Ulleungdo: la bella desconocida de Corea del Sur

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Ulleungdo2-300x173“La isla goza de un clima oceánico, lo que se traduce en veranos frescos e inviernos suaves, aunque ello no impide que nieve abundantemente”.

Por Gisela Lara

Cuando me sugirieron escribir sobre esta pequeña isla no pude evitar sentir una punzada de nostálgica alegría puesto que hacerlo suponía para mí evocar buenos recuerdos. De algún modo ansiaba acabar el artículo en el que estaba inmersa y empezar con el que ahora me ocupa.

Ulleungdo fue uno de los destinos que visité durante mi segundo viaje a Corea, de eso hace ya cuatro años. Por aquel entonces viajaba sola, cambiando de lugar cada dos o tres días, buscando alejarme de las grandes urbes e intentando hallar algo de sosiego en lugares no muy explotados.

Esto de viajar, a mi modo de ver, es un poco como ir de compras, a veces pagamos de más por la fama o el nombre de algo, no siendo el producto tan espectacular como nos lo presentan, e ignoramos deliberadamente lugares o marcas más modestas que ofrecen también buena calidad. Eso, en mi opinión, es un poco lo que pasa con esta isla; como destino turístico evidentemente no puede competir con la isla de Jeju, pero eso no quiere decir que no tenga su propio encanto.

Vecina de la disputada isla Dokdo y situada en el, controvertidamente llamado, mar de Japón o mar del Este; a medio camino entre la península coreana y la isla nipona, se encuentra este pequeño tesoro natural. Lo cierto es que, tanto por sus dimensiones (unos 75 kilómetros cuadrados) como por su población ( unos 10.000 habitantes), al hablar de esta isla podríamos estar hablando perfectamente de la turística isla española de Formentera, que tan de moda se ha puesto últimamente.

Antaño denominada Dagelet por los europeos, la isla de Ulleung, al igual que Jeju, resultó de una serie de erupciones volcánicas que ocasionaron la aparición de los cuarenta y tres islotes rocosos que la rodean. Conquistada por el reino de Shilla, anexada finalmente durante la época Goryeo e invadida en varias ocasiones por piratas chinos y japoneses, la isla, debido a la distancia que mantiene con respecto a la península, se convirtió en un recurrente refugio para las dinastías Goryeo y Joseon. Inhabitada, no fue considerada más que un punto de estrategia militar hasta que en 1884 el gobierno permitió la migración de población desde la península.

Después de informarme de cómo llegar a la isla comprendí porqué había sido elegida como refugio y, a la vez, como puesto militar… A falta de aeropuerto, la única forma de acceder a la isla es mediante los transbordadores que salen desde las ciudades de Gangneung, Mukho o Pohang y que en poco menos de tres horas te llevan a su puerto principal, Dodong. Dichos ferrys sólo circulan una o dos veces al día. Incluso, dependiendo de las condiciones climáticas y marítimas, pueden llegar a cancelarse, por lo que a veces es un poco arriesgado ir a la isla si se ha hecho un plan de viaje milimetrado.

¿Mi primera impresión de la isla? Siendo sincera, su accidentada costa y su naturaleza me hicieron pensar que estaba frente a un escenario de la película Jurassic Park… ¡Sólo faltaban los dinosaurios! ¡Me encantaba!

Después de pelear con una horda de intrépidos senderistas coreanos equipados a la última, empezó la búsqueda de alojamiento. Y es que… ¡la aventura es la aventura! Y yo, como aventurera que era, llegué sin tener dónde dormir (aunque eso ya sabemos que no es un gran problema en Corea del Sur). No me preocupé mucho porque existen diferentes tipos de alojamiento en la isla: hoteles, moteles, pensiones, minbak y hasta camping. ¿Cuál elegir? Cómo es obvio, depende de la experiencia que se desee tener y de la solvencia de la qué se disponga. En mi caso, lo más sencillo fue dejarme “raptar” por una de las tantas ajummas que esperaban ansiosas la llegada del transbordador para alquilar sus habitaciones.

Sabiendo con antelación que el transporte en la isla es bastante limitado, opté por dejar la maleta en mi diminuta y modesta pero limpia habitación, vagabundear un poco por la zona y cenar. Nada más salir del edificio en el que me alojaba percibí un olor extraño y vi a varios lugareños trabajando.            ¡Estaban secando calamares! Pero no unos cuantos… había miles de ellos. Era la primera vez que veía el proceso, así que me acerqué y miré como lo hacían. La isla es famosa principalmente por dos cosas: los calamares y las calabazas. El calamar de Ulleungdo es el más apreciado de toda la península coreana por su calidad y su sabor, es por ello que, junto con el turismo y el consumo de productos derivados de la calabaza, constituye la principal fuente de ingresos de la región.

