Lunes, 19 de octubre de 2026Edición Nº 1 · Julio 2026
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La honestidad, un valor que enriquece a la sociedad coreana

Ilustración

Por Rafael Vejarano

La honestidad se refiere a un aspecto de carácter moral y connota siempre atributos positivos como la integridad, la ausencia de la mentira, del engaño, del robo, etc.  Además, esta cualidad significa ser digno de confianza, leal, justo y sincero. Los actos de honestidad sorprenden a las personas en occidente, parece un atributo del carácter humano que ha pasado de moda o que requiere de respiración artificial,  ayuda para sobrevivir… Sin embargo, aún hay esperanza, en Corea todavía sobrevive la honestidad como un acto natural propio de la cultura del país.

Hace unos días, en la estación del tren, un amigo perdió su cartera, la cual contenía, entre otras cosas, dinero en efectivo, tarjetas de crédito y documentación personal. Dos jóvenes que rondaban los 19 años de edad lo llamaron a su teléfono para informarle que la habían encontrado.

Los chicos esperaron por él durante casi una hora y le entregaron sus pertenencias íntegras. Al contar su historia él comenta: “Creo que no es sólo un acto de bondad al azar, sino que también muestra un alto nivel de  valores morales y sociales”.

Mi amigo, de origen hindú dice que en su país se dice: “ Atithi devo bhava!”, lo que significa: trata a tu semejante como si se tratase de Dios.

Ésta no es una historia aislada, seguramente hemos escuchado anécdotas similares de nuestros amigos extranjeros en más de una ocasión. Recuerdo que en una ocasión, al salir con unos amigos hacia Gagpion para hacer senderismo, Christian, un chico originario de México, olvidó su mochila en el metro. Al bajar y percatarse de ello se dirigió a la oficina de atención al pasajero e informó sobre la pérdida. Inmediatamente avisaron al operador del tren, quien detuvo por un minuto el vehículo en la siguiente estación mientras el personal hacia una inspección rápida. La mochila fue recuperada y enviada en el siguiente tren a la estación de Gagpion con todo su contenido intacto. El hecho sorprendió a todos mis compañeros quienes inmediatamente dijeron:  “esto en mi país nunca sucedería”.

Si bien esto en mi país, Panamá, sería digno de una noticia en primera plana, en Corea es parte de la formación que acompaña la fundación de valores en la familia y en el respeto que encontramos inclusive en la expresión oral al aprender el idioma. Confiamos y nos sentimos seguros. Y es precisamente ese nivel de valores  al que se refiere mi amigo hindú,  el que debemos preservar en nuestra familia, en nuestro trabajo, con los amigos, con nuestro país y la sociedad en general. Ese conjunto de valores que incluyen la honestidad, la bondad, la justicia, la autenticidad, la solidaridad, la sinceridad y la misericordia. Cada valor apoya y sostiene a los demás; juntos forman esa sólida estructura que constituye,  ennoblece y desarrolla nuestro potencial humano.

En Corea la colectividad es más importante que lo individual,  lo vemos en actos tan sencillos como el compartir la mesa, el respetar la propiedad pública, el no tirar la basura en la calle  y así,  en muchos de tantos detalles, valores auténticos que distinguen a los coreanos hoy en día y que son dignos de reproducir en nuestros países. Para lograr el nivel de desarrollo alcanzado en Corea no  sólo basta con ser bueno en los negocios, en tecnología y en servicios, implica también una población educada, formada en valores, conciente de las necesidades de las demás personas y sobre todo de priorizar el respeto. De esta forma esas sorprendentes historias de honestidad las podremos encontrar en nuestros países como una norma natural de conducta social y no como un hecho extraordinario y aislado.

Ñ

Rafael Vejarano

Firma histórica del archivo.