Matrimonios biculturales, beneficios de la heterogeneidad

Share Button

Matrimonios“No será necesario tener ojos evidentemente rasgados, piel de blancura extrema u ojos oscuros para ser un nacional coreano con todas las de la ley”.

Por Yongmook Lim y Montserrat Piñeiro

Corea del Sur se encuentra en vías de ser como uno de aquellos países europeos: Francia, Inglaterra o Alemania, en donde la pregunta: ¿de qué nacionalidad eres?, es sustituida por una cuestión de planteamiento distinto: ¿de qué origen eres? Y es que por las calles de aquellas naciones encontramos gente que no necesariamente comparte los rasgos mayoritariamente caucásicos de esas áreas geográficas hasta mediados del siglo XX. Cualquier persona de rasgos hindús, magrebíes, africanos e incluso asiáticos, es un ciudadano europeo plenamente identificado con las costumbres e idiosincracia de esos países. Lo mismo sucederá en Corea en unos cuantos años, no será necesario tener ojos evidentemente rasgados, piel de blancura extrema u ojos oscuros para ser un coreano con todas las de la ley, ostentar la idiosincracia propia del país, amar la comida local y hablar perfectamente el idioma local a fuerza de practicarlo en el día a día.

Los matrimonios biculturales son cada vez más abundantes, contrastando con las ideas que las personas mayores coreanas aún conservan: “debemos preservar la sangre coreana tan pura como sea posible, evitando mezclarnos con otras razas”. Al parecer los jóvenes no siguieron dicha idea y es que cuando el amor es puro no conoce fronteras, idioma, edad ni mucho menos clase social. Los viajes de estudios, negocios o turismo han logrado que el destino cumpla su típica función: unir a esas almas gemelas que estaban separadas por un océano. Profesores de inglés, hombres y mujeres de negocios, estudiantes de la lengua de Cervantes, universitarios, posgraduados, investigadores, aventureros, viajeros y expatriados encontraron el amor en donde menos lo imaginaban y cupido definitivamente hizo de las suyas al mezclar el soju con el vodka, con el cognac, el orujo, el pisco, el mezcal y el whisky.

Cuestionamientos pertinentes

Pero bien, ya planteado este tema es muy importante mencionar que cualquier publicación que existe en Corea aborda el tópico de forma superficial y bastante trillada con esa información repetitiva de que los matrimonios biculturales cada vez son más frecuentes y que el gobierno apoya a esas familias para integrarlas a la sociedad. A decir verdad estamos cansados de escuchar eso y que nadie se pregunte cosas tan importantes como las expuestas a continuación: ¿Qué tipo de platillos se cocinan día a día en esos hogares?, ¿platillos del país de origen de ambos cónyuges?,  ¿surgen de esa unión platillos producto de una fusión culinaria de las naciones de ambos, tal como ha sucedido con la comida mexicana en los Estados Unidos o con la cocina peruana a raíz de la migración japonesa?, ¿qué idioma se habla?, ¿se dividen los días para hablar coreano y el idioma natal de la respectiva pareja extranjera?, ¿ambos se interesan en conocer la cultura del otro?, ¿cuáles son las costumbres predominantes en la casa?, ¿cuáles son los roles de cada uno respecto de la limpieza, mantenimiento, gastos, etcétera?, ¿qué retos enfrentan en su día a día y cómo los superan?, ¿qué diferencias existen entre las ideologías de ambos?.

Y por supuesto, nos preguntamos todo esto pensando en los enlaces consumados por amor y no por aquellos arreglados en los que las esposas son compradas o esos casos de matrimonios por conveniencia en los que el marido construye una casa a sus suegros a cambio de su hija. Hablamos de parejas en las que el cónyuge es todo un profesional, una persona con estudios universitarios e incluso posgrados.

Los lectores se preguntarán: ¿a qué vienen todas estas cuestiones?, pues son relevantes debido a que la familia es y seguirá siendo el núcleo de la sociedad y en base a su situación y desarrollo dentro de la misma, un individuo se comportará de determinada forma. Si en la casa no se hace un esfuerzo por aprender el idioma local o por incorporar los ingredientes del lugar existen muchas consecuencias: al salir a enfrentar los retos de la vida diaria no se hará con el mismo éxito que si el idioma se practicase continuamente. Si no se logra una adaptación a la cocina local los gastos comúnmente son mayores, etcétera.

Pues bien, el resultado de algunas de las cuestiones anteriores, en base a las entrevistas efectuadas para la realización de este artículo son: dentro de los matrimonios biculturales surgen creaciones gastronómicas bastante sofisticadas: desdefritatta con kimchi y fideos con caldillo de chipotle, hasta kimbap de berenjena, arepas con tofu y tiraditos de pescado con alubias rojas.

