¿Qué cosechan las ajummas o señoras coreanas en los parques y jardines?

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Qué cosechan las ajummas o señoras coreanas en los parques y jardines“En ocasiones nuestros amigos coreanos nos dicen: Ah, están buscando hierbas y no entran en mayor detalle”.

Por Montserrat Piñeiro

Seguramente los extranjeros que vivimos en Corea hemos visto alguna vez cuando vamos en el autobús o en el coche a señoras o como comúnmente se les llama aquí: ajummas, cubiertas con una visera o sombrero y buscando arduamente algo en los prados y jardines. En primavera tal vez incluso vemos demasiadas en los parques, en las laderas que flanquean los ríos (haciendo gala de su equilibrio), en las áreas verdes de las calles, en camellones y en cualquier pequeño jardincillo.

Es cierto que por lo regular nos causa mucha gracia observarlas, ésto mezclado con extrañeza, por supuesto. Y nos quedamos con la incógnita de lo que están haciendo.

En ocasiones nuestros amigos coreanos nos dicen: Ah, están buscando hierbas y no entran en mayor detalle. Y continuamos nuestro camino sin entender mucho y  sin tener una clara idea de lo que sucede allí.

Y bien, pues, es necesario aclarar que nunca dejaremos de sentirnos extranjeros así llevemos veinte años radicando en Corea y si no comprendemos la cultura en su totalidad nos será aún más difícil adaptarnos, por ello este artículo tiene por fin explicarnos los motivos de esta actividad que muchas personas realizan y qué es exactamente lo que buscan.

Primeramente hay que viajar a otros lares como España en donde aún se practica la búsqueda de espárragos trigueros en el monte. O a México, en donde hasta mediados del siglo XX se cosechaban los quelites, los cuales son unas hierbas que crecían de forma silvestre a orillas de las vías del tren. En otros países de América Latina también se frecuentan las expediciones a colinas y montañas en busca de hierbas y setas u hongos silvestres. Pues bien, en Corea tal vez esta búsqueda no precisa ser tan lejana a la ciudad, a grado tal que en cualquier jardín, parque o área verde es posible encontrar brotes y germinados y el equivalente a los quelites mexicanos: hierbas de todo tipo con sabores que van desde el amargor y la astringencia hasta la frescura y ese toquecillo herbáceo con aroma penetrante.

Muchos son los motivos por los cuales esta práctica sigue teniendo adeptos: las personas que lo realizan guardan aún costumbres originadas durante la posguerra, cuando el procurarse alimento era bastante dificultoso y la supervivencia y la comida diaria se aseguraban buscando los frutos silvestres que la tierra afortunadamente proveía de forma gratuita. También el medio ambiente coreano con su marcado cambio estacional aunado a una ardua conservación de las áreas verdes por parte del gobierno,  ha logrado que la riqueza natural de la tierra se conserve intacta y produzca flora comestible de forma silvestre, fenómeno que no sucede en otros países.

Pues bien, las señoras coreanas acuden a los jardines en búsqueda de hojas, semillas y raíces (todas son comestibles) de rábano picante o negi (냉이). En primavera es típico hervir los brotes de esta planta para preparar una sopa. Cosechan también dare (달래), una especie de cebolletas diminutas con las que preparan el pepino encurtido.

Los brotes de frijol de soya son otros productos muy codiciados por estas señoras, así como el gesosongnamu (ㄱㅔ소송나무)  que no es mas que un germinado de entre tantos que existen.

En los parques cortan castañas, bellotas y yuyubas o azufaifas. Son tantas las personas que lo realizan que algunas áreas naturales protegidas han impuesto reglas y multas para evitar que priven de los frutos a la fauna del lugar.

Las nueces de gingko son también bastante solicitadas tanto para prepararlas en viandas como para comerlas solas o tostadas al sartén. Estos frutos secos son famosos por favorecer el trabajo del sistema circulatorio.

Actualmente es posible adquirir muchos de estos productos en tiendas, mercados sobre ruedas y supermercados, sin embargo tanto por economía como por considerar que están seguras de que conocen tanto su provenencia y se aseguran de un uso mínimo de pesticidas y fertilizantes así como de manipulación genética, las ajummas continúan buscando estos vegetales en las áreas verdes (si vamos al super y vemos el total de la cuenta también nos dan ganas de hacerlo a nosotros).

Basta dar un paseo cerca de parques tan grandes como el de Montmarte, para observar una especie de termos cilíndricos con asa y forrados con tela en donde las pobladoras de Seúl resguardan sus cosechas mientras llegan a casa.

Por supuesto que la costumbre desaparecerá en unos cuantos lustros. Las vanidosas jovencitas que se preocupan por vestir al último grito de la moda y de ostentar unas uñas postizas impecables no están dispuestas a arruinarlas en prados y jardines. Es mucho más sencillo para ellas pagar un poco más pero obtenerlos con comodidad y presteza.

Es una buena experiencia cuando se tiene un tiempo de sobra el curiosear en los prados y jardines y tratar de encontrar o identificar las hierbas, brotes y frutos que colectan las señoras, o bien, durante la primavera que abundan ajummas que semejan hormiguitas laborando en las áreas verdes, acercarse a ellas con una gran sonrisa y actitud amigable y preguntarles si pueden compartir con nosotros lo que estan haciendo. Es un toque de color en nuestra vida que tal vez no podremos experimentar en otra parte.

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