Flores de cerezo: efímera belleza

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flores de cerezo“De acuerdo a la filosofía budista, el ciclo de la vida humana se ve representado como símbolo de transformación que ejemplifica el principio de las cosas, su clímax y decadencia”.

Por Montserrat Pineiro

Se dice que todo ser humano debe encontrarse al menos una vez en su vida con un árbol de cerezo para entender la necesidad de disfrutar el ahora y saber aprovechar cada momento. La vida está llena de instantes y las flores de cerezo nos revelan su misterioso ciclo.

Durante la mayor parte del año los cerezos no nos dicen mucho, en el invierno pierden todo su follaje y durante el verano solo se adornan de hojas color esmeralda, lo que no los hace más llamativos que otros árboles. Sin embargo a finales de cada marzo, de sus ramas empiezan a brotar capullos de colores claros que se multiplican de forma copiosa y que no se ven opacados por ninguna hoja. El blanco o los colores pastel fungen como protagonistas de la primavera, y de acuerdo a la filosofía budista, el ciclo de la vida humana se ve representado como símbolo de transformación que ejemplifica el principio de las cosas, su clímax y decadencia. La gloria es breve, y el período de dos semanas que abarca desde la aparición de los capullos hasta la caída de las flores, nos hace recordar cuán fugaz es la felicidad y lo poco que dura la belleza.

Es bello observar el cúmulo de flores apiñadas en las ramas y los árboles que asemejan algodones de azúcar cuando se ven en conjunto, o apreciar la punta de una rama con el cielo azul de fondo. Pero hay quienes, al igual que los budistas, adoran el final del ciclo de la vida de estas florecillas y disfrutan de la última etapa de este espectáculo de la naturaleza, ése en el que las flores caen al suelo y que nos permite empatizar con la temporalidad de las cosas.

Lo curioso de estas flores es que caen de las ramas cuando están en la plenitud de su belleza, no se marchitan como sucede con las otras especies, conservan su bella imagen durante varias horas en el suelo, que parece acariciarlas con un poco de melancolía.

Maximizar el disfrute

Justo a finales de marzo o inicios de abril debemos reservar en nuestra agenda uno o dos días para desplazarnos hasta algunos rincones de Corea y observar, como si se tratase de un ritual, el espectáculo floral más grande que la naturaleza nos puede ofrecer.

Escribimos este artículo en la primavera del presente año, 2014, y visitamos cada lugar que se antoja interesante para presenciar y comprobar la belleza de los lugares que recomendamos; he aquí nuestras conclusiones:

Jinhae en Changwon, al sur de la península, puede calificarse como el mejor lugar para observar esta obra de arte del ecosistema. Los paisajes que aquí se aprecian parecen estar fuera de la realidad. En particular la estación de Gyeonghwa presenta un cuadro excepcional al paso de los trenes que, con el viento, provocan una lluvia de flores que cubre a los espectadores y les hace imaginar que están en un cuento de hadas.

La siguiente parada, dentro del mismo distrito, es el arroyo de Yeojwacheon, que con una longitud de 1,5 kilómetros hace las delicias de los caminantes a inicios de la primavera, al ser guarnecido por un túnel natural de flores de cerezo.

Recorrer los senderos bañados de flores mientras se observa el espejo natural que logra el agua multiplica la belleza. Los puentes redundan el cuadro y durante la noche es posible repetir la experiencia con un escenario distinto y maravilloso.

Y ya que se está en el reino floral de Corea, es imposible negarse a visitar el Parque de Esculturas de la Montaña Jangboksan, el parque ecológico de aguas continentales, la montaña Jehwangsan y el sendero sinuoso Anmin. Cada uno de estos lugares regala diferentes posibilidades para gozar de estas hermosas flores.

El hablar de la belleza nos ha hecho olvidar una triste observación: Corea se encuentra felizmente saturada de árboles de cerezo debido a un período de amargos recuerdos: la invasión japonesa, ya que fueron los nipones quienes se dedicaron a sembrar de forma copiosa estos árboles, siendo ahora los coreanos los que disfrutan de ellos sin prestar mayor atención a ese infortunado antecedente.

En Jeju

Los ramos de flores con espectacular fondo azul adornan toda la isla. La peculiaridad de aquí es que los pétalos son de mayor tamaño que aquellos de la parte continental, y que poseen un ligero color rosa pastel.

La isla, como siempre, se caracteriza por su buen clima y por ese ambiente tan libre y relajado que nos hace sentir en medio de la nada. Aquí la contemplación de las flores de cerezo se hace un poco mas fácil y llevadera al gozar de espacios de tiempo con una cantidad moderada de espectadores. No ocurre lo mismo en Yeouido, a donde toda la gente acude en su día libre, después del trabajo o los fines de semana y se hace difícil caminar sin tener que poner atención al frente.

Disfrutar de las flores de cerezo en Jeju nos hace sentir que estamos de vacaciones, libres de inquietudes y nos incita al romanticismo o a la reflexión.

Las universidades de Seúl

Las universidades de Seúl son otra excelente opción para organizar un día de campo y gozar de la reinas de la primavera. Para los fotógrafos profesionales o aficionados estos sitios ofrecen excelentes tomas.  La arquitectura gótica, románica y contemporánea de cada centro de estudio ofrece ángulos muy interesantes de apreciar. Los ramilletes de flores esconden sutilmente un remate, dejan adivinar las columnas, se entremezclan con los edificios, aprovechan los fondos para resaltar y embellecen rincones que en invierno pasan desapercibidos.

Las tonalidades grises y marfil armonizan bien con esos pétalos blancos de ligero punteado e inspiran a docentes, estudiantes y visitantes. El aprendizaje nunca será tan afable en otra estación como lo es en primavera.

