Tendencias cafetaleras

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cafe“Perú tiene guardado uno de sus mejores secretos: café certificado por “Rainforest Alliance”, que crece en las montañas del Amazonas.”

Por Montserrat Piñeiro

Ahora para pedir un café es necesario tener nociones de geografía, saber de historia, química, biología, y de notas aromáticas. En nuestros días es importante conocer cómo “maridar” un café con alimentos y con licores, conocer la precisión del molido del grano para cada tipo de bebida y dominar una serie de términos propios del ramo.

El mundo cafetalero es un universo de sensaciones que deleita el olfato, acaricia el paladar y embelesa el tacto. Al igual que el vino, el café tiene matices, notas, dejos, bouquet, densidad, acidez y amargor.

Aunque durante varios años a los profesionales del ramo no se les dio la importancia que merecían, ahora los ojos de los consumidores les compensan todo ese tiempo de olvido, siendo partícipes de eventos que convocan a aficionados y conocedores unidos por una pasión.

En Coffee Expo Seoul 2014 hubo una simbiosis de países, granos y mezclas que nos permitió descubrir todo lo que tienen para ofrecernos las diversas naciones productoras de la materia prima con la que se elabora la bebida típica de la sobremesa.

Como colofón de esta exposición demos un breve paseo por España, América Latina y Corea y recordemos algunos datos de interés.

El café en América Latina

El café es uno de los símbolos de identidad de Latinoamerica, tal vez detrás del maíz, del frijol y de la patata. El grano del cafeto de dicho origen es un producto de consumo local y de exportación que ostenta una calidad excepcional. Debido a los microclimas en los que se desarrolla su cultivo, los granos guardan características organolépticas distintivas que alcanzan su clímax al recibir el calor del proceso de tostado.

No sólo México, Colombia y Brasil producen excelentes cafés, si bien son los líderes, Ecuador produce la variedad arábica en la región de Loja (a 1.900 metros de altitud), en los Andes, donde existen las mejores condiciones climáticas para el cultivo y secado al sol del grano. Panamá, en sus zonas montañosas, muy cerca de la frontera con Costa Rica, cuenta con vientos del norte, es ahí (a 1.500 metros de altura) donde plantaciones de crecimiento lento producen un excelente grano.

Costa Rica, por su parte, con el tarrazú ostenta, clasificado por los expertos, uno de los mejores cafés del mundo, debido a su equilibro gustativo.

Perú tiene guardado uno de sus mejores secretos: café certificado por “Rainforest Alliance“, que crece en las montañas del Amazonas. Se trata de un grano de sabor robusto y con personalidad particular.

Guatemala cuenta también con zonas cafetaleras en su territorio sur y la región que rodea Antigua. Con tierras volcánicas ha sido la cuna de maravillosos cafetos que producen la variedad arábica.

La cultura del café en Corea

En la tierra de las mañanas tranquilas el café llegó para quedarse. A pesar de que los occidentales que no han visitado Corea tienen la certeza de que el té es la bebida estrella, el oro negro empezó como una moda, pero ha logrado enamorar a quien lo bebe.

Con leche, largo, cortado, aromatizado, frío o caliente, para llevar o para tomarlo durante horas, el café en Corea ha sido acreedor de que se le construyan santuarios llamados cafeterías ya sea en forma de franquicias o de locales independientes. Ahí los adoradores de la bebida acuden solos o en grupo para mitigar la sed en el verano o para reconfortarse mientras olvidan por momentos la crudeza del invierno.

Corea consume al año un millón seiscientos mil sacos de café de todas las procedencias del mundo. Y aunque la tendencia es el consumo de café soluble (en casa), el café en grano va en ascenso en el gusto de los amantes de la bebida.

 El pueblo coreano se distingue por llevar todo a su mejor nivel y a su máxima expresión, así que en pocos años veremos qué han inventado para maximizar el placer cafetero.

El café en España

En la antigua Hispania, al igual que en América Latina, el café forma parte de la cultura. A grado que concertamos una cita diciendo: “a ver cuándo nos tomamos un café”, aunque ese encuentro quizá nunca tenga lugar.

Sol y sombra, puchero, nube, bombón, suspiro, tizón, asiático, ebaki… el café recibe muchos nombres en España, de acuerdo con su preparación. Los italianismos apenas ahora empiezan a filtrarse (aunque es para dudarse que el espresso machiatto llegue a desbancar al cortado).

Y aunque ese café de molido medio que se hervía en la mañana y se bebía en un vaso o taza cualquiera para ayudar a avivar la mente se haya transformado en un brebaje que ahora se presente en cápsulas dosificadas, y se sirva en tazas de diseño vanguardista, los nacionales lo siguen amando y la fidelidad no se difumina.

El fenómeno llamativo en la actualidad española es que las cifras de consumo se están elevando en casa y estancándose en los comercios. Posiblemente el punto central de este cambio se deba a la nueva maquinaria casera que con rapidez y precisión nos provee de una bebida de calidad, como si estuviese hecha por un experto.

Aunque lo cierto es que sentarse en la barra, pedir una media luna o unos churros y un “cortao” para algunos de nosotros es toda una institución.

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