Por supuesto, ambas partes se preocupan por conocer la cultura del otro, desde el momento en que el amor los flechó, aceptan regularmente mantener una actitud asertiva y estar dispuestos a aprender de cada situación, si bien, la fusión de oriente con occidente no es la más sencilla por aquella diferencia de principios neo confucianistas frente a esa sociedad ubicada al poniente que cada vez es más relajada y liberal, en donde las féminas imponen todo un matriarcado en casa y se rebelan a hacer la limpieza del hogar o en donde el tutear a casi cualquier persona, incluso al jefe y a los suegros y tíos es bastante común. Pues bien, recientemente los varones coreanos aceptan con más frecuencia fregar los platos, aspirar la casa, cambiar pañales y leer cuentos para dormir. Si antes en Corea eso no era concebible, la creciente influencia occidental lo ha logrado y todo ello con un buen resultado. Sin embargo, el no poder llamar a una persona por su nombre es bastante común aún, por lo que es necesario seguir esas reglas de respeto tan arraigadas en Corea del Sur y jamás pero jamás tutear a la familia política y mucho menos darles un beso. El respeto se aplica muchas veces también con los maridos, a quienes se les debe llamar con una palabra específica, evadiendo el uso del nombre y adicionando a todos los verbos el sufijo necesario que indica la jerarquía.

En el campo del mobiliario encontramos hogares híbridos, en donde las camas occidentales se mezclan con la ausencia de un sofá en la sala y viceversa, algunos prefieren conservar esas mesas bajitas, mientras otros no se resisten a efectuar la compra de un comedor al más puro estilo de los vecinos de los continentes europeo y americano. El colecho con los bebés, desde que son recién nacidos y con los infantes de hasta diez años es muy común así que en varios hogares no encontramos cunas y esas colchonetas que quedan al ras del suelo garantizan mayor seguridad a la vista de padres orientales y occidentales, así que el prescindir de una cama significa comodidad para muchos.

Algunos de los mayores retos para los hombres coreanos es tolerar esa carga de feminismo que traen muchas mujeres occidentales en su personalidad, no necesitan sentirse protegidas, no les agrada que las ayuden en nada y desean ser tan independientes como sea posible, aunque a decir verdad significa, a largo plazo, una gran comodidad para los hombres.

Por otra parte, para las mujeres, el hecho de que los hombres coreanos les entreguen todos sus ingresos y que ellas administren cada uno de los pagos, es al inicio difícil por la barrera del idioma y el cálculo de la moneda pero a mediano plazo es un gran beneficio, o al menos ellas confiesan considerarlo así.

Los niños definitivamente reciben una gran cantidad de información con los más distintos criterios, desde comer sentados en el suelo hasta dominar el arte de manejar los palillos chinos y las armas culinarias occidentales: cuchillo y tenedor; beber leche de soya, de vaca o de almendras. Y, por supuesto, hablan entre dos y cuatro idiomas sin problema alguno. Eso por no mencionar que algunos poseen dos y hasta tres pasaportes que los acreditan como ciudadanos de los más distintos continentes.

Los hijos son un capítulo aparte

Pues sí, hemos entrado en el campo de la descendencia y era mejor teclear un punto y aparte y dedicarles un espacio particular, de hecho este artículo planeaba enfocarse a los niños bi o multiculturales ya que su situación es digna de un análisis profundo. Pues bien, ese tema lo trataremos de forma detallada en uno de los próximos números, mientras tanto hay que decir que, efectivamente, ellos tendrán gran peso en el futuro de Corea ya que sumando la cantidad existente de estos individuos en nuestros días, formarán parte de un segmento poblacional de peso en la península. Por su entendimiento de dos o más culturas, incluyendo etiqueta e ideología, los futuros adultos de Corea del Sur, serán piezas clave en posiciones gubernamentales, diplomáticas o en cargos que involucren negocios internacionales y por supuesto en la organización de cumbres y congresos de talla mundial. Gracias a ellos Corea será mas receptiva al turismo y a eventos masivos porque estará preparada para recibir a millones de visitantes de cualquier orbe con el personal calificado para dar un servicio de calidad que pueda comunicarse en las lenguas requeridas.

El campo de la enseñanza de idiomas y las universidades se verán también beneficiados por el savoir faire o saber hacer de esas personas que tendrán una mayor visión sobre el marketing internacional y coreano, sobre negociaciones, protocolos y demás. Tal vez la necesidad de contratar gran cantidad de profesores extranjeros para la enseñanza del inglés se vea disminuida.

En fin, una sociedad multicultural y un tanto cosmopolita significará una mayor tolerancia y enriquecimiento constante para todos. Actualmente incluso en los barrios donde antes no se veía a ningún extranjero, se puede encontrar ya uno que otro matrimonio bicultural, lo cual es bastante benéfico ya que los infantes coreanos tienen oportunidad de jugar con los hijos de esas parejas y conocer una cultura distinta. Sin duda, los padres que aprovechan estas situaciones están ofreciendo a sus hijos un puente de contacto que en el futuro les será de gran utilidad.

Montserrat Piñeiro Guerrero

Poseedora de nacionalidades mexicana y española, y plenamente identificada con ambas culturas. Licenciada en Gastronomía por la Universidad del Claustro de Sor Juana, fue acreedora de una beca para cursar una especialización en Gestión y marketing hoteleros en el Liceo Hotelero de Monte-Carlo. Realizó una maestría en la Universidad de ciencias sociales en la facultad de Ciencias Políticas en Toulouse, Francia y regresó a México para colaborar en revistas como Protocolo, Catadores, Suite01, Mujer ejecutiva, A pie y Clubest. Su pasión por escribir la combinó con su profesión de gastrónoma, participando en proyectos en los que arte, gastronomía, economía y administración se conjugaban, experiencias que la trajeron por motivos laborales a Corea donde conoció a su esposo. A mediano plazo su sueño es ser directora de uno de los Global Village Center.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *