Melina Jung: Beneficios y dificultades de la dualidad

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melina1“Esta nueva generación multicultural puede servir de puente entre Corea y otros países… [en un mundo globalizado] el entendimiento mutuo es imprescindible.”

 Por Montserrat Piñeiro
Fotografías por Melina Jung

La dualidad por nacimiento se lleva en el físico, en la mente y en el espíritu. Muchos son los que no logran entender la dualidad existente en una persona, por supuesto, es complejo y rebuscado. Entender dos mundos, hablar dos lenguas y más aún, saber guardar la compostura de acuerdo al contexto en el que nos encontramos. Una persona bicultural tiene en la mente dos filosofías y no puede evitar, desde la infancia, observar una situación en sus dos facetas, ver las dos caras de la moneda, mientras quienes le rodean sólo pueden ver una. Melina Jung, ha vivido poco más de dos décadas en dos países y en husos horarios prácticamente opuestos. Su vida no ha sido exactamente sencilla y gracias precisamente a ello se encuentra ahora preparada para mostrar que lo que muchos concibieron algún tiempo como debilidad o defecto, ha evolucionado en fuerza y poder con los que enfrentará el cada vez más competitivo siglo XXI. Melina tiene mucho que decirnos, escuchémosle:

Sabemos que eres una chica bicultural, tienes nacionalidades argentina y coreana. ¿Cómo ha influido esto positiva y negativamente en tu vida? ¿Qué experiencias has tenido?

La ventaja de tener dos identidades es que puedes apreciar el mundo con un punto de vista más amplio. Sabes lo que hay fuera, sabes que existe un universo distinto. Y por eso es posible ver más allá de la frontera del país en el que vives. Pero naturalmente, también tiene sus problemas. Es muy difícil ser parte de un lugar en concreto. En Corea me consideran más o menos extranjera. Y, en Argentina me consideran coreana. Una vez en la secundaria aquí, en Corea, estaba contándole a una amiga sobre las dudas que tenía acerca de Corea y porqué algunas cosas me parecían irrazonables. Y ella, indignada, me dijo: “Si tienes tantos problemas con Corea, pues vete a tu país”. Yo me quedé sorprendida porque Corea también era mi país, pero era claro que mis compañeras no pensaban lo mismo.

¿Durante cuántos años viviste en Argentina y cuántos años has vivido en Corea?

En Argentina viví desde 1993 hasta el 2005 y desde mediados del 2005 me mudé a Corea.

¿Qué es lo que más aprecias de cada uno de tus países?

De Argentina, la libertad. Argentina es un país en donde puedes hacer lo que quieras siempre y cuando no interrumpas la libertad del otro. “La libertad de uno termina cuando comienza la del otro”, decía mi maestra de la primaria. Por lo que las relaciones entre las personas son más horizontales que aquí. Yo soy una persona bastante independiente y me gusta que me respeten mi territorio. En cuanto a Corea, las personas suelen interesarse mucho en ti, hasta es un poco molesto a veces. Sin embargo, la gente suele tenerse más afecto y las relaciones son más estrechas. Los dos países tienen una manera diferente para relacionarse. Cada uno tiene sus pros y contras pero aprecio las dos.

¿Cómo has aprovechado tu doble nacionalidad?

Mi doble identidad me ha permitido manejar dos lenguas maternas. Yo he aprovechado este aspecto en los estudios. Actualmente estoy en la Universidad Hanguk de Estudios Extranjeros y planeo hacer el posgrado en literatura latinoamericana. Como pertenezco a ambos pueblos, puedo ser intermediaria en cualquier campo. Desde pequeña me ha encantado leer, así que decidí introducir la literatura latinoamericana aquí y me gustaría también dar a conocer escritores coreanos.

¿Qué consejo les darías a las personas que tienen hijos bi o multiculturales en Corea?

Tal y como me ha pasado a mí, sus hijos pasarán por una etapa en donde se preguntarán: “¿Quién soy? ¿de dónde soy?”. No se van a sentir identificados por un país. No muchos lo van a entender porque, simplemente, son diferentes. Es muy importante el papel de la familia aquí. Mis padres me explicaron la diferencia cultural de Argentina y Corea con paciencia durante mi etapa de “transición”, por llamarla así. Con su ayuda, he podido poco a poco entender que soy diferente y no hay nada malo con eso. Yo crecí como argentina y de repente tenía que ser al mismo tiempo coreana. Conservar una segunda nacionalidad como coreana en Argentina e incorporarme en Corea eran dos asuntos totalmente diferentes. Por eso es vital el entendimiento, el apoyo y la paciencia de la familia para que una persona multicultural pueda llegar a aceptarse tal como es, a pesar de lo que piensen los otros.

¿Qué consejo les darías a los niños multiculturales que al día de hoy estudian la primaria o el colegio y son tan jóvenes para comprender su situación de dualidad cultural?

Más que nada les quiero decir que ellos son el futuro y deberían agradecer a sus padres por haberles dado la oportunidad de pertenecer a varias culturas. Los pasos que deberán seguir no serán simples, algunos los rechazarán y a veces se sentirán como el patito feo. Como una persona que ha pasado por todo el proceso, quiero decirles que lo importante no es ser aceptado sino aceptarse. No hace falta ser tal como los nativos de cada país. Ellos son diferentes pero no menos valiosos. Es más, en sus manos tienen la llave para salir adelante. A través de ellos varias culturas llegarán a entenderse mejor. Así que ¡ánimo!

