Hwaseong, una fortaleza con bases científicas

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suwon

“En una mezcla de valle y terreno accidentado, cientos de personas trabajaron durante dos años y medio para levantar una muralla cuya construcción se regía por el Sihlhak”.

Por Montserrat Piñeiro
Fotografía por Jason Reibold.

En 1794 se colocaron las primeras piedras de lo que es hoy el atractivo turístico número uno de la provincia de Gyeonggi-do. En aquel tiempo el rey Jeong Jo nunca imaginó que a finales del siglo XX su obra sería reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Muchas fueron las razones que ocasionaron la construcción de dicha fortaleza: manifestar el amor filial del rey para con su fallecido padre, al tiempo que trasladaba la tumba del mismo desde Yangju hasta el Monte Paldalsan; cumplir con funciones comerciales y militares y levantar una ciudad nueva que controlase su propio poder económico. Algunas teorías indican que el monarca realmente deseaba trasladar la capital del reino a Suwon para conectar Seúl con el Mar Amarillo y por ello también dio facilidades a la población para trasladar su residencia hasta allí, cancelando el pago de impuestos durante diez años para quien lo hiciese y creando centros de educación de manera abundante.

En una mezcla de valle y terreno accidentado, cientos de personas trabajaron durante dos años y medio para levantar una muralla cuya construcción se regía por el Sihlhak, –conjunto de conocimientos prácticos confucianistas-, en base a lo cual se utilizaron grúas y poleas (llamadas geojunggi) y se obedeció el uso de la ciencia y la industria como lo indicaba el principio que conducía la actividad. Nótese que fue el uso de las mencionadas herramientas mecánicas lo que redujo considerablemente el tiempo de construcción que se calcula en unas 700.000 horas-hombre.

Un dato curioso es que los trabajadores recibieron como pago costales de arroz, sí, y no es necesario asombrarse de que no hayan recibido dinero ya que normalmente al trabajar para el gobierno sus servicios eran considerados una obligación para con el rey, sin embargo, en base a la filosofia que presidía los procedimientos de la obra, la remuneración debía llevarse a cabo.

¿Cómo? ¿Quiénes?

Piedras, ladrillos (jeondol) y madera se barajaron para lograr parapetos almenados con aspilleras, desagües y bastiones, en una combinación de diseños chinos y coreanos para la construcción de fuertes, incorporando la ciencia contemporánea a su planeación.

Los archivos de la construcción de la fortaleza, cuyo nombre en coreano romanizado es Hwaseong Seongyeok Uigwe, muestran cuán impecablemente estructurado estaba el proyecto, ya que no se olvidó considerar detalle alguno al programar su edificación: horarios, presupuesto, requerimientos de mano de obra, copias de planos, materiales a utilizar, métodos arquitectónicos, salarios, supervisores y órdenes reales. Los diez volúmenes que conforman dicho documento fueron dados a conocer al público en 1801.
Cuarenta y un instalaciones fueron situadas a lo largo del perímetro de la muralla, al igual que cuatro puertas cardinales. La puerta del norte es conocida como Janganmun, el portal del sur como Paldalmun, la que está situada en el este es Changnyongmun y la del lado oeste se bautizó como Hwaseomun. El adicionar puertas que coincidan con los puntos básicos de un mapa coincide con el diseño de otras fortalezas coreanas como la seulita.

Chae Jae-gong, magistrado de Yeongjungchubu y antiguo ministro, estuvo a cargo de dirigir la edificación, que consta de más 5.52 kilómetros de longitud y que es considerada una de las escasas fortalezas en el mundo erigida con bases estrictamente científicas. Durante la construcción del monumento se siguieron los consejos de Yu Hyeong-Won y Jeong Yak-Yong, importantísimos eruditos de la época.

Como en toda planeación de sistemas de defensa, cada detalle fue minuciosamente considerado e incluido en la estructura. Lo importante para nuestros lectores, más que la funcionalidad de cada elemento es sin duda, el nombre recibido por cada uno en coreano. Así, mencionaremos los sistemas que formaron parte de la fortaleza: ammum o puertas secretas; plataformas para los guardias que custodiaban las entradas, llamadas jeokdae; dos torres de observación estratégica o gongsimdon; un par de puestos de mando conocidos como jangdae; una pareja de nodae que no son sino lanzadores múltiples de flechas; cinco bastiones de armas de fuego cuyo nombre coreano es posa; nueve bastiones o chi; cinco torres de centinela o poru; cuatro torres en ángulo o gangnu y una torre almenara o bongdon. Muchas son las fortalezas que no comparten una cantidad tan amplia de instalaciones militares como lo hace la construcción dedicada al rey Sado.

Varios estudios concluyen que al planear a la edificación del fuerte se hizo de forma tan estratégica que un riachuelo atraviesa la muralla. En los puntos en los que éste se encuentra con los muros, se construyeron siete sumuns o compuertas en forma de arco, sobre los cuales se levanta un pabellón. La inclusión del río dentro de la ciudad tenía por finalidad, por supuesto, garantizar el abastecimiento de agua aunque hay quienes siguiendo la moda del feng shui, afirman que también tenia motivos de esta disciplina respecto a cuestiones de energía.

La fortaleza de forma elíptica cobija el centro de la urbe y a pesar de que ya no cumple con su función original de defensa, las estructuras tienen una armonía arquitectónica que le hacen fungir como un atractivo turístico que beneficia económicamente a comercios y habitantes del lugar.

Destrucción-reconstrucción, parte de la historia

Si bien las murallas están diseñadas para guarecer ciudades y poblaciones, no son totalmente inaflibles y debido a que el hombre inventa artefactos para vencer estas barreras, inevitablemente toda fortificación a lo largo de su historia sufre grandes daños, Hwaseong no fue la excepción y durante la Guerra de Corea muchas de sus porciones fueron destruidas. Fue restaurada en 1975 y los trabajos culminaron hasta 1976.

El área comprendida desde el portal Paldalmun a la puerta Dongnamgangnu, un espacio de 491 metros, aún no ha sido restaurado, lo cual en parte es benéfico ya que permite observar lo sucedido con el resto de la construcción en aquella época, funge como una pieza de museo al aire libre.

Una vez que Corea del Sur se empezaba a recuperar de los daños de guerra, el fuerte fue designado Monumento Histórico número 3 en 1963. Pero su paz no duró mucho tiempo ya que el 1 de mayo de 2006 un incendiario destruyó el primer nivel de la torre Sojangdae al prenderle fuego. El gobierno se dio prisa con la restauración y fue culminada en 2007.

En nuestros días son cientos de visitantes los que se desplazan hasta el sur de Seúl los fines de semana para gozar de esta joya histórica. Pero más que observar y caminar alrededor de su perímetro, es necesario investigar, leer y estudiar todo sobre su historia, la cual guarda muchos detalles que asombrarían a cualquier persona sea cual sea la disciplina de su interés.

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