Democratización y tecnología: El Partido de la Red en Argentina
“El ciudadano hacker devino en activista y político hacker”.
Por Eduardo Luciano Tadeo Hernández
Si la imprenta trajo consigo un cambio de paradigma en el quehacer político que trasciende hasta nuestros días al revisar un texto constitucional impreso, las nuevas tecnologías de la información exigen un cambio importante en el modus operandi de la democracia. La clase política debe actuar en consecuencia, pues no puede vivir anacrónicamente. Por esto y para hacer reflexionar a los ciudadanos, el presente texto analiza la posibilidad de democratizar haciendo uso de la tecnología y la experiencia-evidencia de un partido político argentino.
Democratizar tecnológicamente ¿utopía?
Diego Beas reconoce que en la discusión sobre la influencia tecnológica en la política, el discurso y su respectivo contradiscurso crean una postura dicotómica, que imposibilita un análisis más adecuado: “el problema con el debate actual sobre el impacto de las tecnologías de la información en la política –reducido, en esencia, a los llamados tecnoutopistas versus los tecnofatalistas– es la falta de imaginación al pretender explicar las posibilidades y meandros que surgen de poner la tecnología en el centro de la esfera pública”.
La tecnología no tiene agenda política. Por tanto, el impacto del uso de las tecnologías de la información ( tics ) depende de los intereses de una persona o un grupo específico. La tecnología no democratiza per se , pero tampoco consolida regímenes autoritarios de manera natural. Por ello, la clase política de las democracias representativas tiene el deber de garantizar que este recurso cotidiano sirva al propósito de democratización del régimen.
Para Javier de la Cueva “hacer política en la era de internet exige, además de las relaciones con sus semejantes, mantener unas relaciones contractuales privadas con quien nos surte de ordenadores, software, conexiones y escenarios”. Suponiendo que un legislador quiere emitir informes cotidianos a sus votantes vía internet, para mantener una página web requiere pagar un derecho de espacio virtual, de otra forma, si decide crear una página en sitios gratuitos, estos pueden decidir cuándo eliminar la página y todo el trabajo realizado se iría al hoyo negro del mundo cibernético. Los billetes acompañan el intento de democratizar desde la tecnología.
Sin embargo, el impacto de las tics va más allá de fungir como un canal de comunicación o un negocio, el punto medular descansa en la relevancia que tiene para el goce de los derechos humanos; desde los civiles y políticos hasta aquellos relacionados con el desarrollo sustentable. Pero ningún derecho podrá ser realmente respetado si el sujeto –poseedor natural del derecho- no lo conoce o contribuye a su protección. Es importante la participación ciudadana y el interés de la comunidad en la política, desde la cual las élites deciden leyes que afectan los cuerpos y las formas de vida de las personas y, en consecuencia, sus derechos.
Algunos autores reflexionan que es difícil que las instituciones políticas se adapten a las tics . Así, Joan Oriol, por ejemplo, sostiene que esto sucede porque “las instituciones políticas…no están descentralizadas y sí integradas verticalmente, no tienen relaciones laborales flexibles y no son de nueva creación”. Aunque habla con razón, hoy en el mundo observamos proyectos que buscan terminar con la total verticalidad y descentralización, no ignorando o deslegitimando el sistema, sino cambiándolo desde adentro. Habrá que observar si esta nueva elite se convierte en una elite tic democratizadora o tan sólo deviene en una “elite cognitiva”(desde la visión de Tyler Cowen), acumuladora de riquezas por su entendimiento de la profunda relación entre la política y la tecnología.
Ciudadanos políticos, políticos hacker
En Argentina, al sur del continente americano, el Partido de la Red se pregunta ¿Y si usamos red para mejorar la democracia? Con esta pregunta accionan el pensamiento crítico y lo dirigen a la acción, exponiendo así el leitmotiv de la existencia de la organización política y la razón para hacer política de sus integrantes.
La propuesta es una lanza letal antes quienes creen imposible cambiar los problemas sistémicos desde la estructura. En 2012, un grupo plural, integrado por activistas de la sociedad civil, militantes de la política, profesionales de la tecnología, profesionales de la comunicación social y la educación, se reunió a fin de generar un debate crítico. El encuentro de las ideas, a través del lenguaje, se convirtió en un mega proyecto, cuya consigna fue “crear un software con el potencial de hackear el sistema político partidario actual y transformarlo”.
El ciudadano hacker devino en activista y político hacker . Así nace el Partido de la Red, para establecer una democracia en Red, contribuyendo al sistema representativo. Los militantes comprenden la importancia del internet para la mejora de la democracia. Basados en la participación ciudadana, buscan hacerla directa y representativa.
Una de las formas de hacer a los ciudadanos participes de la toma de decisiones en el congreso es utilizando una plataforma ( http://dos.partidodelared.org/ ), en la cual se exponen los proyectos de la actual legislatura y la población emite su voto en contra, a favor o abstención. Así se rescata el interés ciudadano para decidir sobre asuntos locales, regionales e internacionales.
Entre los proyectos que los ciudadanos han votado es notable una postura común a rechazar aquellos encaminados a reconocer personalidades destacadas en ámbitos como los deportes, la medicina o los derechos humanos. Los votantes consideran que estas medidas no son sustanciosas y hay otros temas prioritarios. Sin embargo, parece haber una clara intención de apoyo a proyectos internacionales, aunque hasta la fecha (30/12/2014) la votación no cierra, se nota claro respaldo a la iniciativa para la adhesión de Buenos Aires a la campaña de ciudades resilientes de la ONU. Lo importante de esta forma de participación es que se brinda al votante la posibilidad de informarse –a través de enlaces de páginas sobre el tema en cuestión-. Así se generan ciudadanos más conscientes de sus decisiones, por un lado, y de los problemas sociales, por el otro.
Aun y con el éxito que el Partido de la Red ha tenido en Argentina, resulta primordial continuar observando su desarrollo muy de cerca, sólo así podrá confirmarse si ha sido un proyecto viable y, sobre todo, si ha logrado en el siglo XXI cumplir con la promesa de una democracia representativa, directa y participativa. Será la huella que América Latina requiere para hacerle ver que la tecnología puede coadyuvar al sueño perenne de la consolidación y la mejora de la calidad democrática.
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