La isla goza de un clima oceánico, lo que se traduce en veranos frescos e inviernos suaves, aunque ello no impide que nieve abundantemente. Ese día era simplemente fantástico; a mediados de octubre lucía un espléndido sol y la brisa marina acariciaba la costa. Sin rumbo fijo, divisé un sendero que bordeaba el perfil de la isla y decidí seguirlo. Y el resultado fue un paseo acompañado de un agradable silencio de vez en cuando interrumpido por alguna gaviota. Las aguas color esmeralda que rodean la isla son tan cristalinas al contacto con la costa que con un poco de suerte nos permiten apreciar la fauna marina de la zona.

Ya de vuelta, acabé por visitar el mercado de pescado. Allí, después de descubrir especímenes que no había visto en mi vida, pasé por delante de un grupo de autóctonos que se había acomodado entre las cajas del puerto y saboreaba unas piezas de hoe o pescado crudo, lo que me recordó que debía cenar. Siendo Ulleungdo una comunidad que vive básicamente de la industria pesquera, lo más lógico es que su gastronomía esté precisamente centrada en el pescado y marisco fresco, aunque ello no quiere decir que renuncien a la carne y a los vegetales. Entre sus platos más representativos podemos encontrar el sanchae bibimbap (arroz mezclado con hierbas y verduras locales), Ulleung yaksu bulgogi (ternera de Ulleungdo), honghapbap (arroz con mejillones) y el ojingeo bulgogi (calamar marinado en salsa picante con vegetales). Todo un deleite para el paladar por un precio decente.

No hay vida nocturna en la isla con lo cual lo único que puede hacerse después de cenar es contemplar cómo se alejan mar adentro las lámparas de los barcos pesqueros y volver a la habitación, descansar y recuperar fuerzas para la siguiente jornada.

Resulta algo complicado moverse por la isla. Cierto es que se pueden alquilar coches pero es poco aconsejable para los que desconocen las carreteras por la dificultad que impone el abrupto territorio. Para visitar la isla se disponen de otras opciones según las posibilidades de cada bolsillo. Se puede alquilar un taxi por unos 120.000 wones que, con explicaciones básicas en inglés, recorrerá la isla por cuatro horas. O por el mismo período de tiempo, también se puede recurrir una de las compañías que organizan excursiones en minibús. El precio es de unos 20.000 wones pero las excursiones sólo cubren ciertas áreas, lo cual es ideal, económicamente hablando, si la estancia es superior a un par de días en la isla. En mi caso, me pareció más interesante hacer un tour en minibús que ir sola con un taxista que probablemente casi no hablaría inglés. El conductor y pasajeros fueron muy amables y en todo momento, quizá por ser extranjera y viajar sola, estuvieron pendientes de mí ofreciéndome comida y dándome conversación.

Los recorridos turísticos son de ida y vuelta soliendo partir desde el puerto de Dodong. Bordean la costa mostrando las formaciones rocosas con nombres de animales a la vez que permiten tomar panorámicas desde los observatorios de Hyenpo y Seokpo y visitar el punto final del recorrido: Naribunji Basin. Esta planicie cubierta de campos y salpicada por unas pocas granjas que hace miles de años era el cráter del volcán de Ulleungdo. Así, donde hoy se cultivan hierbas medicinales, vegetales y calabazas, otrora había lava volcánica.

Otro tipo de recorridos son los sugeridos a los aficionados al senderismo. Entre éstos, son obligados la denominada ruta Haengnam, los que llevan a la montaña Seonginbong (el punto más alto de la isla con 986 metros de altitud) y el que lleva al parque Dodong Yaksu, desde los alrededores del cual se puede coger un teleférico hasta el observatorio de Dokdo. Dicho observatorio es una de las atracciones más visitadas ya que en días claros se puede llegar a ver la isla de Dokdo y presenciar amaneceres y puestas de sol.

Mi tiempo en Ullengdo se agotaba… Debía regresar a la península y así lo hice, pero con la mochila cargada de dulces de calabaza y la determinación de volver.

No busquen en la isla grandes diversiones, spas, tiendas de moda o grandes restaurantes pues no los encontrarán, para eso es mejor buscar un buen resort. ¿Valoran los espacios naturales no masificados y poco alterados por el ser humano? ¿Les gusta dar largos paseos, disfrutar del aire puro y no son muy exigentes con el alojamiento? Entonces, en mi opinión, Ulleungdo es un buen destino. Definitivamente una de mis recomendaciones personales para quien viaje por Corea del Sur.

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