Ver desde los márgenes: la entrevista a Itala Schmelz
Por Eduardo Luciano Tadeo Hernández
Fotografía por Ricardo Trabulsi
Un regalo de año nuevo anticipado, es diciembre del 2015. Mientras espero sentado en el patio principal dentro del Centro de la Imagen (CI), miro hacia arriba para encontrarme con un techo azul celeste; una fotografía natural delimitada por el marco arquitectónico. Itala Schmelz, Directora del CI, camina hacia dentro del recinto; tranquila, cubierta por una blusa bordada, jeans y tenis, un sincretismo cultural en sí misma. Nos saludamos, invoca tiempo para dejar sus cosas y regresa.
A falta de condiciones en su oficina ingresamos al espacio de exposiciones, subimos unas escaleras y me invita a sentarme en una larga mesa, en donde nos acompaña una mágica comunidad de libros. Inicia preguntándome acerca de la Revista Ñ y mi colaboración. Se dan las condiciones y entonces intervengo para presentar el preámbulo de la primera pregunta…
Revisando un poco tu trayectoria me parece que hay muchas facetas en ti. Iniciando con el hecho de haber nacido en la Ciudad de México, algo que ha impactado tu carrera pues es un centro político-cultural, y aparte haber nacido en 1968, año que está en la memoria nacional por varias razones. También tu apellido me hace pensar en tu historia personal ¿Schmeltz está ligado con una tradición de cercanía con la cultura?
A ver, yo vengo de una familia de migrantes judíos que llegaron a México por la Segunda Guerra Mundial. Ese es el tipo de mexicana que soy. Soy más mexicana que el mole. A mí me parece relevante platicar de esto porque hablando de esta revista coreana y demás, creo que México está compuesto por una gran diversidad cultural. Hay algunas minorías que no se entienden, por ejemplo, siempre me han tratado como gringa, güerita. Es un proceso de asimilación. Por otro lado, no tengo ningún vínculo con Europa, con Austria de donde viene mi familia, y pues sí tengo una cierta cercanía, una identidad, una identificación con la judeidad, sobre todo por la diáspora con esta memoria del holocausto. Me ha interesado acercarme, conocer tradiciones, saber de dónde vengo, pero realmente nunca en un sentido religioso, por eso no sólo digo que soy más mexicana que el mole, sino también que soy una judía guadalupana.
Hablando de la diáspora en específico ¿Cómo ha afectado esto tu visión sobre la imagen dentro del Centro? Me llama la atención la nueva convocatoria de la Bienal de Fotografía 2016, donde es muy clara que la limitación es territorial: extranjeros y mexicanos que viven en México. ¿Pensando por ejemplo en la diáspora mexicana, hay algún proyecto que busca incluir su visión?
Fíjate que esa es una pregunta muy interesante. Ósea los mexicanos que viven fuera de México, si estamos tomándolos en cuenta, ahorita en particular…Pues casi me dan ganas de incluir eso en la bienal, que también puedan participar los mexicanos que viven fuera de México, pero creo se sobre entiende.
Pues mira, ahorita en particular no tenemos un proyecto por ejemplo de presencia chicana en Estados Unidos o algún proyecto con algún fotógrafo mexicano que viva fuera de México. En particular no, pero ahorita que mencionabas la bienal yo más bien creí que me ibas a hablar de que la convocatoria es una provocación a la inclusión de la experimentación y de la exploración de los medios audiovisuales y de la fotografía, pensando en su status contemporáneo. Entonces, en mi historia como tú viste yo también estudié filosofía y he abordado el arte contemporáneo, escribo y curo, pero también soy gestora y bueno a mí siempre me ha gustado romper esas fronteras arbitrarias. Lo creativo tiene que ver con una búsqueda que no puede estar marcada por formatos, medios y siempre mi búsqueda ha sido muy transversal.
Entonces, me toca tomar el Centro de la Imagen en un momento en el que la fotografía, la imagen, el video, los medios digitales están en profunda transformación y el ser humano y la sociedad contemporánea están transformándose también en relación al acceso a la tecnología que desarrolla imagen. Me interesa incorporar esa reflexión y esa producción a lo que sucede en el Centro de la Imagen que nació un poco como casa de los fotógrafos en la era de la fotografía analógica, cuando la fotografía -es lo que me cuentan- era un poco el patito feo de las artes, en donde no se incluía en las bienales, no se consideraba artística.
La fotografía es amplísima y fabulosa, nos demuestra que su función puede ser social, documental, científica, puede irse a lo micro, puede irse a lo macro, evidentemente es un lenguaje artístico. Me interesa cruzar esas fronteras, esas nacionalidades del arte, quizá por mi propio ser parte y nunca ser parte del todo y siempre ver desde los márgenes. Me parece que lo creativo se funda mucho ahí en este no ajustarte a las normas y a los modelos establecidos.
