Artesanías tarahumaras: cuando lo cotidiano se convierte en arte

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Por Montserrat Piñeiro 
Fotografía por Krosseel

Se dice que cuando lo cotidiano se vuelve único e irrepetible, deja de ser simplemente utilitario para volverse digno de un museo. Justo eso es lo que ha sucedido con las artesanías tarahumaras o rarámuris, las cuales son expresiones de una cultura viva, de un grupo étnico, uno de los más puros y conservados del continente americano.

Los rarámuris o tarahumaras habitan desde hace cientos de años en la parte de la Sierra Madre Occidental de México que atraviesa el estado de Chihuahua, el suroeste de Durango y una parte de Sonora. Existen varias versiones acerca de los dos nombres que con que se denomina a esta etnia, primeramente, rarámuri proviene de los vocablos rara: pie y muri: correr, así pues, rarámuri significa “planta corredora” o “de pies ligeros”, lo que hace alusión a una de las más antiguas tradiciones de este pueblo: correr. Por otro lado, se dice que la denominación “tarahumara” es la castellanización de la citada palabra rarámuri.

Los rarámuri o tarahumaras preservan su cultura como el más importante legado heredado de sus ancestros, por ello se dice que son la conciencia de la sierra. Su cultura y valores espirituales son el resultado de miles de años de lucha y vida, los cuales se llenan con su particular forma de existencia y el sentido de armonía en las relaciones humanas y con la naturaleza circundante; no los atrae la sociedad moderna ni sus avances tecnológicos. Algunas de las tradiciones tarahumaras están basadas en lo que aprendieron de los jesuitas durante los 150 años de colonización, mezclándose sutilmente con otras costumbres, ideas y rituales centenarios.

Su entorno consiste esencialmente en elevadas montañas, cañones, mesetas y profundísimas barrancas en donde pinos, árboles de la más diversa naturaleza, lagos y ríos son sus compañeros inseparables, marcando así los elementos de supervivencia que ellos fabrican con lo que les ha sido concedido por el ecosistema.

Sus artesanías son usualmente objetos de uso cotidiano o de empleo para ceremonias y rituales. En un principio éstas eran sólo producidas para su propio consumo, sin embargo, la actividad turística los ha empujado a compartir estas maravillas de diseños estilizados y geométricos con el mundo. Es tan amplia la variedad de objetos que fabrican, que para describirlos, es preciso clasificarlos en varios grupos, de acuerdo a su naturaleza:

Instrumentos musicales

Si los violines tarahumaras hablasen, nos describirían un arte derivado de los recursos más esenciales con los que cuenta esta población. Los llamados belorinis o raberis en lengua local, son utilizados, al igual que los tambores, en la mayoría de las fiestas religiosas y atestiguan la influencia europea mezclada con elementos locales y un toque de herencia africana.

Durante la época prehispánica los instrumentos de cuerda eran sumamente escasos, sin embargo, a partir de la conquista fueron ampliamente adoptados, en particular los violines, los cuales, después de ser incorporados por los artistas de la sierra, adquirieron las más diversas formas: alargadas, triangulares, redondas, cuadradas, acinturadas o anchas.

Algunos son decorados con pinturas que semejan máscaras y, otros, con cabezas o clavijeros, están labrados con aspectos zoomorfos. Utilizan fresno, olmo, tascate y distintas coníferas, ya sean oyameles, pinos o abetos como material base. El cuello o brazo es de manzanilla o fresno. Ciertos ejemplares se logran excavando una sola pieza de madera. En el resto de los casos, cada parte se pega con el líquido extraído del bulbo del lirio rakó. El color negro de los diapasones se logra tiñendo la madera. Asimismo, es de suma importancia mencionar que cada ejemplar sirve para ejecutar música de gran calidad y que nunca se limitan las piezas tarahumaras a ser puramente decorativas sino utilitarias en todo sentido.

Existen variedades de violines rarámuris que incluso han sido objetos de estudio en los campos del arte y la música internacional, tal es el caso de los llamados cuchara de madera que son construidos de forma desconcertante: son una especie de cucharas (como lo indica su nombre) excavadas con una tapa que se pega en el fondo; asimismo, los violines en forma de botella y violines cuneiformes, ambos elaborados con madera de quiote y estratégicamente cortados para mejorar la ejecución del sonido.

Fabrican también guitarras clásicas y guitarras sextas pascoleras, tambores de mano bimembranófonos, raspadores, maracas de madera, parihuelas triangulares y sonajas de pino, chaparques con madera de ocote (instrumento tradicional rarámuri), flautas de carrizo y chanevares con capullos de mariposa que se amarran a los tobillos para realizar danzas tradicionales.

Textiles

El traje típico de las mujeres es de una particular confección: toda su ropa es fabricada a mano, elaborada con algodón y decorada con dibujos florales, las faldas son largas y anchas, usan varias a la vez, una encima de la otra, sobre todo en la temporada invernal. Algunas faldas llevan más de doce metros de tela de distintos colores, además utilizan un chal que es el manto o papelino, de colores muy vistosos en especial de color rojo, al parecer porque los ayuda a distinguirse entre los matices serranos.

Durante los meses de invierno, las bajas temperaturas de la sierra obligan a los rarámuris a protegerse de manera más pronunciada, por lo que su vestimenta habitual se complementa con una gruesa cobija, a la que le dan el nombre de “quemaca”, la hacen de lana pura, con un tejido muy apretado y grueso y de color blanco o negro.
Además de estos elementos, propios de su indumentaria, los hombres son los encargados de confeccionar los otros textiles que se comercializan como cobijas (no sólo las tradicionales que ellos utilizan, sino que han ido desarrollando diversos modelos estéticos) y fajas de lana, regularmente decoradas con figuras geométricas. Ellos se distinguen por ser maravillosos tejedores de manos diestras.

Las bolsas de manta con bordados y las pulseras de hilo tejido han visto la luz de acuerdo a la demanda de los turistas.

Cestería

Lo particular de sus productos, elaborados con palma, palmilla, sotol o agujas de pino, es que siempre conservan su delicioso aroma, a pesar del paso de los años. Al abrir una de las delicadas piezas tejidas a mano, descubrimos que la esencia del material principal sigue presente.

Petates, canastas, guarés de uno o dos colores con forma de tortilleros, joyeros, platos, fruteros, jarrones o petacas de todos tamaños y de figuras cuadradas, rectangulares o circulares, con tapa o sin ella, abandonan su cotidianidad para convertirse en finísimos adornos distinguidos por su alta durabilidad.
Las angarillas de tres aros y angarillas circulares han también empezado a comercializarse con finalidad decorativa.

Alfarería

Los productos de barro o arcilla son trabajados regularmente por las manos femeninas, creando ollas o sikilis con amarres de correa y cuero estratégicamente dispuestos, formando figuras lineales sumamente estilizadas que compaginan perfectamente con estilos contemporáneos y minimalistas, resultando sumamente eclécticos. En general, las piezas son austeras: con colores negro, cobre, ladrillo, marrón y café. Las principales variantes de ollas son las tipo cacahuate, las pellizcadas, las tipo bola y tipo frijolera

Otros utensilios destinados también a preparar alimentos, a contener víveres y líquidos o a fungir como vajilla, tales como platos, vasos, comales, jarros, tazas y cajetes, sintetizan los elementos naturales o sociales, tamizados por la vista, el sentir y la creatividad del artista.  Los rarámuris no conciben a la naturaleza como proveedora de materias primas, sino como fuente inagotable de inspiración; asimismo se hace evidente la recreación plástica de sus costumbres y tradiciones como tema recurrente. Los elementos que la propia sierra proporciona a sus habitantes son transformados con sus manos en hermosos y prácticos objetos.

Carpintería

Asignada a los hombres, la tarea del tallado no sólo incluye los arriba mencionados violines sino que se extiende a una gran variedad de objetos como arcos, bateas, cucharas, escaleras de gran tamaño o de juguete, figuras diversas y las tradicionales bolas, las cuales se amarran a los pies y van pateando a lo largo de un sendero rocoso en las llamadas carreras rarajipari. Las bolas, para ser funcionales son elaboradas con madera de encino, madrono o tascate.

Juguetes

Los juguetes tarahumaras y las miniaturas ayudan en la transmisión de conocimientos y valores del grupo a los niños, garantizando la continuidad de la costumbre. Se fabrican carros y muñecas de madera, tela o barro. Igualmente la modernidad no los ha dejado escapar, por lo cual los aviones ya forman parte del repertorio de diseños.

En resumen, la artesanía tarahumara o rarámuri se define como tantas otras del mundo: con la vocación, la mirada, la memoria, la curiosidad sobre materiales y técnicas. Es un trabajo que llena de alegría al que lo lleva a cabo, que es un orgullo, una terapia y un medio de comunicación.

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