Té verde coreano, una experiencia de cultura y tradición

Té McKay-Savage“El té verde tiene muchos beneficios; uno de sus componentes, el catechin, ayuda a prevenir la intoxicación alimentaria”.

Por Luisan Alvarez

Fotografía por Mckay Savage

Cuando queremos degustar un té, lo primero que pasa por nuestra mente es saborear una infusión proveniente de China, Japón o India; y es que, en realidad, muchos desconocemos las sorpresas que Corea del Sur tiene para ofrecer. Con el frío abrumador del invierno, el húmedo e intenso verano, el rojizo atardecer de una tarde de otoño o con la calidez y el perfume de una tarde de fabulosa primavera -mi estación favorita en Corea del Sur-, siempre es el momento perfecto para deleitarse con un té.

En muchos países de occidente, el té, en cualquiera de sus variedades, no es más que una de las tantas opciones de bebidas disponibles en cualquier momento del día. En Latinoamérica disfrutamos de los deliciosos, naturales y exóticos jugos de frutas; en Italia de un esspresso concentrado y lleno de aroma; en Corea del Sur, el té verde, más que una bebida, es disfrutar de una experiencia de cultura y tradición, un ritual de salud física, espiritual y belleza, que se remonta al siglo II A. de C., “el cual tiene una historia muy larga como parte de los rituales reales, así como en la etiqueta social”, afirmó Kim Eui-jung, poseedora del título de bien cultural intangible número 27 de Seúl, el Gunjung Darye o ceremonia real de té.

En los ensayos de Kim sobre la historia de la ceremonia del té se menciona a Geodeung, el rey de Gaya en la época de los Tres Reinos. De acuerdo con Samguk Yusa, cronista de esta época, Geodeung instituyó un día oficial para rendir honores en el santuario de los antepasados de la familia real de Gaya. Como parte del ritual, se presentaban ofrendas de arroz, pasteles, bebidas alcohólicas, frutas y té. Además en esta época también los monjes consumían té, el cual formaba parte de las ofrendas presentadas en los templos.  La cultura del té en Corea ha sido influenciada con el pasar de los años por el budismo y el confucionismo, desarrollándose como una ceremonia en paisajes con hermosos ríos, montañas y meditando en vistas espléndidas.

Al disfrutar de un té en casa, lo único que se necesita es calentar agua, colocar la bolsa que contiene la infusión, esperar de 3 a 5 minutos y disfrutar de la bebida; lo que está detrás del proceso de cada contenido de un sobre de té es ajeno a nuestro conocimiento. Al empezar a conocer  dicho proceso es impresionante admirar  plantaciones de té, desde su cultivo, cuidado y cosecha, hasta su elaboración para brindarnos una bebida deliciosa, saludable, delicada al paladar, pero llena de sabor y aroma a hierba fresca,  en tan solo tres minutos.

El té verde, considerado uno de los más populares en Corea,  se cultiva en el extremo sur de este país en la isla de Jeju, una joya de Corea que fue designada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, conocida por su naturaleza volcánica, clima templado, suelo fértil, sus pintorescas playas y, por su puesto,  sus plantaciones de té verde. Otras regiones donde se produce el té verde son Boseong, de Jeollanam-do, y Hadong, de Gyeongsangnam-do; en cada una de estas regiones se celebra un festival exclusivo del té: el “Festival del Té Verde de Boseong”, el “Festival del Té Silvestre de Hadong” y el “Festival Sulloc de Jeju”. Este último es uno de los festivales más representativos del té verde en Corea, una celebración histórica que da la oportunidad a sus visitantes de disfrutar del mejor té del mundo, producido en el corazón de la isla de Jeju. Sus sedes principales incluyen el Museo de Jeju O’Sulloc, -un museo creado con miras a profundizar la cultura del té, y Seogwang Dawon, jardines y plantaciones de té.  Este festival se realiza por 10 días a partir del 30 de abril al 9 de mayo, durante el cual los visitantes pueden experimentar el proceso de producción de té en los jardines, su elaboración, así como aprender a preparar su propio sulloc (té) como lo hacían en la antigüedad. Esto, resulta una experiencia maravillosa que enseña a los extranjeros más que el origen de té verde, la importancia y trascendencia de esta bebida y tradición coreana.

Actualmente, en la cocina coreana el té verde tiene varios usos: para dar color a las comidas o para agregarlo en los platos de pescado y carne con el propósito de disminuir el olor típico del producto. Pero, además de su especial sabor y diferentes usos, el té verde tiene muchos beneficios; uno de sus componentes, el catechin, ayuda a prevenir la intoxicación alimentaria y las enfermedades propias de los adultos. Cada vez crece el número de individuos que cree que las personas somos lo que comemos y por esta razón, y debido al incremento de enfermedades, estamos intentando revivir costumbres de los antepasados; actualmente más y más personas están interesadas en el bienestar y el té verde se ha convertido en una alternativa popular compitiendo con el café. Aunque el té verde contiene un poco de cafeína, numerosos estudios exponen grandes beneficios sobre el consumo; por ejemplo, es un poderoso antioxidante, anticancerígeno, previene las caries, regula los trastornos de sueño, estimula la inmunidad y combate el estrés, reduce trastornos digestivos, diabetes, gastroenteritis y alergias, es adelgazante, etc. Incluso es muy utilizado en la industria del cuidado personal y belleza, así como su uso casero para el  cuidado corporal y facial usado en aguas de enjuague o mascarillas para prevenir el envejecimiento prematuro y recobrar elasticidad de la piel. Con todos estos innumerables beneficios, es más que necesario que el té verde forme parte de nuestra alimentación así como forma parte de la cultura coreana.

Pero Corea ofrece mucho más que té verde, existen otras variedades que se clasifican en dos grandes grupos: los preparados con cereales, semillas y hierbas medicinales, como el té de jengibre, saenggangcha; de ginseng, insamcha; el de schisandra chinensis, omijacha; el té de lágrimas de Job –adlai- yulmucha; el de trigo, boricha; etcétera; y por otro lado, los preparados con agua malteada o licor.

Corea del Sur ofrece sabores, aromas y texturas para todos los amantes del té; visitar el  Museo de Té O Sulloc de la isla de Jeju o el Templo de Naksan son excelentes opciones para disfrutar de esta costumbre coreana en un ambiente tradicional, ameno y rodeado de la naturaleza.

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