Catedrales: íconos de las ciudades de España y Latinoamérica

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catedrales“¿Hasta qué punto la esencia de la ciudad está marcada en su catedral?”

Por Montserrat Piñeiro
 Fotografía por Neil Wykes

En España e Hispanoamérica, las catedrales representan importantes íconos arquitectónicos e históricos. Normalmente ubicadas en centros urbanos, simbolizan uno de los antiguos lugares de poder que, en conjunto con el Estado, gobernaban las ciudades. En la actualidad, dichas construcciones religiosas se presentan como grandes atractivos turísticos debido al bagaje cultural que poseen, siendo objeto de profundos análisis sociológicos, económicos y artísticos, a través de los cuales se descifra la filosofía e idiosincrasia de los pueblos.

Al visitar una catedral, se pueden observar las diferentes fases de la historia de un país o de una ciudad; se puede descubrir en sus pasillos la forma de pensar de aquellos contemporáneos a su construcción e incluso se puede saborear la comida preparada por las religiosas de los conventos aledaños. En este respecto, tomando como ejemplo el caso del estilo churrigueresco, se sabe que para lograr las caprichosas formas en las decoraciones, se utilizaban las claras de huevo, dejando las yemas a merced de las monjas, quienes se veían obligadas a buscar delicias que crear para utilizar la gran cantidad de producto avícola que recibían. Es por ello que las catedrales han trascendido los aspectos meramente religiosos para convertirse en parte de la riqueza de toda ciudad donde se encuentren, pues los secretos e historias que albergan dichos recintos permiten identificarse con la cultura local.

Vista la importancia de dichas construcciones, nos preguntamos: ¿Qué sería de Hispanoamérica y de España sin sus catedrales? ¿Hasta qué punto la esencia de una ciudad está marcada por su catedral?

Se dice que al admirar una catedral se puede apreciar la majestad unida a la belleza, la grandeza anclada al gusto, la gracia mezclada con hermosura y una severa unidad en armonía con una rica variedad…

Miles de flashes fotográficos se disparan a diario sobre ellas mientras visitantes y turistas alzan la cabeza para observar sus magnificentes cúpulas. El mundo hispano muestra sus catedrales al mundo e invierte el equivalente a millones de dólares anualmente en su mantenimiento y restauración.

Historia

Algo que distingue a las catedrales y, en especial, a las del mundo hispano, es que han sido construidas con materiales de los edificios que las precedían: en España, los templos visigodos y mezquitas fueron literalmente desarmados para utilizar las mismas piedras y ladrillos para las nuevas construcciones. Tal es el caso de la antigua catedral de Barcelona, la Concatedral de Mérida y la Catedral de Palencia, la cual tiene su origen en la cripta de San Antolín y donde hoy día aún se conservan restos visigodos en el fondo de la misma.

En Latinoamérica, a raíz de la conquista, los recién llegados erigían los nuevos edificios religiosos sobre los centros de culto de los pueblos sometidos, destruyendo parcial o totalmente las construcciones originales de las civilizaciones aborígenes. Sin mostrar resentimiento, podemos ver en este hecho el doloroso nacimiento de una nueva cultura.

Para adentrarnos en los más remotos orígenes de estas obras arquitectónicas, es necesario remontarnos siglos atrás en el tiempo. En los primeros siglos del Cristianismo y más tarde, en el medievo, las catedrales no se diferenciaban notablemente de otros centros de culto religioso. No fue sino hasta el siglo XI cuando estas edificaciones religiosas adquirieron la configuración y dimensiones que las diferencian del resto de los templos. A partir de entonces, y hasta el siglo XVI, sirvieron como medio para impulsar la imagen y el prestigio de las ciudades en las que se construían, lo que marcó el inicio de verdaderos esfuerzos por hacer de estos templos edificaciones grandiosas y monumentales, convirtiéndose, así, en los rascacielos de la antigüedad.                                                      Con la Reforma protestante, el tamaño y magnificencia de las catedrales se vieron moderados, con una reducción en los niveles de ostentación, aunque continuaron adaptándose a los estilos artísticos de la época y seguían siendo importantes obras arquitectónicas.

Regularmente, debido a sus dimensiones, las catedrales precisaron enormes recursos económicos y materiales para su construcción. En general, su edificación podía requerir varias décadas por lo que, en su mayoría, estos centros religiosos son el resultado de una mezcla de estilos arquitectónicos de distintas épocas. La construcción comenzaba por la cabecera del templo y se consagraba el altar mayor para la celebración del culto, posteriormente se continuaba con el crucero y las naves. Es así como las catedrales combinan sincretismo y evolución en su estructura. Cada zona representa una etapa distinta, en la que se puede apreciar el estilo de la época correspondiente.

En España

Entre los años 710 y 718, con la rápida conquista islámica, los reinos cristianos se vieron reducidos a Castilla y León, Navarra y Aragón, por lo cual la arquitectura románica de las iglesias sólo se encuentra en la mitad norte de la península, mientras que en el sur existe gran cantidad de arquitectura musulmana que data de este periodo.

