Artesanías canarias: exquisitez insular
“Los bordados y calados que realizan las mujeres de este archipiélago tienen un sabor tan propio y tan mágico…”
Por Montserrat Piñeiro
Fotografía por Tomas Correa
Las Islas Canarias son parte de España y al mismo tiempo pertenecen a otro mundo, al mundo insular, tropical, donde la vida semeja ser vacaciones eternas –y no dicho en un mal contexto-. El sabor de boca que nos deja una visita a esas ínsulas es particular. Ni Malta ni Cuba ni ninguno de los territorios caribeños pueden compararse a estas islas mediterráneas que tienen una personalidad tan particular.
Una rica historia que involucra emigrantes, inmigrantes, emigrantes retornados, guanches, bereberes, mallorquines, portugueses, genoveses, flamencos, judíos, africanos, andaluces y extremeños dio por resultado un bellísimo mosaico de colores, formas y texturas que guardan todas esas piezas magistrales que adornan las calles de estas ínsulas.
En los enramados de los balcones, en los puestecillos, en las tiendas y en los talleres se aprecia la riqueza y la destreza de las manos canarias, los cuadros son bellísimos cuando vemos a personas de edad avanzada cuyos años y sabiduría no les pesan porque la pasión siempre los levanta y pone a sus manos a practicar lo que dominan a la perfección.
Los bordados y calados que realizan las mujeres de este archipiélago tienen un sabor tan propio y tan mágico… Ellas dejan una parte de su alma en cada puntada y en cada movimiento que logra cuadros y círculos perfectos. Y cuando observamos esos mantos y textiles colgados con gran encanto, quisiéramos correr a envolvernos en ellos y llevarlos a nuestras casas para vivir resguardados bajo su armonía.
Las cestería, por su parte, se antoja exquisita, rústica, pacífica y tan auténtica que dan ganas de quedarse a vivir allí para poder usar a diario uno de esos sombreros e ir a hacer la compra al mercado con aquellos bellos canastos.
La alfarería o loza conserva la técnica del urdido, y sigue manteniendo un profundo carácter tradicional que puede hundir sus raíces incluso, en el período prehistórico de las islas. Las pocas cuevas en donde se realizaba esta actividad y que eran excavadas en zonas de toba volcánica nos producen ansias de regresar al pasado y de evitar el bullicio turístico y la especulación hotelera. ¿Qué hubiera sido de estas islas si siguieran vírgenes?
La riqueza en canteras, palmeras y cañas
La cantera de Piedra Roja de Tamadaba, la cantera de Piedra Verde de Tirma, la de Ayagaures, la de Piedra de Ocre de Teror, la de Piedra Blanca de la Presa de Pinos de Arucas, la veta de la cantera de Gáldar, la cantera de Piedra de San Lorenzo, la del Monte y la de Piedra Azul de Arucas, todas ellas aún activas aunque con extracción limitada, aún se explotan para construir viviendas, molinos, hornos, bancales y cercados.
Y ahí, en los fondos de los barrancos, en donde estaban los cañaverales, es donde los ahora ancianos nos cuentan que ubicaban sus talleres para tener la materia prima a la mano y tejer su cestería de caña, una actividad heredada hace cientos de años, en riesgo de desaparecer por la manipulación excesiva del medio ambiente.
La cestería de pírgano o palma es otro emblema canario que está sujeto a la existencia de palmeras importantes y cuyo producto se asocia al transporte de elementos pesados, de ahí que se vincule con las actividades constructivas y con las zonas dedicadas a monocultivos de explotación.
Música, cuchillos y jaulas
El timple, el instrumento musical canario por excelencia, cuyo sonido es el soporte melódico y rítmico de la generalidad de rondallas y parrandas, requiere de artesanos dedicados y expertos que compartan menos de su tiempo con las guitarras, los laúdes y las bandurrias, quienes acompañan al protagonista musical con sus propios matices canarios.
Las empuñaduras de los cuchillos complementan el folclor con la utilización de técnicas de taracea, cuyos ejemplos más conocidos los encontramos en la España árabe (en Toledo y Albacete). Dicha técnica consiste en embutir entre la madera, piececillas de concha, de nácar y de hueso, que adquieren formas geométricas y contrastes cromáticos.
Y las jaulas vacías que observamos en tantas paredes, con formas tan estéticas y trabajo minucioso, tal vez algo tan simbólico de Canarias que se niega a desaparecer aunque su funcionalidad sea ya limitada… Esas prisiones de las aves cantoras conocidas como “pájaro canario” tuvieron su uso constante en el siglo XVI, cuando la abundancia de esas aves en las islas y su comercialización en Francia e Inglaterra implicaba una fuerte demanda de estas piezas artesanales. Ahora solo continúan su existencia de forma más decorativa que utilitaria.
Por último, los objetos confeccionados con junco y palma recuerdan la época prehispánica y su riqueza, cuando los aborígenes canarios aprovechaban esa fibra para elaborar esteras con las que amortajar a los muertos, bolsos, piezas rectangulares y circulares como colchones. En nuestros tiempos todo ello se ha transformado en costureros, sarandas, floreros, protectores para las garrafas de vino y en balayos.
Pues hemos expuesto brevemente la riqueza artesanal de Canarias, para inspirar a los que aún no han estado ahí y para ayudar a recordar a todos aquellos que han visitado el archipiélago. Lo que queda a los lectores es analizar la situación y decidir qué teoría es la más cierta: si el auge turístico ayudó al redescubrimiento de la artesanía canaria y del arte popular o si causó un efecto más bien negativo: el que las artesanías se convirtieran en un souvenir . Muy posiblemente la respuesta dependa de cada visitante y comprador. Y es que es necesario preguntarnos no solo en el caso caso de Canarias: cuando compramos una artesanía ¿qué es lo que nos lleva a hacerlo?
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