Entrevista con Sergio Rojas

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Sergio RojasPor Rafael Vejarano

Fotografía cortesía de Sergio Rojas

¿Cuál fue tu motivación para  venir a Corea?

La primera vez que vine Corea  fue por paseo por solo tres meses. Después de un mes de estar en Seúl vi que podía hacer algo más, busque por internet y encontré esta academia de Duck Hee Lee, para mí era un tenista reconocido y entre a su academia. Estaba llena de buenos jugadores. Después de tres meses me fui, Chuncheon  era demasiado frio pero al final regrese por la academia.

Al llegar a Corea, ¿cuál fue tu primer impacto cultural?

Fueron varios. Lo primero creo fue ver como la genta se empuja en el metro, después un par de discusiones en los jingilbang. Para aquel entonces no sabía cómo comportarme como lo suelen hacer las personas acá. Nada que me moleste, simplemente es la diferencia cultural que existe.

Durante tu tiempo en Corea, ¿cómo crees Corea te ha cambiado?

Me ha cambiado bastante. Mi  forma de pensar es casi la misma pero mi forma de hablar es diferente.  Antes de hablar, pienso un poco más, antes de hacer pienso un poco más. Me parece que es un poco más el estilo asiático. Como latino soy un poco más impulsivo, grito donde quiero, cuando quiero. El coreano tiene siempre un plan A y B para casi todo.

En el tiempo que has estado acá, ¿cómo crees que los coreanos observan a la comunidad latina? ¿Cómo crees te ven ellos?

Los coreanos, como las personas de otras partes del mundo, a los latinos nos ven como casanova, latin lover, bailarines y muchas veces piensan que todos los latinos venimos de un sitio caliente y que todo latino viene de lugares de playa y calor, y no es verdad. Nos ven divertidos y  sociables.

¿Cómo ha sido tu experiencia como instructor de tenis en Chuncheon?

Ha sido lo más increíble. Como extranjero soy uno de los pocos que esta acá haciendo  algo diferente a enseñar un idioma o a estudiar. Yo entré directamente a trabajar en una compañía coreana, todo hablado en  coreano.  Algunas personas no saben casi nada de ingles.  El Sentarse la mesa y comer como lo hacen el coreano, compartiendo los alimentos así como  aprender de la cultura, es lo que más me apasiona y justamente por eso me quedé. La verdad es que la primera vez no me intereso tanto, pero poco a poco y conservando una mente abierta muchas cosas te llegan a gustar.

Cuando te encuentras con alguien recién llegado a Corea, ¿qué recomendaciones les das?

En realidad la recomendación que le doy a cualquier viajero, de cualquier parte del mundo es que no compare. Siempre vas  a comparar, es inevitable,  pero compara lo menos posible, por eso están viajando, para conocer un nuevo país, su  gente, sus sabores, sus aromas. Si en realidad quieres visitar otros países y  aprender de la gente debes mantener una mente abierta. Otra forma es aprender un poco del idioma, es la mejor manera de mostrar respeto hacia otros.   La gente te recibe bien cuando ve que tienes cierto interés al aprender su idioma, aunque sea solo un poco. Al fin y al cabo eres un invitado.

¿Qué ha sido lo más difícil en Corea?

Lo más difícil es establecer una relación. Las familias coreanas son muy diferentes a las familias latinas. Además, por supuesto el frio. Usualmente enseño a fuera.  Acá en Chuncheon algunas veces baja la temperatura hasta menos 20.  Aunque hay canchas techadas no tienen calefacción.

¿Qué es lo que mas añoras de tu país?

Bueno, extraño bailar  y reunirme con la familia sin tener que dar tantas vueltas de quine viene a mi casa. A mi casa viene cualquier persona. En casa de mis abuelos, nos juntamos todos y la pasamos muy bien juntos.

¿Cómo tú definirías Corea?

Yo definiría Corea como  palipali, mackoly y someck. Pali pali por el trabajo. Las personas salen a distraerse con el someck .

Pali-pali es una expresión común coreana que significa “¡Date prisa!” o ¡Más rápido! Cuando llegué a Corea por primera vez, eso fue lo primero que escuche de los coreanos.

Has vivido en corea por casi dos años, ¿cómo crees que la sociedad coreana a cambiado durante este tiempo? ¿Has notado algún cambio en los coreanos?

Si, es algo increíble. He notado que los alumnos han cambiado. Ahora son un poco más rebeldes. La primera vez que vine les decías cualquier cosa y la hacían automáticamente. Algunos profesores les llamaban la atención y les jalaban las orejaras.  Como profesor de tenis, lo veo como un indicador de que hay un cambio rápido, los chicos hace tres años eran más callados, ahora son más abiertos.

¿Alguna anécdota graciosa que te haya sucedido en el día a día?

Tomar las cosas con dos manos se me ha pegado tanto que a veces me encuentro, por ejemplo,  al sacar plata del cajero automático  y tengo que meter la tarjeta, la tarjeta la pongo con dos mano, medio agachadito y otras cosas más.

¿Algo más que quieras agregar?

Si. Crea que si  hay algo de lo que me pueda enamorar aquí en corea es de su cultura. Para mí su cultura es algo increíble, como hablar, como comportarse al comer, como comportarse al momento de visitar la casa de algún coreano. Es la cultura lo que me hace quedarme acá, lo que me hace desear volver. Aparte de que corea es un país seguro para vivir, para mí lo más bonito de acá es la gente, su cultura, pero hay que agarrarle el gusto, es como el Kimshi; a la primera tiene un sabor fuerte y choca, pero le vas agarrando el gusto y si no hay te hace falta. En realidad es algo que voy a echar de menos. Si regreso al Perú ya no puedo servir a alguien mayor que yo un trago con solo una mano.

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