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Archivo · Historias y raíces

La Hispania céltica

Ilustración

“En los finisterres remotos del Atlántico, y en zonas apartadas del Imperio, algunos rasgos, lenguas y tradiciones célticas lograrán sobrevivir”.

Por Gonzálo Rodríguez

Fotografía por Lucia Morales

“La Céltica es uno de los referentes identitarios de Europa. De las raíces protohistóricas de Europa. Siendo el elemento central de una serie de pueblos que desde finales de la Edad del Hierro pasarán de la protohistoria a la Historia, de mano de su encuentro y enfrentamiento con Roma”.

Preguntarnos por la Hispania céltica y en general por la Hispania prerromana es preguntarnos por nuestras raíces y patria originaria.

La Céltica europea y la Céltica hispánica

La Céltica es uno de los referentes identitarios de Europa. Siendo el elemento central de una serie de pueblos que desde finales de la Edad del Hierro pasarán de la protohistoria a la Historia, de mano de su encuentro y enfrentamiento con Roma. La Céltica fue Centroeuropea, pero también Atlántica y Peninsular o Hispánica, surgida en las postrimerías de la Edad de Bronce y caracterizada por sociedades fuertemente jerarquizadas y de un prominente componente ideológico de corte “guerrero”. Al frente de estas sociedades se encontrarán así grupos aristocráticos de verdaderos “señores de la guerra”. Armados y a caballo, en sociedades fundamentalmente ganaderas, dispensadores de protección y hospitalidad, controladores de pastos, rebaños, cañadas y abrevaderos; así como de las rutas de intercambio, comercio y abastecimiento del  bronce.

Con la llegada en el siglo VIII a.C. de la tecnología del Hierro, se producirán toda una serie de transformaciones y desarrollos socioeconómicos que sin embargo, no alterarán los fundamentos ideológicos de estas sociedades “guerreras”, que ya en la siguiente centuria y en el corazón de Centroeuropa (en torno a los nacimientos del Rin, Ródano y Danubio) hará surgir la llamada cultura del Hallstatt y por ende, de sus príncipes guerreros. Al mismo tiempo en las tierras altas del oriente de la Meseta, en la península Ibérica, en la futura Hispania, asistiremos a la aparición de los primeros poblados fortificados y las primeras necrópolis de incineración. Es el nacimiento de la cultura celtibérica, más modesta que la cultura del Hallstatt, pero igualmente basada en la preponderancia de élites guerreras.

De los príncipes guerreros de la cultura del Hallstatt (clara representante de la primera Edad del Hierro) surgirán como descendientes directos la “Jefaturas” de la cultura de la Tené. En las que se reforzará el ethos guerrero y se desarrollará el fenómeno de las expediciones de saqueo. Las razzias de ganado y el bandidaje. Así como toda una “mística” del combate, los campeones guerreros, las männerbunde o sociedades de Hombres, y los banquetes comunales de confraternización y exaltación guerrera.

Estaríamos ya en el ciclo de una cultura propiamente céltica que tendrá durante mucho tiempo y desde la perspectiva del estudio académico, el mundo “lateniense” como el más genuino exponente de dicha celticidad, así como el más claro representante de la segunda Edad del Hierro. Hoy día este planteamiento ha quedado totalmente trasnochado, y se sabe que el fenómeno céltico sería mucho más heterogéneo y polimorfo. Hasta el punto que muchas veces y para registros arqueológicos “latenienses”, no se darán poblaciones necesariamente célticas. En cualquier caso lo que sí que será cierto es que a partir del siglo V a.C. para las “Altas Culturas del Mediterráneo” las gentes móviles, seminómadas y guerreras, de la Europa central y occidental, serán un vasto grupo étnico al que se denominaría de modo genérico como celtas. Caracterizándosele principalmente por su salvajismo y barbarie

Estos celtas a comienzos del siglo IV a.C. y desde los focos célticos del oriente de la actual Francia se expandirán por el valle del Po y por el Este, siguiendo el curso del Danubio y alcanzando por un lado las estepas del noroeste del mar Negro, y por otro los Balcanes. De donde pasarán a Grecia y de ahí a la península de Anatolia: Los futuros Gálatas, límite oriental de la Europa céltica. Es la época de las grandes migraciones célticas, algunas de las cuales llegarían a causar pavor en las tierras mediterráneas. Caso del saqueo de Roma en el 390 a.C. o del santuario de Delfos en el 279 a.C. Estos encuentros entre las altas culturas del mediterráneo y el mundo céltico generarán no solo ya el uso generalizado de términos como Keltoi, Celtae, Galli, o Galatae. Sino además el estereotipo del celta como guerrero bárbaro, salvaje y agreste, caracterizado por la ferocitas y el furor .

