El vuelo de una danza
“El pensamiento de los totonacas estaba basado en el origen del mundo, las cosas en él, del hombre y de su interacción con la naturaleza”.
Por Dafne Nallely García López
Fotografía por Wikipedia
La historia detrás de la danza ceremonial de los voladores de Papantla emerge de la bruma del pasado. Sus orígenes se remontan en la época prehispánica, donde la finalidad del ritual era pedir lluvia en los largos periodos de sequía que sufría la región. Debido a la destrucción de la mayor parte de los documentos y de los códices de las culturas indígenas durante la invasión española en México, la información que conocemos actualmente proviene de la transmisión oral y de algunos materiales escritos por los primeros visitantes a la Nueva España (hoy México) y que fueron recuperados y estudiados por antropólogos e historiadores. Se cree entonces que el rito se remonta desde el periodo Preclásico de Mesoamérica (que comprende los siglos 2000 al 150 a.C.), famoso por los acelerados cambios tecnológicos, en especial en lo que respecta a la agricultura, y que permitió el desarrollo de la culturas olmeca -considerada la cultura madre- y que de ella emanaron las culturas zapoteca, la maya, la teotihuacana, la mixteca, la tolteca y la mexica. El paso a otros pueblos permitió al rito una intrínseca relación con los sacrificios y los cultos de fertilidad, enriquecida con elementos religiosos en la época Posclásica (del 900 d.C. al 1521, periodo de la Conquista). Es precisamente en esta época en la que la cultura totonaca tuvo su origen, hacia el año 200 d.C., en la región Totonacapan, que se encuentra a lo largo de la planicie costera del hoy estado de Veracruz, en la Sierra Norte del estado de Puebla y una pequeña parte del estado de Hidalgo. El pensamiento de los totonacas estaba basado en el origen del mundo, las cosas en él, del hombre y de su interacción con la naturaleza. Sus dioses, integrados en dicho universo, eran los responsables de crear el cosmos y eran liderados por una deidad suprema: el Sol. Para congraciarse con ellos, los totonacas realizaban sacrificios y ritos entre los que se encontraban la Danza de los Voladores, una ceremonia heredada de las costumbres religiosas del Tajín (en ese entonces, la capital del estado totonaca) que estaba orientada al dios de la fertilidad, Xipe Tótec, para pedirle lluvia debido a un largo periodo de sequía que afectaba sus cosechas.
En esta zona arqueológica precolombina. cerca de la actual ciudad de Papantla, Veracruz, (conocida por hacer sido una ciudad sagrada y centro ceremonial importante), el rito empezaba con la selección del “palo volador”. Se ponían en busca del árbol más alto y recto y permanecían con él toda la noche, ayunando y pidiendo para que el árbol les ayudara en su meta. En el rito del corte se hacía una ceremonia para pedir perdón al bosque por cortar el árbol y se ofrecían ofrendas mientras los danzantes bailaban alrededor. Después de cortarlo entre los 5 integrantes del ritual, más la comunidad, lo llevaban consigo de regreso, sin que tocara la tierra, a su aldea y así pelarlo y tallarlo para finalmente ajustarle varias piezas más: una pequeña base de madera, una cruz, un pivote (o manzana) que unirá y permitirá el giro, y una escalera unida al palo. Finalmente, fijaban el palo en forma vertical en un agujero previamente cavado y bendecían el sitio con ofrendas rituales acompañados de música. Dentro de todo el proceso, a las mujeres se les estaba prohibido tocarlo, ya que ello era una señal de mal augurio. Posteriormente, los “sones del volador” comenzaban a escucharse suave y rítmicamente de la flauta-tambor del caporal, músico y danzante que hace la función de sacerdote y guía en el ritual. Cuatro hombres más salían “a escena” haciendo la danza Hua-hua (o la “danza de la Guacamaya”) con un traje colorido confeccionado con auténticas plumas de aves y flores de tela o naturales asemejando su apariencia a pájaros con la esperanza de atraer la atención del dios a su petición, y empezaban a subir por la escalera uno a uno al “palo volador” hasta la punta en la estrecha base de madera y ahí los cuatro danzantes (representando a los cuatro puntos cardinales) tomaban las cuerdas de zacate amarradas con fuerza a los extremos de la cruz para amarrarse los tobillos o la cintura a la espera de la breve pero peligrosa ceremonia del caporal (que representaba el centro). Ésta consistía en una danza enérgica en dirección a los puntos cardinales al tiempo que seguía tocando la flauta y el tambor, sin una cuerda como los otros danzantes. Terminada la ceremonia, seguía el turno de la danza del volador” (conocida en Papantla como el “vuelo de los muertos”), la cual era el descenso de los danzantes que hacían girar el pivote mientras caían de cabeza y con los brazos extendidos hasta llegar al suelo, haciendo una semejanza a la caída de la lluvia. Giraban 13 veces cada uno de ellos, aparentando descender por los 13 cielos del dios Sol, que en total daba 52, símbolo del ciclo de 52 años del calendario indígena o Xiuhmolpilli.
En el momento de la Conquista, la Iglesia estaba en contra de los rituales y adoraciones indígenas, a las cuales consideraba prácticas paganas. No fue hasta que se combinaron estas creencias con la religión católica que se permitió de nuevo el vuelo del volador más para entretener que para lo que fue creado originalmente. Después de un tiempo, el ritual cayó en desuso al punto que sólo algunas culturas indígenas la seguían realizando. Su permanencia hasta nuestros días se debe a los grupos nahuas y totonacos de la Sierra Norte de Puebla y el Totonacapan veracruzano. Siendo difundido principalmente en Papantla, Veracruz; ésa es la razón por lo que a los voladores en general se les conozca como “voladores de Papantla”. Si bien corre el peligro de perder su esencia original, las personas que continúan con la tradición (con ligeros cambios modernos en sus trajes y materiales para el ritual) actualmente lo hacen por orgullo a sus raíces y por mantener viva una herencia cultural inspiradora.
- En el estudio de… Joo Eun Bae
- Jeju Olle, el Camino de Santiago coreano
- Clase de cocina coreana con Jinnie: samgyetang & pepinos y raíces de flor sazonados
- “Este día no será el último”, un viaje contra el cáncer.
- Torre de la Catedral
- Clase de cocina para hacer dongdongju


