Paseos por universos educativos

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Paseos por universos educativosPor Javier Molina

En un país donde la educación es una alabada obligación y obsequiosa virtud, es normal encontrar centros de enseñanza a diestra y siniestra. Si bien muchos de éstos están adaptados a la necesidades tecnológicas actuales de una sociedad creciente en número, y por tanto, en competitividad, ese mismo número respeta en su arquitectura una tradición clásica ¾adoptada si se quiere¾ que revela un sentimiento universal hacia la cultura, el hombre y su sociedad. En el volumen anterior paseamos por dos de estas instituciones, pero siendo insuficiente, no quisimos dejarlo ahí sin al menos presentarles un par de bellezas más.

Identidad y un jardín: Universidad de Chosun (Chosun University)

La ciudad guarda entre sus calles e inmuebles secretos de un pasado rebelde con ideas transformantes, nunca conformes, en búsqueda de un equilibrio social, económico y político. Su fama liberal la ensalzan estos habitantes con duras tonalidades en su hablar, que al describirnos esos acontecimientos se llenan de pies a cabeza de un orgullo que sólo alguien pasado por los colmillos de la represión puede absorber sin prejuicios. A un costado de esas historias hostiles y partidarias hay algo más, un lugar, del que también presumen los citadinos de Gwangju: Un campus universitario postrado al comienzo de una cadena de montañas, con algunos edificios convencionales, muy propios de un espacio de estudio, y otros que se denotan en su magnitud y estética, todos enmarcados por un jardín del que todos parecen saber, y con el que todos se relacionan en alguna historia de recreo, amistad, amor y desamor.

Hace tiempo leí que un proyecto arquitectónico va más allá de triángulos, cálculos, mediciones y presupuestos materiales. Que si bien se trata de levantar obras de compuestos inertes; la combinación y el perfecto manejo del entorno natural es el detalle distintivo entre lo común y lo gratificante. Que complemento no desea conferir integración, y que ésta se da al otorgarle igual peso al cemento que a las rosas, árboles, el cielo y el suelo. Tomando licencia propondría que el equilibrio está en el tratamiento de un todo que hace de una visita al recinto un paseo y no un de paso.

Establecida en 1946, la Universidad de Chosun y sus creadores le dieron a los moradores de Gwangju, en la provincia de Jeollanam-do, otra razón por la que sentirse afianzados a su futuro como punto clave para Corea del Sur: Además de cubrir la necesidad de un emergente número de estudiantes alrededor de la región al establecer escuelas de diseño, arte, cinematografía, ingeniería y algunas humanidades que fomentarían nuevas aproximaciones y la creatividad de sus miembros, la universidad embelesó a sus locales brindándoles otro espacio de lúdico regocijo y onírico descanso sin más muros que la elevación de ese cerro verde, rojizo y blanco, según el humor del año. En particular, ese jardín de rosas, en el centro de un todo armónicamente ecológico, que paciente espera cada primavera para verse pintado en coloridos puntos de contrastantes tonalidades, dio en mano un corredor para enamorados, amigos, poetas, académicos y estudiantes, un recinto del que hablar y por el cual sentirse identificado.

La Universidad de Chosun, a través de sus constantes esfuerzos, ha fomentado una arquitectura balanceada con su entorno ecológico, mandando un mensaje que afirma una enseñanza en firme acuerdo con la naturaleza.

Tradición y excelencia: Universidad de Corea (Korea University)

Esta institución carga en su nombre la responsabilidad otorgada por un país. La Universidad de Corea, además de ser el primer centro de estudios de alto nivel fundado por un civil en la nación, es también uno de los sólidos pilares que abastecen el creciente mercado de profesionistas en Corea. Sus graduados gozan de gran prestigio en empresas transnacionales por la capacidad y dedicación que recogen desde la aulas de esta magna universidad. Y son esos mismos personajes aquellos que repiten una tradición celosa y apegada a un nacionalismo que a muchos puede incomodar, pero que a los coreanos les da un punto de anclaje en el presente para discernir un futuro proactivo.

Esa conjunción entre pasado, presente y futuro se observa en la arquitectura de sus construcciones y sus espacios. Su entrada, más que darnos la impresión de ser el acceso de una institución educativa moderna en el noreste de la ajetreada Seúl, nos ofrece una pintura digna de cualquier portón de aquellos castillos europeos del siglo XIX de los que tanto se habla en una revista de viaje o programas históricos. Su pulcritud asegura la ruptura con la ciudad que en sus ruidos y oleajes se pierde una vez que seguimos por el sendero de frente a uno de los edificios administrativos en complementario acuerdo con los jardines y árboles de alrededor.

Durante el recorrido, esa mezcla de tiempo y espacio se hace más palpable: Aquí una auditorio con techo a dos aguas, con ventanales y paredes altas; allá un centro de investigación y un edificio de convergencia robótica sacados de la versión más moderna del país; más por aquel lado un estadio deportivo, un liceo y más edificios precisos en su composición y únicos en su cuidado. Pero no sólo etapas se yuxtaponen entre las calles y plazas, también matices del occidente y oriente se oponen entre los salones dedicados a los Estudios Coreanos, que en su arquitectura buscan la reflexión de su enseñanza.

La Universidad de Corea está escalando en su posicionamiento a nivel internacional con más alumnos extranjeros en su matrícula atraídos por mejorados programas de enseñanza entorno a estudios internacionales o globales, como el ofrecido por el Departamento de Literatura e Idioma Español, pero también por la bella composición de sus aulas y espacios libres propicios para el estudio y recreación.

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