Lunes, 19 de octubre de 2026Edición Nº 1 · Julio 2026
Revista Ñ CoreaEl punto de encuentro México–Corea. En español y en 한국어.
Archivo · Turismo

Recorrer Ávila

Ilustración

“La vida cotidiana de la actual orden de las carmelitas transcurre con la misma austeridad y diligencia de aquella que comenzó Teresa de Ávila”.

Por Jesús Caravallo y Enrique Sancho

Fotografía por Ignacio García Moreno

Tal vez el mejor lugar para comenzar la visita a la Ávila de Teresa de Jesús sea el llamado humilladero de los Cuatro Postes fuera de la muralla, formado por cuatro columnas dóricas de cinco metros de altura construido en 1566 por Francisco de Arellano. Según la tradición fue aquí donde el tío de Teresa logró alcanzar a ella y su hermano Rodrigo tras su frustrado viaje a “tierra de moros” para encontrar el martirio y ganar el cielo. Ya parecía tener claro la santa sus intenciones con apenas diez años. Dicen que Teresa se quitó las sandalias y pronunció la frase: “De Ávila, ni el polvo”. Desde aquí se tienen unas preciosas vistas de la ciudad y sus murallas.

Muy próximo, el puente sobre el río Adaja, de origen romano, seguro que conoció las andanzas de Santa Teresa. No lejos de allí, se levantaba la ermita románica de San Lázaro, hoy desaparecida, donde se veneraba la imagen de la Vírgen de la Caridad (actualmente se conserva en una capilla de la catedral abulense), y a la que Teresa de Cepeda y Ahumada se encomendó cuando, a los 12 años, perdió a su madre Beatriz de Ahumada. En el Convento de Nuestra Señora de Gracia, de la Orden de San Agustín y fundado en 1.509, Alonso de Cepeda ingresó a su hija, en 1.531, para que se formase, pero una enfermedad interrumpió el internado pronto y Santa Teresa regresó a la casa paterna, donde se sometió a la beneficiosa tutela de María Briceño, quien alimentó su deseo de profesar como religiosa.

De regreso al interior de la ciudad, se descubre el símbolo de la urbe: la muralla que la bordea y que la convierte en uno de los recintos amurallados medievales mejor conservados de Europa. Sus dos kilómetros y medio de perímetro se encuentran jalonados por casi 2.500 almenas, casi un centenar de torres, seis puertas y tres portillos. La puerta de los Leales, una de las entradas principales a la ciudad antigua, desemboca directamente en la Catedral, templo con aspecto de fortaleza que fue erigido entre los siglos XII y XIV y cuyo ábside, denominado cimorro, está adosado a la muralla constituyendo el cubo defensivo más voluminoso del baluarte.

Visita imprescindible en el recorrido por la Ávila de Teresa es el Convento de Santa Teresa, construido en 1629 en el solar donde se encontraba la casa natal de la santa. El edificio, de portada barroca, alberga un importante conjunto de tallas realizadas por el escultor Gregorio Fernández, además de una capilla dedicada a la santa que destaca por su profusa ornamentación. En el interior existe un huerto en el que, según la tradición, jugó de niña la mística abulense. Bajo la iglesia del convento se halla el Museo de Santa Teresa, una cripta de 1.500 metros cuadrados en la que puede verse las etapas de su vida.

La ruta nos lleva ahora hasta el Monasterio de la Encarnación, el primer convento carmelita en Ávila. Fue aquí donde ingresó Santa Teresa en 1535, vivió durante más de 20 años y en donde llegó a ser priora en 1571. En el monasterio se conserva el locutorio que usó Santa Teresa durante el tiempo que fue priora. En él merece la pena detenerse en los lugares frecuentados por la escritora, como su celda o la capilla de la Transverberación. Tras abandonar el Monasterio de la Encarnación, Santa Teresa se dirigió al Convento de San José, el primero que propiamente fundó y en el que ya instauró la reforma carmelita. Aquí vivió Santa Teresa entre 1562 y 1567. Su aspecto actual es posterior, ya que Felipe III fue quien construyó el nuevo templo. La vida cotidiana de la actual orden de las carmelitas transcurre con la misma austeridad y diligencia de aquella que comenzó Teresa de Ávila junto a cuatro novicias; como en aquellos años hoy la celda desnuda se integra a una ermita particular en un rincón del huerto.

Para reponer fuerzas

Sin duda, tantas visitas han abierto el apetito, pero no hay que preocuparse, estamos en uno de los mejores lugares para saciarlo. En cualquiera de los restaurantes de la capital abulense es posible descubrir la excelente gastronomía de la zona. Sobresalen los excelentes asados de tostón, cochinillo y cordero, además del famoso chuletón de ternera de Ávila.

No hay que olvidar tampoco otros contundentes platos como las judías de Barco de Ávila, blancas o rojas, las carillas, variedad de judías típicas de la zona, o los garbanzos de la Moraña. Platos como el cocido moragueño hecho con hortalizas y legumbres, repollo al ajo arriero, pimientos rellenos o las populares patatas ‘revolconas’, cocidas y machacadas, y aderezadas con pimentón y torreznillos. Tampoco podemos dejar de probar sus productos de matanza: el lomo, los chorizos de olla y las sabrosísimas morcillas. Si se quiere acompañar alguno de estos platos con un vino de la tierra, nada mejor que los vinos de Cebreros y el Tiemblo. Una buena forma de probar las especialidades abulenses es recorrer los mesones y bares de la ciudad y degustar las populares tapas, entre las cuales las patatas revolconas tienen un lugar de preferencia, así como el delicioso cochifrito o cuchifrito, realizado con carne y especias.

En cuanto a la repostería hay una variedad de dulces típicos como las yemas de Santa Teresa, torrijas, amarguillos, huesitos, empiñonados, natillas, o tartas.

  • Clase de etiqueta: Tea Party Club para niñas
  • Clase para hacer plastilina coreana de arroz
  • Seminario para un estilo de vida saludable: ayunos intermitentes y la dieta cetogénica
  • Clase de etiqueta para niños
  • Clase de etiqueta e higiene para niños
  • Seminario de adaptación cultural en Corea por Adaptable Human Solutions
Ñ

Jesús Caravallo y Enrique Sancho

Firma histórica del archivo.