Personaje del Mes: Miguel González Martín profesor de español

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profesordeespanol“Hay otras cosas que predominan en el idioma coreano, como puede ser la cortesía o el sentimiento, el modo más que el tiempo”.

Por Zyanya Gil Yáñez
Fotografía por Zyanya Gil Yáñez

El aprendizaje de la lengua española cobra cada vez más adeptos en Corea del sur,ya sea por las relaciones comerciales, culturales o diplomáticas con los países Latinoamericanos y España o por mero interés en la cultura. Al ser la segunda lengua con mayor número de hablantes nativos en el mundo, el español supone un útil instrumento de comunicación, lo cual ha llevado a prestigiosas universidades a incluir la carrera de dicho idioma así como a ofrecer cursos y talleres.

Los profesores de español que han llegado a este país suponen interesantes personajes, a través de los cuales podemos conocer las impresiones que se tienen respecto al sistema educativo y la forma de aprendizaje en la península. Asimismo es interesante que nos compartan  su visión acerca de Corea y su cultura.

Para conocer un poco de la vida de los maestros de español que aquí laboran, entrevistamos a Miguel González Martin, español de 29 años de edad proveniente de Talavera de la Reina en la provincia de Toledo. Comenzó sus estudios de Filología Inglesa en la Universidad de Valladolid, los continuó en Irlanda, Bélgica y los concluyó de nuevo en España en la Universidad de Salamanca. Tras graduarse comenzó su carrera como profesor de español en Irlanda.

Miguel es un amante de la cultura coreana y de la vida diaria en el país. Considera un logro personal el hecho mismo de encontrarse en esta tierra y su pasión se evidencia en que recibió un premio por buena docencia (BestTeachingAward) por parte de la Universidad de Corea, así como su entusiasmo al hablar de esta experiencia. Conversamos con él en su cubículo en Seúl.

¿Qué significa para ti trabajar y radicar en Corea?

-Es como cumplir un sueño. Aunque ya había vivido en el extranjero en países de Europa, venir a Asia es una experiencia mucho más intensa porque tienes que ir redescubriendo día a día todos los pequeños detalles, desde cómo comer a cómo saludar a la gente. Me gusta mucho Corea, me siento cómodo y he aprendido a ser feliz aquí.

¿Qué aspectos son los que te agradan de este país?

-En primer lugar, me gusta que tenga cuatro estaciones. Me encanta ver la transición entre cada temporada y cómo cambia el paisaje de acuerdo con ellas. Me gustatambién el trato con la gente. Aquí las personas tienen una etiqueta, unas costumbres que a los que lo ven desde fuera les puede parecer extraño pero una vez que entiendes cómo funciona: la manera de saludar, cómo beber con los amigos o con los compañeros del trabajo, le vas dando sentido. Y me gusta la seguridad. Normalmente vas a una cafetería y no estás pendiente de tu móvil o del bolso, los puedes dejar en la mesa.

¿Qué fue lo que te trajo a Corea?

-Yo siempre digo que fue el destino porque tuve la oportunidad de estudiar en varias universidades y conseguí una beca para estudiar en Salamanca donde ofrecen muchas lenguas extranjeras. Tenía mucho interés en aprender una lengua asiática. En principio quería estudiar japonés que es más popular, pero vi en el catálogo de asignaturas que tenían coreano y además el horario me venía muy bien, entonces lo elegí. Eso fue en el 2004.

¿Cómo te ha servido aprender coreano, una lengua no indoeuropea, para enseñar español aquí?

-Te das cuenta de las diferencias que hay entre las lenguas indoeuropeas y las lenguas asiáticas, por ejemplo, en las lenguas europeas tiene mucha importancia el tiempo y la conjugación de los verbos en pasado, en futuro y es muy difícil para los estudiantes coreanos entender, algunas veces, todas esas diferencias que utilizamos por la dificultad de la gramática. Mientras que en coreano te das cuenta que esos matices quizá no tienen tanta importancia. Hay otras cosas que predominan en el idioma coreano, como puede ser la cortesía o el sentimiento, el modo más que el tiempo.La diferencia entre el perfecto y el imperfecto: “nevó” y “nevaba”. No sabían muy bien cuál era la diferencia entre “ayer nevó” y “ayer nevaba” pues en coreano no existe.

¿Qué diferencias has notado respecto a la enseñanza del idioma a alumnos asiáticos a diferencia de los alumnos europeos?

-Aquí suelen aprender mucho de memoria. Suelen memorizar diálogos o frases enteras y yo intento evitar esto en la clase porque, aunque puede ser útil para aprender ciertas destrezas, no es útil para adquirir un idioma. Intento que sea lo más natural posible para que ellos mismos tengan instrumentos para utilizar la lengua española activamente, con su propia personalidad, no algo que han aprendido de un libro.

En relación con esto, como profesor de lengua no sólo se enseñan palabras sino lo que implica el uso de un idioma: la cultura, el sentimiento, la identidad… ¿Cómo logras transmitir todo este contexto del idioma español y de qué modo lo reciben los estudiantes coreanos?

-Intento combinar las estrategias de un profesor al enseñar cualquier materia con la naturalidad o la espontaneidad de un español, en este caso, de un hablante nativo. Creo que aunque yo no me dé cuenta, ellos muchas veces están aprendiendo cosas de todo lo que digo. Si hablo en español hablo de manera espontánea o natural y todo eso ellos lo van a percibir y lo aprenderán. Me gusta hablarles con el respeto de los profesores coreanos pero, al mismo tiempo, no perder la identidad de un hablante español para que así vean cómo nos comportamos y cómo hablamos. Utilizo mucho la ironía porque cuando tratan con hablantes de español tienen que aprender que tenemos otras maneras de expresarnos. Creo que solemos utilizar mucho más la ironía que en Corea. Como hablar al contrario. Por ejemplo, hoy que estamos a diez grados bajo cero a mi amigo le digo “¡Qué calor hace hoy!”. Tienen que aprender a no entenderlo literalmente sino en el contexto.

Laboras en una de las universidades más prestigiadas del país y Corea tienen además un sistema educativo peculiar. ¿Cuál ha sido tu experiencia con ello?

-Sí, tengo la suerte de estar trabajando aquí y me siento contento. Me gusta el sentido de pertenencia que tienen los estudiantes de la universidad cosa que en España no existe. Normalmente los estudiantes van a estudiar a la universidad más cercana a su casa o donde les resulta más económico. Entonces no existe ese concepto de prestigio. Pero aquí sí lo puedo llegar a entender, además disfruto de los festivales que tienen o de la competición con la Universidad de Yonsei que crea muy buen ambiente de grupo, de trabajo en equipo, colaboración.

Y respecto a la competencia entre estudiantes, en tu propio salón…

-¡Ah sí! Me parece bien que se fomente el sentido de trabajar en grupo pero en cuanto a la competitividad dentro de la clase creo que no es tan bueno para la docencia por el sistema de cuotas a la hora de poner la nota. Por ejemplo, para los sobresalientes, los A o A+, hay un sistema de máximo de un treinta por ciento que puede estar por clase. En el caso de las lenguas extranjeras es un 40%. Yo estoy acostumbrado a poner las notas de manera individual con unos estándares y que cada uno tenga la nota que se merece según el nivel que ha alcanzado. Pero aquí a veces hay que poner las notas en comparación con los otros estudiantes de la clase lo que puede causar algunas dificultades. Por ejemplo, a mí me gustan las clases participativas en las que los estudiantes se sientan cómodos de preguntar o participar pero muchas veces como tienen ese concepto de competición no se atreven a preguntar, ya sea por no querer destacar, ya que el resto del grupo quizás les vea como un rival con el que competir la nota o también puede ser por el miedo a fallar y quedarse atrás.

Una de las preguntas que más me ha sorprendido aquí fue “¿Cuál es mi nivel en la clase?” o “¿Soy el peor en la clase?”. Es una pregunta que hacen que nunca me hubiera imaginado. No creo que nadie sea mejor ni peor sino que cada uno trabaja o estudia para su propio aprendizaje no para ubicarse dentro de una escala. El objetivo es aprender español y poder utilizarlo por ti mismo no hablarlo mejor que tu compañero de al lado.

¿Qué papel piensas que tiene el español en la sociedad coreana actual?

-Percibo que cada vez es más importante, sobre todo económicamente. El inglés, lo dan por hecho, incluso para trabajos en los que no se requiere hablar inglés, todas las empresas exigen este diploma. Por eso, para destacarse, los estudiantes requieren hablar otra lengua y cada vez más eligen el español. Sobre todo por las relaciones económicas con Latinoamérica. Diría que Chile, Perú y México son los que más lazos tienen, más acuerdos comerciales. Muchas empresas coreanas quieren ir allí, por eso cada vez más estudiantes eligen el español.

¿A futuro crees que seguirá creciendo el interés por el español en Corea?

-No puedo asegurar nada. Creo que sí crecerá. No sé si mucho pero irá creciendo. Todavía tiene mucho campo. Aun no se enseña español en tantas universidades, creo que hay tres academias de español repartidas por Seúl y creo que en el futuro irá expandiéndose.

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