Tintico, perico y pintado: los cafés colombianos
Una de las grandes cualidades, y a la vez dificultades, del idioma español es su extensión y por ende sus regionalismos. Si bien nos entendemos entre nativos y educados aquí y allá, a lo largo de un contiente o en una península de otro, en ocasiones ni un diploma en lingüística nos salva de la confusión. Pero viajar educa igual que un libro, y tras una visita por Colombia ahora el significado de un tintico, un perico y un pintado ya no es ambiguo, ni curioso, es simplemente un gusto al paladar entre variaciones de café.
Tinto, del otro
El tinto o tintico es la forma más común de beber café en Colombia y cada dos cuadras es posible encontrar un puesto callejero o un negocio fijo que lo comercialice. La frase “¿cuándo tintiamos?”, es famosa para darse cita con los amigos, incluso cuando no se vaya necesariamente a tomar café al encontrarse. Para ellos es sinónimo de hospitalidad, hermandad y afecto.
Mientras que en algunos países hay que pagar una muy variable suma de dinero para poder beberlo, en Colombia se puede degustar de la mano de amigos, conocidos e incluso regalado por los propietarios de algunos negocios.
Regularmente se toma antes del desayuno en pequeñas tacitas o vasos, endulzado en la mayoría de los casos, y se acompaña de un vaso de agua fresca.
En la zona llanera se le llama guarulo al tinto que se endulza con panela (jugo de caña en trozo) y que puede aromatizarse, según la preferencia del que lo bebe, con trocito de canela en rama -por lo regular esta bebida lleva una ligera espumilla blanca en la superficie-.
Se dice que en la costa los granos para hacer el tinto se tuestan más que en el interior del país. Otra curiosidad es que algunos colombianos no aciertan a distinguir entre lo que se llama “café oscuro” y el tintico, algunos explican que el tinto lleva azúcar siempre y el oscuro no. Otras personas afirman que cuando se pide un tinto se da por entendido que la persona lo beberá solo mientras que cuando se pide un café se da por hecho que se acompañará con una empanada o un pan. Sobre este tema existen tantas teorías como personas y regiones en aquella nación de Sudamérica.
Los pericos no siempre vuelan
El perico en cualquier otro lado volaría, más no entre cafetales colombianos, ahí es solamente un café con una nube de leche. Éste recibe también el nombre de pintado y se bebe igualmente en taza pequeña o vaso de plástico, según el lugar y la formalidad de la ocasión (en la calle o en un local).
Atención: En el Valle del Cauca, se utiliza la palabra perico para nombrar los huevos revueltos, así que es mejor limitarse a hablar de pintado en esa zona cuando mencionamos el café con leche porque de lo contrario terminaremos comiendo más de lo planeado.
Otra variedad y algunas costumbres
El carajillo es otra variedad que a pesar de ser ya popular en varios países hispanos, en Colombia es un clásico en la temporada de frío. A diferencia de España, por ejemplo, en donde el carajillo lleva brandy, allí el café se mezcla con el ron local. Su nombre tuvo origen entre las tropas españolas, a tiempos que era era llamado ¨corajillo¨, pues lo bebían para tener fuerza y coraje antes de cada batalla. El paso del tiempo hizo que la palabra se transformara dando lugar al actual término “carajillo”.
Es importante saber que al visitar la Tierra de Colón (por el origen de su nombre) si cualquier persona nos ofrece un café como detalle de cortesía y nuestra respuesta es “no”, la pregunta o invitación no será repetida. Es decir, no habrá insistencia por parte del anfitrión, así que hay que decidir de forma presta y contundente si lo deseamos o no.
A pesar de que las trasnacionales no paran de llegar al país de las esmeraldas, en Colombia no es necesario dárselas de erudito para pedir un café. Sobra mencionar el término mokaccino , el tipo de leche y el número de shots , pues basta decir: “¡Buenos días, regáleme un tinto por favor!”, para catar un café que habla por su propio grano, que regala el aroma sin necesidad de aditivos, y que antes de existir la moda de los baristas encontró su punto de equilibrio para ofrecer a todo sibarita una buena experiencia.
Hay muchas otras bebidas colombianas con nombres que pueden resultar graciosos para otros hispanoparlantes nacidos o educados en la lengua, como los champús o el salpicón, pero eso ocupa un capítulo aparte del que pronto se encargará nuestro bolígrafo.