¿Qué beneficios crees que pueden ofrecer las personas biculturales a Corea?

Muchos, esta nueva generación multicultural puede servir de puente entre Corea y otros países. En mi caso, América Latina, o más específicamente, Argentina. Este puente es importante en cualquier campo ya que vivimos en un mundo globalizado en donde el entendimiento mutuo es imprescindible. Corea recibió la ayuda de numerosos países durante la guerra que tuvo lugar el siglo pasado. Ahora es su turno de tender la mano hacia fuera y esa mano es la generación multicultural.

¿Cómo visualizas tu futuro en diez años?

En diez años planeo terminar mis estudios. Quiero traducir obras en español al coreano y viceversa. Por el momento ambos mundos no se conocen bien por falta de traducción. Además de eso, me gustaría ser profesora de literatura latinoamericana y de español. Pienso cumplir el papel de puente, o mejor dicho, ser un ladrillo de aquel puente. Pero mi ambición más profunda es ser escritora, quiero escribir, contar lo que ha sido mi vida a través de varios personajes. Y así, ayudar a los otros a ver más allá de la frontera.

¿Cuando tengas hijos planeas enseñarles tus dos lenguas maternas y alguna otra?

Por supuesto que sí. La lengua permite el acceso al otro mundo. Sabiendo más de una lengua puedes tener una variedad de experiencias inimaginables. Mis lenguas maternas son el español y el coreano, y estoy estudiando inglés y francés también. Quiero que mis hijos conozcan todas esas lenguas. Eso les permitirá tener una perspectiva más amplia. Mi meta es conocer al menos seis lenguas. Me gustaría que mis hijos hicieran lo mismo, aunque obviamente, siempre que estén de acuerdo con mi idea.

¿Qué es lo que más extrañas de Argentina?

La verdad que todo: las calles, los parques, las personas, el sol, el olor de los restaurantes, los amigos. Pero entre muchas cosas, lo que más extraño es la sensación de estar allí, en casa. Argentina es donde he pasado mi infancia y parte de mi adolescencia. A veces cuando no puedo aguantar la nostalgia, me pongo a escuchar el himno nacional argentino. Me encantaría visitarla una vez más pero no es fácil viajar hacia la otra punta del mundo. Por suerte con el avance tecnológico, puedo mantenerme en contacto con mis amigos en Argentina y ver a través de fotos cómo ha cambiado todo, lo que ayuda mucho para calmar la nostalgia.

¿Qué más deseas comentar con nosotros, considerando que la revista es una publicación bicultural? ¿Qué experiencia o comentario te gustaría compartir con los lectores coreanos e hispanos?

Quisiera compartir una experiencia que he tenido en la escuela secundaria en Corea. Había vuelto al país hacía unos meses y todavía estaba tratando de adaptarme. Estaba haciendo los trámites de admisión. Yo estaba sentada con las piernas cruzadas, escuchando con atención a la profesora. De repente, un profesor que pasaba me dio un golpecito en la cabeza. Naturalmente, le pregunté por qué me pegaba y si me conocía. El no respondió a ninguna de mis preguntas y me dio otro golpecito y se fue. Luego mis padres me dijeron que en Corea uno no debe estar con las piernas cruzadas delante de un mayor o estrecharle la mano primero. Y sorprendentemente, uno no podía preguntar el “por qué” directamente. Mi primer año en Corea estuvo lleno de preguntas que sólo mis padres eran capaces de responderme. Pero finalmente llegué a aceptar que nada era cuestión de estar correcto o equivocado, simplemente las reglas eran diferentes.

Sé que las cosas pueden parecer incomprensibles al principio, sin embargo, quiero aprovechar esta oportunidad para decir que hay que aceptar las diferencias sin prejuicios. Y para hacerlo, es importante conocer y saber cómo es cada bloque cultural.

¿Qué piensas de que nuestra revista sea bicultural, tal vez la primera en Corea con este perfil?

Me parece una idea estupenda. Corea y el mundo hispano no sólo son lejanos geográficamente sino también culturalmente. Teniendo en cuenta que cada vez más españoles y latinoamericanos vienen a vivir aquí, pienso que el papel de esta revista será importante para el entendimiento mutuo y para reducir los malentendidos que surgen por sus diferencias, porque al fin y al cabo somos todos iguales: ciudadanos de este mundo global.

Melina, gracias por tus aportes. Esperamos poder contactarte en una década y conversar contigo sobre tus logros, queremos escucharte hablar seis lenguas, leer tus traducciones y disfrutar tus creaciones literarias.

Montserrat Piñeiro Guerrero

Poseedora de nacionalidades mexicana y española, y plenamente identificada con ambas culturas. Licenciada en Gastronomía por la Universidad del Claustro de Sor Juana, fue acreedora de una beca para cursar una especialización en Gestión y marketing hoteleros en el Liceo Hotelero de Monte-Carlo. Realizó una maestría en la Universidad de ciencias sociales en la facultad de Ciencias Políticas en Toulouse, Francia y regresó a México para colaborar en revistas como Protocolo, Catadores, Suite01, Mujer ejecutiva, A pie y Clubest. Su pasión por escribir la combinó con su profesión de gastrónoma, participando en proyectos en los que arte, gastronomía, economía y administración se conjugaban, experiencias que la trajeron por motivos laborales a Corea donde conoció a su esposo. A mediano plazo su sueño es ser directora de uno de los Global Village Center.

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