En el estudio de… Kim Bora (김보라)

Por Adrián Tomás Samit // Traducción entrevista: Jinwoo Cheon

Nos adentramos en las estrechas calles del barrio Wonhyoro (Yongsan-gu) de Seúl. Kim Bora (김보라) nos recibe en su pequeño pero acogedor estudio; aunque ella prefiere no llamarlo así, pues “más que estudiar, a mi me gusta jugar, explorar…”. Kim Bora es una de las artistas no reconocidas internacionalmente que residen en la metrópolis pero que tras mucho esfuerzo han logrado hacer de su vocación su trabajo, en una sociedad donde la cultura está en constante detrimento.

La Universidad Hongik de Seúl fue el lugar donde Bora comenzó a desarrollar su arte. Una obra única y muy personal que surgió de sus estudios en arte textil antes incluso de entrar en la facultad, como nos comenta rememorando su infancia: “desde que era niña me encantaba dibujar, y mi madre siempre estaba conmigo tejiendo ropa. Más adelante, una profesora me recomendó este departamento de arte textil y entré allí pensando en la forma de dibujar con los tejidos”. Comenzados sus estudios, éstos no le satisfacían al estar enfocados “solo en el diseño y su valor comercial”, pero le permitieron encontrar un trabajo en una empresa de diseño de ropa y zapatos. Aunque durante este periodo, como ella misma nos cuenta, “estaba impaciente”.

Finalmente, Bora dejó aquel empleo y decidió que “haría mi propio trabajo”, comenzando con algunas exposiciones colectivas donde su estilo comenzó a destacar por su originalidad. Su trabajo principal es aunar pintura con bordado sobre tela, logrando una textura única que da vida a la obra. También el uso de colores vivos dota a sus trabajo de mucha energía y vigor. “No quiero hacer algo común y aburrido. Siempre busco algo único”. Y reconoce que aunque sus estudios no le gustaron, le ayudaron a desarrollar y “tener sentido del arte textil, coser sobre un dibujo en lugar de repasarlo con lápiz. En la universidad me gustaba una clase de tapiz que… quizás me influyó”.

Detrás de su trabajo también se respira una personalidad alegre, moderna, desenfada, y con una gran relación con la naturaleza. En sus últimos trabajos podemos ver como la forma de las plantas, sus tallos y raíces, le sirven de inspiración. “A mi me gusta la gente. La gente es parte de la naturaleza, así que dibujo bosques, árboles, brotes que nos miran… que intentan hablar con nosotros”. Y sus trabajos no solo se reducen a un telar, Bora también sale a la calle para hacer arte urbano dándole “naturaleza” (pintada) a las calles, muros, furgonetas, etc. “Me gusta la idea de hacer crecer las hierbas a través del cemento. Considero que un muro o una furgoneta vieja con lugares muy adecuados para dibujar”.

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La actividad de Bora no se reduce solo al arte plástico. También tiene mucho contacto con el mundo del teatro y la escenografía, y es que como nos dice: “Yo hago casi todo lo que me parece interesante. Cuando era más joven me gustaba el teatro. Actuando en una obra podía ser totalmente otra persona y viajar a otro mundo”. Bora comenta que hacía tiempo que no recordaba esto y es que cuando “tenía 39 años, ya para entrar en los cuarenta y pensando lo que no había logrado en mi vida, decidí entrar en un grupo de teatro. Pero fue muy difícil para mi y sentía que no encajaba”. Pero Bora descubrió que podría participar de otras maneras en la escena teatral. “Me gustaba dibujar a los actores, hablar con ellos, lo que me hizo caminar hacia el área de la escenografía”. Y desde entonces su trabajo sobre tela logra una tridimensionalidad especial en el escenario.

Kim Bora es una artista constante, que no deja de crear y participar en cada oportunidad que aparece en su trayectoria, pues ser artista en Seúl obliga a esforzarse en todo momento. En este tiempo, Bora, además de escenografías, ilustraciones para libros y otros trabajos, ha realizado cuatro exposiciones individuales y varias colectivas. Recuerda con mayor cariño aquellas que hizo en “Suyuri” (수유리), “en una pequeña casa en la falda de la montaña donde podía compartir los sentimientos de los senderistas” y otra en Yang-pyong en el barrio de Kyeongi-do, donde “construí un muro para colgar los cuadros y dibujos a la orilla del río, pareciendo estar en un barco. Fue genial”. Bora también nos avisa de que su próxima exposición individual será a partir del 20 de abril en “Kwak Gallery” (곽갤러리), al lado de la estación Yangpyeng y Ashin.

Como mujer y artista, le preguntamos a Bora sobre la situación de las mujeres (y artistas) en Corea del sur, a lo que prefiere ser comedida y decirnos que “no quiero mencionar que las situación es oscura, no muy buena. Pero yo intento mirar a mi alrededor y ser siempre positiva”. Esta situación también afecta a la hora de recibir ayudas o apoyo por parte del gobierno, “nunca he recibido suficiente apoyo”, y a hacerse un hueco en la gran urbe que es Seúl. “Seúl… es difícil explicar como es. Pero estos días la gente, con la cabeza gacha… me inspira mucho”.

Nos encontramos muy a gusto en su cálido estudio, pequeño pero muy vivo y con mucha personalidad, al igual que sus pinturas. Le preguntamos acerca de su personalidad como artista y que le aporta el arte en su vida. Bora nos responde que para ella el arte “es una cosa que me hace aguantar la vida”. Bora tiene un lema, difícil de traducir al español pero que podríamos sintetizar como “coleccionar todo lo que se ha dispersado y dispersar todo lo que se ha coleccionado”. Esto nos lleva a preguntarle por aquellos trabajos que ha hecho y que mejor recuerdo le traen: “un bol de arroz dibujado a lápiz y otro que se titula “Está bien/Tranquila”, que mi madre quiere colgar en su cuarto. Ambos viven por si mismos, me consuelan y me cuidan mucho”.

Nos despedimos de Bora con una sonrisa y la sensación de haber descubierto a una de las pocas artistas con un trabajo único e independiente, oculto a las grandes salas pero siempre accesible a aquel que quiera acercarse a verlo cuando surge por alguno de los rincones de Seúl.

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