Es importante señalar con respecto a estos grupos migratorios, que básicamente serán celtas latenienses centroeuropeos. Esto es, celtas cuya “celticidad” será diferente de las formas culturales célticas que se estaban dando en ese momento en Britania, en la propia Galia atlántica, y desde luego en la Hispania céltica. Distintas “provincias” de la Europa céltica que en el caso concreto de Hispania, desarrollará de forma en cierta medida independiente su propia celticidad, incluyendo áreas abiertamente arcaicas más próximas a la antigua raíz indoeuropea, que a los propios desarrollos culturales célticos continentales. En cualquier caso lo importante será tener presente como lo céltico trasciende el marco cultural lateniense y adopta diversas formas a lo largo de toda su área de expansión. Desde el Atlántico, hasta el interior de la actual Turquía.

Llegado el siglo II a.C. los celtas habrán generado ya una cultura urbana en la llamada civilización de los oppida . Grandes centros fortificados considerados ciertamente como “las primeras ciudades europeas”. La céltica se estaría acercando a la estatalidad y estaría generando su propio modelo de “civilización”. Sin embargo un fuerte viento en contra se estaba levantando frente a tal posibilidad. Roma se había convertido en una potencia militar y cultural formidable y estaba conquistando la Galia e Hispania. Al tiempo desde el norte, los germanos presionaban las fronteras septentrionales de la céltica, y en el Danubio medio, los Dacios, también de origen germano, desplazaban a las tribus celtas allí establecidas. Así, hacia finales del siglo I a.C. la mayor parte de la céltica había sido sometida al poder de Roma, y las fronteras entre “civilización y barbarie” se trasladan entonces a los ejes del Rin y el Danubio. Quedando al norte los germanos y los Dacios. La céltica se romanizará y sus rasgos culturales propios se diluirán en la personalidad de Roma. La cual y para entonces, se universaliza de mano del Imperio.

En los finisterres remotos del Atlántico, y en zonas apartadas del Imperio, algunos rasgos, lenguas y tradiciones célticas lograrán sobrevivir. Es la mitología irlandesa del ciclo del Ulster o el folklore británico del ciclo artúrico, que recreará leyendas y fondos de indudable raíz céltica Pero no será solo en las islas Británicas que queden en este tipo de pervivencias. También podremos encontrarlas en las intrincadas montañas del norte de España y en los fríos paramos sorianos. Donde determinadas fiestas y costumbres serán últimos rescoldos del ciclo cultural céltico de la antigua Europa .

Dentro de este marco general de la Europa céltica, encontraremos el fenómeno de lo “Hispano Celta”. Célticos, Tartesios, Íberos y Vascones fueron los principales grupos étnicos de la Hispania prerromana. Siendo probablemente Tartesios, Íberos y Vascones, diferentes modalidades de un mismo tronco étnico quizás preindoeuropeo al que genéricamente podemos llamar ibérico

Los celtas por el contrario formarán parte del gran tronco indoeuropeo, y en la Península ocuparían amplias áreas de la Meseta, el Norte y el Noroeste, si bien nunca tendrán realmente unas fronteras fijas y serán frecuentes los desplazamientos y las convivencias. En este sentido, Hispania, situada en el extremo sudoccidental de Europa, constituirá uno de los límites de la céltica europea, siendo al tiempo el lugar del que provendrán las primeras referencias, transmitidas por los griegos, sobre los pueblos célticos como habitantes de la Europa más occidental y atlántica Debiendo recordarse aquí cómo, tras muchos años en los que los estudiosos de la Céltica habían hecho de las culturas del Hallstatt y la Tené los paradigmas de la cultura celta, los estudios llevados a cabo en los últimos años, evidenciarán que el problema de la Céltica, será bastante más complejo polimorfo y heterogéneo. Siendo posible hablar así de una céltica centroeuropea y atlántica.

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Gonzálo Rodríguez

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