Cercanías, a la cultura e historia
“El río Tajo da la bienvenida y augura belleza y tranquilidad a los visitantes de esta comunidad aledaña a la gran urbe”.
Por Javier Molina
Fotografía por Francis Cassidy
Los minutos en el tren de cercanías se van entre las letras impresas del periódico del día, los mensajes instantáneos y alertas de las mil aplicaciones en el teléfono, y las superficiales charlas aledañas. Madrid se va perdiendo atrás y su bullicio y fiesta se vuelven difusas, casi imperceptibles, de repente al noreste está Alcalá de Henares, al noroeste El Escorial, al sur Aranjuez y entre esos tres lugares otros cientos de comunidades con una identidad única e historia impresa entre sus calles, todos conectados a la capital por ferrovías y accesos concebidos para facilitarnos visitas de un día, o si bien dos.
Alcalá de Henares
Debajo de la sombra de Cervantes pasan un centenar turistas en cuestión de minutos. Muchos de ellos voltean hacia lo alto de la escultura, sacan una foto y siguen su paso hacia los teatros, restaurantes, tiendas o demás locales de servicio que se nutren de la conspicua reputación del Manco de Lepanto. Sin embargo hay quienes se detienen a ver la forma de la cara y la expresión del cuerpo de aquél que dejó para la eternidad y el gusto de muchos los párrafos más acabados que haya gozado la literatura en español. Esos cuantos transeúntes serán aquellos – asumo – los que en alguna clase o por el simple destino del estante en el librero, leyeron pasajes de un caballero hidalgo que hizo una realidad más ad hoc para su frágil cuerpo y cultivo una envidiable grandeza más palpable que su espada y las correas de su rocinante.
Si bien a esta pequeña ciudad a minutos de Madrid se le adjunta al mito de Miguel de Cervantes Saavedra, no es totalmente cierto que empiece y acabe en el autor. En ella también residen historias cercanas a tres culturas que en su momento convivieron bajo un mismo dominio, aunque diferentes credos. Las calles empedradas con sus edificios de arquitectura medieval albergaron sinagogas, iglesias y mezquitas por igual, otorgándole un dote visual que permanece hasta el día de hoy. Además de las construcciones religiosas, en 1293 la Universidad Complutense, una de las más celebradas instituciones educativas, vio sus inicios bajo el auspicio del rey Sancho IV de Castilla. La universidad se mudaría a Madrid en el siglo XIX, dejando sus recintos vacíos hasta 1977, cuando la también reconocida Universidad de Alcalá abriera sus puertas. Hoy, ese espacio académico es precisamente un universo de razas, naciones y religiones con estudiantes de cada rincón de la tierra inscritos en sus programas, la mayoría de ellos dedicados al estudio del español.
Lejos de las exigencias inherentes a la educación, Alcalá, cuyo nombre proviene de la palabra árabe que significa fortificación, también es sede de uno de los festejos más alegres, coloridos y sonoros de España titulado “La noche en blanco”, una inolvidable oda a las artes, en donde las calles del centro, la Plaza de Cervantes y sus zonas aledañas se transforman en escenarios y centros de exposición dedicados a los miles de residentes y extranjeros que disfrutan de una cargada dosis de cultura.
El Escorial
El Sitio Real de San Lorenzo de El Escorial es un palacio, un monasterio, una necrópolis, una colección de historias que se impregnaron a lo largo de reformas, contrarreformas, fascismo, revolución, monarquía y democracia, y un mito que perdurará en los años para los españoles y extranjeros. Pasearse por sus salones, la basílica, el panteón y jardines es abrir capítulos de historia – ese magma uniforme que lo ha recorrido todo y nos deja a su paso más preguntas que respuestas – a través de compendios, ilustraciones y objetos que hablan de lo real en su concepción divina, y más humana.
Felipe II, como parte de su esquiva visión a la Contrarreforma que dominaba en Europa durante el siglo XVI, decide encargarle al arquitecto Juan Bautista de Toledo un proyecto del cual emane la esencia de España como centro del cristianismo. Su locación, en lo alto del Monte Abantos, en la Sierra de Guadarrama, es austera y por momentos desalentadora, pero quizá sean esos toques de gris y el desperdicio de las minas que algún día dieron riqueza a la zona lo que le otorgue un carisma sacrosanto al aposento.
El recorrido de un turista curioso, que parte del pueblo homónimo situado a un costado de la imponente construcción, inicia en la fachada principal y sus elaboradas puertas que dan lugar al Patio de los Reyes. De inmediato el visitante apercibirá la Basílica de toques gótico tardío, cuya cúpula asemeja en belleza y detalle a la de San Pedro en el Vaticano. Unos pasos por dentro de ella y el panteón de los reyes espera escalones abajo, a media luz y con un aire quizá todavía enviciado por la grandeza de aquellos que descansan ahí, igual Borbones que Habsburgos, todos rodeados de bronce y mármol, todos hechos eternos. Una vez más fuera, en el siguiente espacio abierto de nombre el Patio de los Evangelistas, el caminante debe optar por el Palacio de los Austrias o el pomposo Palacio de Felipe II y sus múltiples salones adornados con frescos, de los que destaca el Salón de las Batallas con paredes narradoras de las victorias militares de una España bélica y conquistadora siempre ansiosa y pendiente de sus aliados y enemigos.
Son horas, ciertamente no más de una mañana con su tarde, las que se necesitan para admirar esta obra arquitectónica suplementada por creaciones artísticas de un carácter religioso, pero también humano, ¿pues qué no somos nosotros los que personificamos aquello que la razón no puede entender?
Aranjuez
El río Tajo da la bienvenida y augura belleza y tranquilidad a los visitantes de esta comunidad aledaña a la gran urbe. El caudal de éste se entrelaza con el río Jamara en una zona que tiñe de verdes los extensos terrenos naturales imaginados y elaborados en el corazón de Felipe II, quien durante el siglo XVI decidió situar uno más de sus palacios aquí, entre una sublime paz y unos inspirantes paisajes.
Desde la estación de tren, una obra de estilo neomudéjar, hasta la plaza de toros, una de las primeras en la península ibérica, todo el pueblo reúne un toque magistral que culmina su expresión en el Palacio Real y sus jardines, de esplendor tal que fue ahí donde el compositor Joaquín Rodrigo se inspiró para brindarnos el Concierto de Aranjuez: un pieza musical para guitarra y orquesta llena de todo lo que visualmente puede transmitir este lugar.
Una tarde para el gusto y el espacio espera al turista que decida extraviarse entre los callejones del poblado o los salones del palacio, un día para escucharse a sí mismo rodeado de monumentales inmuebles y delicados detalles que inundan a Aranjuez.
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