El mestizaje en Uruguay

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Uruguay“Entre los siglos XVII y XIX fueron precisamente los artesanos y peones africanos quienes trabajaron para sacar adelante la economía local. Ocupando el papel de soldados, defendieron la independencia de la nación frente a Gran Bretaña y a Brasil”.

Por Montserrat Piñeiro

El Uruguay criollo-mestizo-indio-negro-mulato existe, podríamos decir que es un país de sabores y colores. Bien encontramos personas de cabello rojo y ojos azules con apellidos italianos como personas de rasgos mulatos, con hermosos labios gruesos, cabello ensortijado y piel de color ébano.

A través de la historia, individuos de las más diversas nacionalidades (principalmente europeas y africanas) desembarcaron en este tramo del cono sur y fueron integrándose con los aborígenes del lugar, fue tal la cantidad de llegados que prácticamente volcaron al país hacia una identidad completamente nueva que con el paso del tiempo los descendientes fueron aceptando como propia. Todo ello desembocó en un sentido de pertenencia particular al identificarse gran parte de la población como afro-uruguaya o italo-uruguaya, poseyendo una doble identidad que para algunos extranjeros es difícil de comprender. Y es que sí… no se es sólo uruguayo por haber nacido allí, la historia y la herencia se conservan: las recetas italianas de la abuela, los ritmos y los bailes africanos, algunos vocablos que usaban los ancestros como nonna o mamma…

Los colonos españoles e italianos arribaron a este territorio sudamericano mayormente en los siglos XIX y XX.  Les siguieron alemanes, galos –principalmente vascofranceses-, y portugueses. No podían faltar los desafortunados africanos que traían para realizar duros trabajos en calidad de esclavos. Así, el mosaico racial-cultural de Uruguay se amplió y se reflejará durante varios siglos en su idiosincrasia. Echemos un ojo a la historia para conocer más del fenómeno acaecido.

Los afro-uruguayos

El papel de los africanos en el desarrollo de Uruguay fue muy importante, la cultura, la economía y la sociedad fueron impulsadas de manera significativa por personas de esta raza (aunque no existe un reconocimiento explícito para ellos).

Entre los siglos XVII y XIX fueron precisamente los artesanos y peones africanos quienes trabajaron para sacar adelante la economía local. Ocupando el papel de soldados, defendieron la independencia de la nación frente a Gran Bretaña y a Brasil. Se suma a esto que las artes, la música y las letras creadas por manos afro-uruguayas han hecho las delicias de sus connacionales desde la época de la colonia hasta nuestros días. La creación literaria de los afro-uruguayos se distingue por poseer un sabor exquisito que la ha hecho acreedora de premios y reconocimientos. He ahí Pilar Barrios, Jimmy Santos y varias decenas de personajes.

Durante la colonia española, Buenos Aires (en Argentina), recibía miles y miles de esclavos africanos, quienes después de aprobar la inspección sanitaria correspondiente, eran  enviados a varios puntos de América del Sur. A diferencia de países como Perú y México, en donde abundaba mano de obra nativa, Uruguay tenía una baja densidad de población originaria, por lo que fue considerable la cantidad de esclavos traídos a este punto del continente tanto para laborar en las minas como para fungir como sirvientes, constructores y para realizar en general, toda clase de trabajo que era menospreciado por los conquistadores.

Por supuesto, la memoria de estos individuos, venidos desde tan lejos, no se ha difuminado. El carnaval uruguayo conserva varios aspectos del folclor africano, de los cuales el más significativo sea tal vez el candombé o candomblé, al que se relaciona con otras formas musicales de América del Sur como el son cubano, la tumba, el maracatú brasileño y las congadas, y que tuvo su origen en las procesiones ceremoniales de los “Reyes del Congo” de la época colonial.

En el pasado, para practicar el candombé, los afro-uruguayos fabricaban sus propios instrumentos, inspirados en los de sus ancestros. Utilizaban barricas de azúcar y palmera pindo para elaborar las piezas musicales. La tradición no se ha transmitido a las nuevas generaciones, sin embargo, en la época carnavalesca se reproducen los sonidos ancestrales y se materializan los movimientos mulatos.

Actualmente poco más del 9% de la población uruguaya reconoce tener antepasados africanos, mientras que alrededor del 6% de la misma muestra, son mulatos. En los rasgos de cada persona que observamos en las calles podemos adivinar si alguno de sus abuelos o bisabuelos fueron de raza africana. Hay mujeres de grandes caderas, de cuerpos macizos y cabello ondulado que guardan ese aire tropical.

¿En dónde están los indígenas?

En regiones como Tacuarembó, al noreste uruguayo, se localiza casi el 20% de población indígena del país. Cerro Lago, una zona cercana, muestra también una línea de sangre indígena muy marcada entre los habitantes actuales.

Globalmente, en base al análisis de ADN, sólo un 10% del total de los habitantes  del país del pionono guarda sangre indígena.

Lluvia de italianos

Los ligures y genoveses fueron los primeros italianos que escogieron Uruguay como su nuevo hogar, se trataba de trabajadores de barcos mercantes transoceánicos que  tocaban tierra americana y decidían no volver más a la bota itálica.

Desde 1870 y hasta 1960, los italianos de origen piamontés y lombardo formaron también el esqueleto de lo que hoy se conoce como el pueblo uruguayo. Junto a los descendientes de españoles que ya estaban establecidos, los amantes de la salsa pomodoro la trajeron hasta estas tierras para quedarse. Artesanos, comerciantes, constructores y agricultores eran en su mayoría los que venían a buscar fortuna a este lado del mundo.

La arquitectura y la gastronomía locales no escaparon a la influencia de los migrantes, y es que la pasta y las pizzas no precisan ingredientes autóctonos italianos y les es fácil echar raíces en cualquier parte.

Como es esperado, sucedió una “italianización” de la sociedad en varios sentidos,  incluso en el lenguaje, generando un dialecto llamado lunfardo, que se cree deriva de la palabra “lumbarda”, que hace referencia a Lombardía.

En 1942 se decretó como obligatoria la enseñanza de la lengua italiana en los institutos o secundarias y no fue hasta sino 2006 que dicha norma fue cancelada, generando descontento entre gran parte de la población.

Pues bien, quien tiene la fortuna de desplazarse a Uruguay para echar un vistazo, se sentirá por momentos en una ciudad italiana pero la realidad regresará a su mente cuando encuentre que siguen latentes las raíces de otras razas que constituyen el arcoíris uruguayo de rostros  y cuerpos.

Montserrat Piñeiro Guerrero

Poseedora de nacionalidades mexicana y española, y plenamente identificada con ambas culturas. Licenciada en Gastronomía por la Universidad del Claustro de Sor Juana, fue acreedora de una beca para cursar una especialización en Gestión y marketing hoteleros en el Liceo Hotelero de Monte-Carlo. Realizó una maestría en la Universidad de ciencias sociales en la facultad de Ciencias Políticas en Toulouse, Francia y regresó a México para colaborar en revistas como Protocolo, Catadores, Suite01, Mujer ejecutiva, A pie y Clubest. Su pasión por escribir la combinó con su profesión de gastrónoma, participando en proyectos en los que arte, gastronomía, economía y administración se conjugaban, experiencias que la trajeron por motivos laborales a Corea donde conoció a su esposo. A mediano plazo su sueño es ser directora de uno de los Global Village Center.

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