Y así, cada rincón de Corea esconde un árbol de cerezo. Ya sean aislados o en conjunto estos bellos ejemplares nos invitan a reflexionar en torno a lo efímero: nos recuerdan incluso un fragmento de esa célebre obra de Antoine de Saint-Exupery titulada “El Principito”:

“(….) El Principito en sus viajes por los pequeños planetas de su galaxia se encontró con un geógrafo que anotaba, en un gran libro de registro; montañas, ríos y estrellas.

Tengo también una flor.- El Principito quiso registrar a su flor aquella que había dejado en su planeta.

-De las flores no tomamos nota. Dijo el geógrafo.

-¿Por qué? ¡Son lo más bonito!

-Porque las flores son efímeras.

-¿Qué significa “efímera”?

Y el geógrafo le explico al Principito que efímero quiere decir amenazado de pronta desaparición (….)”

 

CHERRY BLOSSOMS: EPHEMERAL BEAUTY

“According to Buddhist philosophy, the cycle of human life is represented as a symbol of transformation that exemplifies how things have a beginning, a time of glory or a climax, and an end or decline.”

By Montserrat Piñeiro

Photograph by Joe Wabe

Translated by Lilian Florian

It is said that every human being must meet a cherry blossom tree at least once to understand the need to enjoy the present and to know how to make the most of each moment. Life is full of moments, and cherry blossoms reveal us their mysterious cycle.

During most of the year, cherry blossoms do not tell us much. In winter, they lose all their foliage, and during summer, they are only ornamented with leaves of emerald color, which do not make them more striking than other trees. But at the end of March, light-colored buds, which abundantly flourish and are not overshadowed by any leaf, start blossoming from its branches. The white color or the pastel colors serve as stars of spring, and according to Buddhist philosophy, the cycle of human life is represented as a symbol of transformation that exemplifies how things have a beginning, a time of glory or a climax, and an end or decline. The glory is short, and the period of two weeks from the time when the buds appear to the time when the flowers fall reminds us how fleeting happiness is and how little beauty lasts.

It is beautiful to observe the heap of flowers packed in the branches and the trees resembling cotton candy when they are together, or to appreciate the tip of a branch against the blue sky. Yet, there are some, like Buddhists, who worship the end of the life cycle of these little flowers and enjoy the last stage of this spectacle of nature: when the flowers fall to the ground, a time that enable us to have empathy with the seasonality of things.

The interesting thing about these flowers is that they fall when the branches are in the fullness of their beauty. They do not wither as other species do; they conserve their beautiful image for several hours while on the ground, which seems to caress them with some melancholy.

Maximize the enjoyment of cherry blossoms

Right at the end of March or the beginning of April, we must set aside in our agenda one or two days to move to some corners of Korea to observe, as if it was a ritual, the greatest floral spectacle that nature can offer.

We wrote this article this year 2014, and we visited every place that seemed interesting to see and to confirm the beauty of the places that we recommend. Here are our conclusions.

Jinhae in Changwon, south of the peninsula, can be classified as the best place to observe this masterpiece of the ecosystem. The landscapes appreciated here seem outside of reality. Particularly, Gyeonghwa station presents an exceptional setting when trains pass, which cause, with the wind, a shower of flowers that covers the audience, making them imagine that they are in a fairytale.

The next stop, in the same district, is Yeojwacheon stream. At the beginning of spring, this watercourse is decorated by a natural tunnel of cherry blossoms that, with a length of 1.5 kilometers, delights the passersby.

Walking through the paths covered with flowers while one observes the natural mirror that the water creates multiplies the beauty. Bridges frame the picture, and at night, the experience can be repeated with a different and wonderful scenery.

And now being in the floral kingdom of Korea, one cannot refuse to visit the Sculpture Park in Jangboksan Mountain, the ecological park of continental waters, Jehwangsan Mountain, and Anmin’s winding path. Each of these places provides different opportunities to enjoy these beautiful flowers.

Speaking about beauty has made us forget one sad observation: Korea is fortunately full of cherry blossom trees due to a time of bitter memories: the Japanese invasion. Indeed, the Japanese were the ones who were devoted to abundantly plant these trees, and now, Koreans enjoy them without paying attention to that unfortunate history.

In Jeju

Branches with flowers and the spectacular blue background ornament the entire island. The interesting thing here is that the petals are larger in size than those in the mainland and have a faint pastel pink color.

The island, as always, is known for its good climate and that very free and relaxed environment that makes us feel in the middle of nowhere. Here, observation of cherry blossoms is somehow simpler and more tolerable when enjoying periods of time with a moderate number of spectators. And of course, it is not the same situation as in Yeouido, where everyone goes in their free day, after work or during weekends, making it difficult to walk without paying attention to the front or to the surroundings.

Enjoying the cherry blossoms in Jeju makes us feel as in vacations, free from worries, and it stimulates romance or reflection.

Universities in Seoul

The universities in Seoul are another excellent option to organize a picnic and to enjoy the queens of spring. These places offer excellent shots for professional and amateur photographers, as well as for any detailed or observant person.

The Gothic, Romanesque, and modern architecture of each educational center offers very interesting angles to appreciate. The flower bouquets subtly hide an end, reveal the columns, are intertwined with the buildings, take advantage of the backgrounds to stand out, and beautify the corners that are unnoticed in winter.

Tones of gray and ivory harmonize well with those white petals subtly dotted and inspire professors, students, and visitors. Learning will never be as bearable in another season as it is in spring.

And so, every corner of Korea hides a cherry blossom tree. Whether isolated or in a group, these beautiful specimens invite us to reflect about the ephemeral and remind us even of a part of that famous work called “The Little Prince”. We invite our readers to check again that book or to remember its lines; so, they will discover an interesting phrase that perfectly describes the cherry blossoms.

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