Piratas del Caribe… y no es la película

Share Button

Caribe“Los ataques piratas finalmente dieron frutos para Inglaterra, quien desbancó a tiempo a España del primer puesto que ocupaba como potencia naval”.

Por Athina Han y Javier Molina

Lejos de las películas taquilleras e historietas de aventura llenas de color y heroísmo, la piratería histórica fue una actividad con trasfondo netamente político: apasionante, dinámica y secretista. Fue un conjunto de operaciones que, para el gobierno de países colonialistas como Holanda, Inglaterra y España, significaba control y poder.

¿Por qué fue el Caribe una escena recurrente para la piratería?

Después de la conquista de América y de descubrir el secreto que los españoles habían guardado celosamente respecto a la riqueza en oro que existía en el Nuevo Mundo, los despachos oficiales de países europeos se comenzaron a interesar en el rumor de “El Dorado” y buscaron maneras poco honestas de apropiarse de ese abundante botín: asaltar barcos; raptar a personajes trascendentes para solicitar una recompensa por su liberación; asesinar a toda una tripulación y saquear las bodegas de lo navíos fueron prácticas comunes, todas bien vistas por las cortes europeas de aquel tiempo, ya que significaba enriquecimiento y gloria para país al cual pertenecía el pirata en cuestión ¾no en vano corsarios como Francis Drake y Henry Morgan recibieron el título de Sir por parte de la corona inglesa¾.

Filibusteros franceses al acecho

El secreto de las rutas hacia el Nuevo Mundo estuvo reservado por España hasta 1521, cuando su sigilo caería en manos del corsario francés Jean Florin, quien apresó cerca de las Islas Azores a tres galeones ibéricos que transportaban piedras preciosas y oro. Con ese suceso “El Dorado” dejó de ser una leyenda para convertirse en una codiciada realidad.

Al inicio de esta lucha marina entre naciones, los piratas acecharon las embarcaciones ibéricas en aguas de Canarias, Cabo Verde y Azores, debido a que desconocían la ruta hacia el nuevo continente. Tras la inevitable previsión de los hispanos, los galos comenzaron a secuestrar a reconocidos capitanes del reino católico, con el fin de obligarlos a indicarles el camino a la fuente de la riqueza ¾Francisco I de Francia, quien mantenía una guerra con los Reyes Católicos, llegó a ofrecer patentes de corso a todo osado que estuviese dispuesto a atacar a los españoles¾.

Holanda e Inglaterra también juegan

Carlos V de España capturó en 1527 a Jean Florin y, como castigo ejemplar para todos los corsarios, lo mandó a ahorcar. Sin embargo, la ruta hacia América ya había sido descubierta y al siguiente año Francia arribaba a las costas del Nuevo Mundo. Fue entonces cuando se desató la piratería de forma masiva en la zona caribeña.

Los ingleses llegaron justo después de los galos: iniciando como contrabandistas y rematando como piratas. Luego, a finales del siglo XVI, los holandeses fueron en busca de sal, gracias a un veto a dicho producto establecido por Felipe II.

Para 1630 el Caribe era ya del total dominio de los corsarios: abundaban las violaciones, los asesinatos, secuestros, abordajes e invasiones a ciudades. El centro de operaciones se encontraba establecido en la Isla de la Tortuga, al noroeste de lo que hoy se conoce como República Dominicana y Haití, en aquellos tiempos llamada La Española. Fue ahí donde tuvo su origen la llamada “Cofradía de los hermanos de la costa”, una asociación de bucaneros que estableció leyes orales que fomentaban la libertad de su propia sociedad. Sus principales enemigos eran los españoles, a quienes saqueaban por agua y tierra.

Los ataques piratas finalmente dieron frutos para Inglaterra, quien desbancó a tiempo a España del primer puesto que ocupaba como potencia naval. El desarrollo de España fue entonces frenado, y esto le impidió aventajar económicamente a otras potencias europeas.

Una vez logrado este éxito, ingleses, galos y holandeses decidieron luchar contra su antigua aliada: la “Cofradía de los hermanos de la costa”, que era la más temida y sólida de aquellos tiempos. En 1655, un grupo de corsarios ingleses, manejado por el gobierno de dicho país, se apoderó de Jamaica, fundó Port Royal, e invitaron a todo pirata inglés a instalarse en esta nueva ciudad, generando la primera división y consecuente rivalidad entre bucaneros franceses e ingleses.

A partir de la misma fecha, Bertrand d’Oregon, antiguo pirata, fue nombrado por Luis XIV gobernador de La Tortuga. El objetivo de este nombramiento fue crear una colonia francesa en América, por lo que en menos de dos años fueron traídas dos mil personas para cultivar cacao, maíz, tabaco, cochinilla y café, y para realizar actividades mineras y ganaderas. Adicionalmente para “calmar las aguas” entre los piratas y distraerlos de sus actividades, alrededor de cien mujeres de origen europeo fueron traídas a la isla, se trataba naturalmente de mujeres carentes de educación y elegancia: presas, prostitutas y ladronas, cuya personalidad coincidía con la de los corsarios. Sin embargo, estas nuevas familias, constituidas por piratas y mujeres de vida poco respetable, tuvieron una evolución provocada por condiciones favorables gracias al comercio ventajoso y como por arte de magia, en unas décadas se convirtieron en burgueses.

En 1667 el noroeste de La Española se constituyó por todas las de la ley como colonia francesa y recibió el nombre de Saint Domingue. La nueva influencia política se hizo notar a grado tal que después de un ataque a la ciudad de Veracruz ¾perteneciente a la colonia española¾, el gobierno francés prohibió a los piratas hacerse a la mar a riesgo de ser castigados, orden que fue acatada sin miramientos.

A la muerte de Carlos II de España, el rey designó a un Borbón, nieto de Luis XIV (Duque de Anjou), como su sucesor. Felipe V reinó en España y ambas naciones mantuvieron una paz inquebrantable. Los piratas, con esta nueva política exterior, perdieron la protección real y los que no desistieron, fueron perseguidos y expulsados por ambos países. Así, Du Casse, el corsario francés, terminó protegiendo los galeones españoles en su ruta de regreso.

La paz reinante entre los gobiernos europeos a finales del XVII fue más estable y los piratas innecesarios. Las armadas reales obedecieron treguas y pactos, pero el corso que navegaba bajo un pabellón siguió ejerciendo de pirata. Así, un aliado en tiempo de guerra llegó a convertirse en un quebradero de cabeza en época de paz, pues sus actos se volvieron injustificables.

Fue así de intrincada e interesante la historia de la piratería en América, la cual se centró dentro de un país hispanoparlante: República Dominicana. En la historia de esta nación pueden encontrarse interesantes relatos acerca de esta actividad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *