e investigación sobre el petróleo. Esto demuestra por qué Corea se denomina a si misma como una sociedad del conocimiento. Es sorprendente, pero explicable, como a partir de la escasez de recursos se logra consolidar una compañía que figura ya en el mercado del petróleo internacionalmente.

KNOC en el mundo

Hoy, KNOC tiene operaciones en países tan diversos como Nigeria, China, Reino Unido, Perú, Estados Unidos, Venezuela, Rusia, entre otros. La apuesta es clara a todas luces: una diversificación para evitar la dependencia.

En conclusión, el nacionalismo coreano ha sido un motor importante para el éxito económico de Corea del Sur, y la experiencia en el sector petroquímico no es la excepción. Los países latinoamericanos deberían encontrar inspiración en este proceso de fortalecimiento, no para imitar sus modelos corporativos, pero sí para adoptar interés por la inversión en la investigación y el desarrollo.

   Si bien para emprender proyectos de desarrollo no puede establecerse un carácter nacional en los países latinoamericanos en comparación con el de Corea, sí puede crearse una unión social encaminada a impulsar un nuevo proyecto de nación. Después de todo, la identidad nacional siempre se encuentra en construcción.

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