Ya en tiempos de la Reconquista, se edificaron varias catedrales, de las cuales quedan algunas fragmentadas, siendo pocas las que se conservan completas. De las románicas, un gran número fue reconstruido en el periodo gótico. Dentro del mismo periodo histórico se produjo un importante fenómeno del arte español: el llamado arte mudéjar, palabra proveniente del árabe mudayyan que significa “al que le ha sido permitido quedarse”. Dicha corriente mezclaba elementos del arte islámico con los del cristianismo, incluyendo, este último, los estilos románico, gótico y renacentista.

Respecto al estilo barroco, las regiones gallega y andaluza, gracias a su fuerte economía en el siglo XVII, fueron las que alojaron las construcciones de maravillosas y ornamentadas iglesias.

Otra etapa sobresaliente de la historia de las catedrales españolas vio la luz en el siglo XI: el modernismo catalán. De éste surgieron tendencias arquitectónicas que daban relevancia a la estética, al tiempo que rompían con criterios tradicionales. Producto de esta corriente es la Sagrada Familia de Barcelona, que a pesar de no ser la catedral de la ciudad ni ser una iglesia diocesana, se encuentra incluida en el Plan nacional de catedrales de España.

Después de esta breve reseña histórica, abordamos un tema poco conocido acerca de estos edificios y tal vez uno de los más apasionantes: la función festiva, comercial, militar y funeraria que jugaban las catedrales antiguamente. Una gran parte de la vida diaria de la sociedad se daba dentro y en los alrededores de las catedrales en España. Una de las grandes pruebas que hasta hoy pueden apreciarse es la catedral de Barcelona, en donde no pocos visitantes se sorprenden con la euforia que se vive en el claustro: los patos graznando y chapoteando en el estanque que está cubierto por magnolios y palmeras, las tiendas, las velas y los paseantes, una evocación de zoco o de lonja. Así era como, antes de la Contrarreforma, se practicaba la vida en las iglesias. Éstas eran como calles cubiertas, plenas de vida civil; las catedrales eran lugares de comercio y encuentro en donde los gremios se reunían, se instalaban mercados en los claustros e incluso los animales tenían acceso a estos lugares. En las catedrales se exhalaba festividad y movimiento, y estaban plenamente integradas a la vida cotidiana.

Actualmente, muchos ignoran el pasado de las catedrales, y se limitan a considerarlas simples construcciones que perfilan las ciudades con sus siluetas monumentales. Ni las guías turísticas abarcan esta dimensión desconocida que guardan estos edificios seculares que son mucho más que arquitectura.

En Latinoamérica

Son por supuesto, en esta zona del mundo, los edificios más identificables de las ciudades. Es imposible decidir cuál de ellas es la más bella. Son espaciosas y diáfanas, macizas y ligeras a un tiempo.

Ahora se conforman como herramientas didácticas que ayudan a las nuevas generaciones a comprender la historia, guardando dentro de sí importantes aspectos fenomenológicos y sociales. Cada una de las catedrales de Latinoamérica se distingue por algún aspecto en particular, la de Puebla, por ejemplo, es considerada como uno de los museos más importantes de arte novohispano y posterior por los tesoros que alberga. A lo largo de los siglos se ha enriquecido en obras de pintura, escultura, orfebrería y carpintería de gran calidad artística.

La catedral de Bogotá, por su parte, guarda en sí anécdotas como la de Fray Juan de los Barrios, primer Arzobispo de la ciudad, quien se fue a las canteras y trajo sobre sus hombros la primera piedra del nuevo centro de culto, dando así ejemplo a todos sus compañeros y fieles, quienes, imitándolo, lograron reunir una cantidad considerable de piedras para su construcción.

Las catedrales latinoamericanas, en general, envuelven en gran parte la esencia del mestizaje acaecido con España, y muchos de sus detalles poseen una interesante explicación: los retablos de oro indican la ostentación y el poder que la Iglesia pretendía demostrar, las rejas de los coros muchas veces fueron transportadas por la nao de China, provenientes desde Filipinas y fabricadas en Macao.

De forma infaltable, las catedrales latinoamericanas son encajes de piedra con estructuras ambiciosas, con altas paredes de vidrio que desafían la gravedad, con torres que se elevan al cielo cual plegarias y símbolos que mezclan religión con metafísica y ciencia.

En resumen, las catedrales deben ser observadas como una amplia reunión de ideas, de tendencias, de creencias populares, un conjunto perfecto al cual hacer referencia cuando requerimos entender el pasado. Actualmente, a pesar de haber recortado su importancia a nivel de lugares de culto, las catedrales acogen otros eventos como conciertos, exposiciones y festividades que las integran a la vida cultural y turística de las ciudades, lo que las hace formar parte importante del patrimonio histórico español y latinoamericano, así como ser parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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