Las nuevas solteras de Corea, España y Latinoamérica

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solteras“Todavía impera la idea de que una mujer con o sin un hombre a su lado no tienen el mismo valor”.

Por Paloma Julián Muñoz
Ilustración por Rocío Ávarez González

Perdonen si esperaban una explosión de términos modernos como el fenómeno LAT “Living Apart Together” o, en nuestra lengua: “eternos novios sin vivir en pareja”, o el fenómeno single, traducido como: “el quedarse para vestir santos” de toda la vida.

Y disculpen si les suena esto un poco casposo, pero para hablar de las “nuevas solteras” he decidido empezar por  ponernos en situación echando mano del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española donde encontramos que el término solterón o solterona se define como “adjetivo dicho de una persona entrada en años y que no se ha casado”. O, lo que es lo mismo, él: un hombre un tanto dejado, siempre al pendiente de llamar a su madre cada cinco minutos o un “viva la vida” con síndrome de Peter Pan. Y ella: una mujer no muy agraciada con un vestido gris y tacones de media altura enfadada con la vida y el resto del mundo.

No me negarán que, pese a que el diccionario no hace distinción de género, en el subconsciente colectivo la acepción femenina del término ha sido y es mucho más despectiva y castrante que la masculina.  Y, ¿por qué? Por múltiples factores, los cuales sería imposible de explicar en un solo artículo pero que espero pueda y sepa esbozar.

Cuando se me planteó el tema, lo tomé con alegría y optimismo, sin embargo, pronto se me empezaron a plantear algunas cuestiones que habían estado siempre ahí, guardadas en algún rincón de mi cerebro. Entonces decidí echarle un ojo a las estadísticas, esos números que no son ni masculinos ni femeninos, para empezar a escribir y pronto me encontré con sorpresas. Por ejemplo, un estudio de 2011 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ODCE) titulado Society at a Glance determinaba que los países con mayor porcentaje de solteros eran:

-Chile: 39%

-Corea del Sur: 39%

-México: 33%

-Irlanda: 31%

-Nueva Zelanda: 30%

-España: 30%

-Eslovaquia: 30%

Y se pronosticaba  que para el 2026 un tercio de la población del mundo desarrollado permanecería soltera.

Así mismo el INE (Instituto Nacional de Estadística) en España anunciaba que solo en la década de los noventa había aumentado el número de solteros en España de 4 millones y medio a siete a principios del milenio.

A mí, que siempre he sido de letras, los números me impresionaron y me dio por mirar atrás en el tiempo para darme cuenta que hasta no hace mucho la barrera de los treinta para los hombres, era casi como la Gran Muralla China para las mujeres, imposible de no ver y salvar. “La entrada en años” se marcaba en esa década, y después de eso las madres empezaban a ir a la iglesia a echarle monedillas a San Antonio para ver si este intercedía por sus pobres hijas.

En Corea, donde según la Agencia de Noticias Yonhap, el número de mujeres solteras en Seúl se ha incrementado del 14.7 por ciento en los noventa al 48.3 en 2010, no creo que se llevara mucho lo del santoral, pero sí que al igual que en occidente la treintena marcaba, y marca en muchas ocasiones la vida de las mujeres y el no tener marido o hijos ha sido considerado una desgracia para la familia.

Ante tal situación las nuevas solteras se han revelado, han empezado por adoptar la palabra en inglés “single”, libre de cualquier connotación negativa y, debajo de este paraguas se ha cobijado ese tanto por ciento altísimo de mujeres preparadas, independientes y con dinero que por decisión propia han elegido no pasar por la vicaría sin renunciar al amor.

Hoy en día es todo un fenómeno elegir estar soltera y se ve representado por series de televisión como Sexo en Nueva York, o por libros como  Cincuenta sombras de Grey, pero no es oro todo lo que reluce. Yo, desde la barrera y soltera durante casi cuarenta años, he sufrido en mis carnes la SOLTERÍA en mayúsculas y como yo, la mayoría de las solteras que conozco: españolas, latinoamericanas, coreanas, estadounidenses, chinas o de dónde sean, sin distinción de nueva o antigua soltera.

Nosotras nos hemos tenido que enfrentar a los factores que antes mencionaba: la incomprensión social, religiosa, económica, laboral, sexual, sin olvidar la presión de diferentes colectivos,  destacando al más crítico entre ellos: las mujeres casadas. ¿Quién no ha sufrido comentarios del tipo “¿sigues sola?, qué pena…”,  “ entonces, ¿de vacaciones te has ido sola? Ay, qué triste, ¿no?”,  “¿vas a ir sola a la fiesta?”, etcétera?

Parece que el hecho de que el amor entrara a formar parte del matrimonio en el siglo XIX y los matrimonios dejaran de estar pactados (aunque haberlos, haylos), sólo benefició al género masculino, porque junto a la libertad de escoger vino la tiranía de los corsés sociales para las solteras de uno y otro lado del globo.

Hoy en día, y pese a la evolución que ya se manifiesta en las estadísticas, las mujeres seguimos intentando romper con todos esos tabúes (económicos, religiosos, de estabilidad…) que afectan a las estructuras de nuestra sociedad y al mercado laboral.

Ser soltera, ya sea por elección propia (las nuevas solteras) o ajena (las de toda la vida), no debería suponer en el siglo XXI una lucha. Y que lo siga siendo sólo demuestra que todavía impera la idea de que una mujer con o sin un hombre a su lado no tienen el mismo valor. Pues volviendo a lo casposo del inicio, déjenme que les diga una cosa: “más vale sola que mal acompañada”.

Libro recomendado sobre el tema, Solas, de la exministra española Carmen Alborch.

 

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