El bilingüismo paraguayo: una situación única en América Latina

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Paraguay“El guaraní dejará de hablarse únicamente si su capacidad de adaptación a la contemporaneidad se agota”.

Por Montserrat Piñeiro

Es necesario precisar sobre el título de este artículo, en donde tuvimos que usar un vocabulario entendible para el público general: el término bilingüe se utiliza para hablar de las personas o territorios en los que se hablan dos lenguas indistintamente, en cambio, al fenómeno que se da en las comunidades en las que coexisten dos idiomas pero uno tiene más prestigio que otro se le llama diglosia, como es el caso de Paraguay.    En este país el español y el guaraní conviven día a día en diferentes ámbitos. Nos encontramos ante el único caso de este tipo en Hispanoamérica, en el que la lengua aborigen no fue desplazada por el idioma de los conquistadores.

Hablemos sobre el guaraní

El guaraní es la única lengua indígena hablada por la mayoría de una población no aborigen, y es la primera lengua amerindia que accedió al estatuto de idioma oficial de Estado en el continente americano.

Se dice que la esencia humana radica en la palabra y el guaraní no lo es menos que otros idiomas. Además, y visto que los recursos del pasado se convierten en energía para el porvenir, el dominio de dos lenguas de los nacionales paraguayos puede convertirse en una gran fortaleza para el siglo XXI si se sabe aprovechar, organizar y alfabetizar debidamente. La riqueza literaria oral paraguaya, que incluye leyendas, mitos, fábulas y refranes, que trasmite una realidad concebida en guaraní, es un bien cultural incomparable.

Aún en nuestros días se vislumbra que la lengua guaraní tiene mucho camino por recorrer de la mano de la cultura paraguaya ya que conserva su fuerza creativa interior, existe una literatura clara y accesible en este idioma y sigue siendo el instrumento de expresión de sentimientos colectivos.

El guaraní dejará de hablarse únicamente si su capacidad de adaptación a la contemporaneidad se agota, si no le es posible expresar la realidad actual y las características exclusivas del pueblo paraguayo que aún tiene cimentos en su pasado ancestral.

La convivencia de dos lenguas

Desde el período colonial el español fue la lengua de prestigio en el país, se usaba en documentos oficiales y en asuntos gubernamentales, mientras que el guaraní se usaba en la vida diaria. El detalle de la conservación de la lengua local tiene mucho que ver con la labor de los jesuitas que llegaron para evangelizar en esa época. Como sabemos, estos religiosos se han caracterizado siempre por cultivar y conservar la riqueza cultural y ésta no fue la excepción. Los monjes fomentaron el guaraní como idioma literario y lo usaron también para enseñar a los indígenas a leer y escribir.

El guaraní de las misiones era un idioma aborigen de un nuevo modelo de sociedad. Después de la expulsión jesuita desapareció el patrón social que crearon pero se conservaron documentos y literatura en guaraní generados bajo su influencia. Y es éste uno de los pilares más fuertes sobre los que se desarrolló la conservación de la lengua originaria en la sociedad paraguaya de la modernidad.

Actualmente el español es el idioma que posee mayor prestigio en Paraguay debido a que su dominio es indispensable para las relaciones internacionales, estudios universitarios y para tener una buena inserción social. Pero por su parte, el guaraní significa orgullo y lealtad lingüística para los nacionales, llegándose a concibirse como un indicador de la nacionalidad paraguaya.

Como es fácil de imaginar, el guaraní se habla mayoritariamente en la provincia, mientras que el español se utiliza con mayor frecuencia en las áreas urbanas.

Contra las teorías más comunes de la coexistencia de lenguas en un mismo territorio, en Paraguay ninguna de las lenguas hizo desaparecer a la otra y tampoco se formó un tercer idioma, producto de la mezcla de ambas. Lo que sucede más bien es el fenómeno de cambio de código, o lo que es lo mismo, alternar ambas lenguas mientras se habla.

Igualmente, a fuerza de convivir, ambos idiomas se han interferido en estructura gramatical, pronunciación y léxico y han originado los llamados continuums, los cuales son variedades informales de ambas lenguas. El guaraní, por ejemplo, posee hispanismos como sevói (cebolla), asuka (azúcar) y aramiro (almidón).

Mientras que en español existen partículas guaraníes como: na (por favor),  pa (partícula interrogativa), gua’u (ficticiamente). Así como vocablos prestados: ñembotavy (hacerse el desentendido), mbarete (poderoso) y oparei (final intrascendente).

También se presentan fenómenos de sustitución como el uso del diminutivo en vez de los castellanos -illo o -cillo, como es el caso del nombre Jose’i en lugar de Josecillo.

Hay también palabras o frases mixtas en donde conviven elementos de ambas lenguas, por ejemplo: pila’i significa débil o desganado y proviene del uso generalizado de la radio a transistores entre los campesinos.

El jopará o yopará es una variante del guaraní paraguayo que mezcla el español en su estructura y es el registro más usado en las zonas urbanas. Muchos escritores populares usan el yopará como un recurso poético. También goza de aceptación en los medios populares.

Raramente se encuentra a un paraguayo que sea bilingüe coordinado, en su mayoría poseen un bilingüismo incipiente o subordinado. Y como hemos dicho, aquellos que viven en las ciudades tienen, como es de suponerse, mayor conocimiento del español, mientras que en el campo, el guaraní es el rey

La vigencia del bilingüismo paraguayo marca la originalidad de aquel país. Paraguay se destaca en el universo latinoamericano con una identidad delineada por un proceso de asimilaciones mutuas entre conquistadores y aborígenes.

Montserrat Piñeiro Guerrero

Poseedora de nacionalidades mexicana y española, y plenamente identificada con ambas culturas. Licenciada en Gastronomía por la Universidad del Claustro de Sor Juana, fue acreedora de una beca para cursar una especialización en Gestión y marketing hoteleros en el Liceo Hotelero de Monte-Carlo. Realizó una maestría en la Universidad de ciencias sociales en la facultad de Ciencias Políticas en Toulouse, Francia y regresó a México para colaborar en revistas como Protocolo, Catadores, Suite01, Mujer ejecutiva, A pie y Clubest. Su pasión por escribir la combinó con su profesión de gastrónoma, participando en proyectos en los que arte, gastronomía, economía y administración se conjugaban, experiencias que la trajeron por motivos laborales a Corea donde conoció a su esposo. A mediano plazo su sueño es ser directora de uno de los Global Village Center.

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