El significado de la Puerta de la Independencia de Seúl

“El lugar sobre el que se erige la puerta es simbólico, ya que anteriormente en ese mismo lugar se situaba “la puerta de bienvenida y bendición”.

Por Álvaro Trigo

Fotografía por Wikipedia

Hoy en día podría decirse que la Puerta de la Independencia ocupa un lugar secundario en el mundo del turismo. Seguramente, si no estuviera situada cerca de la prisión de Seodaemun, en la que se narran las atrocidades cometidas contra los presos durante la etapa del colonialismo japonés y las dictaduras militares, pasaría desapercibida entre los turistas. Sin embargo, tiene una historia interesante que me gustaría compartir.

Durante siglos Corea mantuvo relaciones de vasallaje con China; sin embargo, no debemos entender esta relación como una subordinación total de la monarquía coreana hacia China ya que el reino de Corea mantenía su independencia a la hora de dictar su ley y de administrar sus políticas interior y exterior. Se trataba, pues, de un reconocimiento simbólico de la superioridad del emperador chino en el marco del pensamiento sinocéntrico, que consideraba a China el centro de la civilización. Es cierto que también hubo tributos y que cuando un monarca coreano tomaba el poder debía contar con la aprobación del emperador en China.

A finales de la dinastía Joseon, esta relación entre China y Corea traería más de un quebradero de cabeza a las potencias occidentales que deseaban abrir puertos comerciales con Corea y no comprendían la naturaleza de las relaciones entre ambos países. Fue tras el final de la guerra sino-japonesa, de 1894-1895, en la que China y Japón luchaban por mantener su influencia en la península coreana, cuando los victoriosos japoneses forzaron a China a reconocer la independencia de Corea como nación. En este contexto, Seo Jae-pil, el fundador del club de la independencia y del periódico bilingüe Tongnip Sinmun o “The Independent”, propuso al rey la construcción de un monumento que conmemorase el nuevo estado en el mundo de Corea como nación independiente tanto de China como de cualquier otra nación.

El club de la independencia agrupaba a intelectuales que se dedicaban en gran medida a la difusión de ideas relacionadas con la modernización y el nacionalismo, aspirando a producir un cambio político que llevase a Corea a convertirse en una nación moderna e independiente. Para la difusión de sus ideas daban conferencias, clases y además utilizaban su periódico escrito en hangul y que contaba con una versión en inglés que tenía como fin dar a conocer la situación de Corea al exterior. Su proyecto para la construcción de la puerta fue aprobado y muchos coreanos contribuyeron a hacerlo realidad aportando capital privado.

El lugar sobre el que se erige la puerta es simbólico, ya que anteriormente en ese mismo lugar se situaba “la puerta de bienvenida y bendición” en la que las embajadas chinas que llegaban a Seúl eran recibidas. Por ironías de la historia, muchos trabajadores chinos participarían en la demolición de la antigua puerta y la construcción de la nueva, cuyo diseño fue realizado por un arquitecto ruso al estilo del arco de la independencia francés. En la parte sur de la puerta puede leerse Tongnipmun, o puerta de la independencia, escrito en hangul, mientras que en la cara norte que mira hacia China puede leerse esta misma inscripción en caracteres chinos. Este era un gesto intencionado que reconocía la importancia del sistema de escritura coreano como un elemento propio de la identidad nacional frente al anterior predominio de la escritura mediante caracteres chinos.

La primera vez que leí sobre la historia de este monumento me resultó sorprendente que a pesar de simbolizar la independencia de Corea como nación fuese considerado como un monumento de poca importancia. Obviando que no es comparable a otros monumentos; esto se debe a numerosas razones. En primer lugar, este monumento no fue destruido por los japoneses durante la etapa colonial. La razón detrás de esto es probablemente que para ellos representaba el fin de las relaciones de vasallaje entre Corea y China que había podido producirse tras su victoria sobre los chinos y por tanto daba al monumento cierto valor propagandístico. Por otra parte, el club de la independencia se mantuvo, durante gran parte de su existencia, alienado del poder político y la puerta terminó convirtiéndose más en un símbolo del club y sus miembros que de la nación. Es por ello que los japoneses dedicaron grandes esfuerzos a destruir lugares que simbolizaban la larga tradición monárquica coreana (como ocurrió con los palacios reales) dejando esta puerta intacta. Tras la liberación, Syngman Rhee, que en su día fue miembro del club de la independencia, trató, sin éxito, de dar una mayor relevancia a este monumento. Resulta irónico pensar que durante los años en que se construyó la puerta los palacios reales eran probablemente percibidos como los centros de poder de la despótica dinastía más que como símbolos de una nación.

Sin embargo, en la actualidad puede afirmarse que el palacio de Gyeongbokgung (destruido y restaurado en numerosas ocasiones) ocupa un lugar central en Seúl y es un símbolo de la nación. Obviamente este palacio representa una cultura arquitectónica y artística coreana propia frente a la puerta de la independencia que es considerada una pobre imitación de la arquitectura occidental. Si bien en su día la puerta de la independencia fue el primer edificio de estilo occidental de Seúl, simbolizando una incipiente modernización, a día de hoy su valor histórico es muy superior al arquitectónico.

En un mundo de creciente globalización en el que Corea busca su propia identidad, es lógico pensar que se acuda a elementos tradicionales como los palacios para destacar la trayectoria cultural propia de la nación. Además el hecho de que el gobierno colonial japonés se esforzase tanto por erradicar la identidad cultural coreana, mediante la destrucción de elementos como los palacios, probablemente ha contribuido a que el nacionalismo coreano haya dedicado aún mayores esfuerzos a la restauración de estos lugares históricos y a la asociación de los mismos con la identidad nacional.  Un ejemplo de esto es la costosa demolición del edificio del gobernador general de Japón, que estaba situado en los terrenos de Gyeongbokgung. Debido a la dura situación económica de Corea durante las décadas posteriores a la guerra, este proyecto no fue llevado a cabo sino hasta 1995. Hasta ese año cualquier turista que visitase a Seúl se encontraba un imponente edificio en pleno corazón de la capital que representaba el imperialismo japonés. Sin lugar a dudas la presencia de este símbolo colonial fue durante décadas una espina clavada para los coreanos y, mientras otros edificios de la etapa colonial fueron respetados por su valor histórico, el edificio del gobernador general fue desmantelado debido a lo que representaba y al lugar que ocupaba en el corazón de la capital. Esto hizo posible, además, restaurar la importancia de Gyeongbokgung como símbolo de la nación.

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