En ese sentido, recuerdo que Carlos Monsiváis adjudica el año de tu nacimiento, como un año en donde se rompen los paradigmas de la fotografía, se abandona esa interpretación relacionada con el nacionalismo cultural y empieza a haber mayor libertad. Ese cambio que hacen de Foto Septiembre a Foto México, revindica el espacio mexicano de alguna forma, pero me parece que no necesariamente rescata o intenta regresar a un argumento de nacionalismo cultural…
No, no. En verdad, estamos rebautizando un festival que ha acompañado la producción fotográfica por veinte años, Foto Septiembre ahora lo llamamos Foto México, lo importante es que es nuestro festival internacional de fotografía bianual. El cambio de nombre tuvo que ver con una cuestión estratégica de vinculación e inscripción en un escenario internacional. Foto Septiembre podría suceder en cualquier país, podría decir cualquier cosa y además nunca sucedía en septiembre eso era lo más chistoso de todo. Entonces pensamos que para dialogar con los grandes escenarios de la fotografía de los cuales México siempre ha sido una potencia importante, llamarnos directamente Foto México junto a Foto España, Junto a Paris Photo…nos daba una visibilidad muy clara, muy concisa, ese fue el cambio de nombre.
Ahora, respecto a lo que pasaba en el 68 con la fotografía, es interesante recalcar que estábamos en un momento de fotografía analógica, en un momento en el que los medios de comunicación no circulaban a la velocidad que hoy en día circulan. Fueron años en los que, por un lado, mediante la fotografía se pudieron documentar movimientos sociales muy importantes, en donde el fotógrafo se volvió, como decimos en una de las exposiciones de Foto México, “una lente solidaria”, dio testimonio y también tomó partido en términos políticos. Pero, al mismo tiempo que sucedía esto sucedía otra cosa en el arte, de lo cual la fotografía fue absolutamente participe; otra revolución, la revolución de los discursos conceptuales.
La fotografía en los años sesenta en medio de la efervescencia de las acciones, de los performances, del arte efímero, ocupó un lugar importante en la documentación de estos eventos, pero también hubo un rompimiento con la idea de que la fotografía venía a sustituir a la pintura en esta carrera de mímesis y de repente los fotógrafos empezaron a confrontar la noción de que la fotografía era simplemente ser mimesis de la realidad, y no porque fueran los primeros en explorarlo, porque ya la fotografía abstracta y otros lenguajes desde principios del siglo xx lo habían hecho. Pero ya en los sesenta es muy evidente la experimentación con el medio, la experimentación en el laboratorio, experimentación con los rollos, el modo de revelar los materiales. Y no sólo la fotografía, en video empiezan a pasar cosas muy interesantes, surgen fenómenos como video danzas que es danzar con la cámara, las fotografías son el resultado del movimiento y el ritmo de tu cuerpo, entonces ya no es esta foto objetiva, sino es esta foto que está registrando una carencia, un ritmo, un cuerpo. O, por ejemplo, en esos años un Juan Downey yéndose en medio de la Amazonia a entregarle la cámara a los indígenas para que sean ellos los que fotografíen y deje de ser esta figura occidental que registra, levanta imagen y después se la lleva de regreso a occidente para decir como son los otros. De verdad es un año como dices de mucho cuestionamiento, de mucha revolución, de mucha puesta en crisis de los modelos de la modernidad, de los discursos dominantes y sí, pues yo simplemente nací en ese momento, pero eso es una casualidad.
Es muy interesante cuando menciones la otredad, pues en la otredad cabe la noción de Asia de manera muy pertinente. Entiendo que has tenido la oportunidad de visitar en la república mexicana diversas ciudades en donde se genera arte y también has estado colaborando en el exterior. Un caso reciente es en donde participaste como curadora en Venecia. La duda que tengo es ¿Las preguntas que surgen entorno a la fotografía y al arte son símiles en el caso de América Latina y Europa al igual que Asia o sí, en efecto, se genera una otredad en estos espacios?
Es una pregunta muy actual y muy valiosa. De alguna forma yo creo que en esto que le llaman el mainstream , este centro de las grandes capitales del arte, siempre ha tenido un interés por lo exótico, por lo otro, además nos vamos turnando: un año le toca a África, otro a Latinoamérica, después se van a Asia, después descubren a los chinos. Por un lado, hay un eurocentrismo, que tiene que ver con Estados Unidos, un occidentalismo y un mainstreamismo total, por ejemplo, para construir la historia del arte o la fotografía, en donde las grandes referencias siempre serán occidentales. Es decir, tu buscas cualquier libro que cuenta la historia de la fotografía pues siempre van a poner a los primeros…de hecho dicen que antes que descubrieran la fotografía en Francia ya unos mexicanos o unos brasileños (lo habían hecho), ósea estaba pasando por muchos lugares del mundo que estaban empezando a describir esas posibilidades del revelado, la luz, el papel fotosensible, las cámaras y la lente. Era un fenómeno general en el planeta, pero obviamente son los países más ricos o más avanzados, en términos de medición cultural y empresarial, que se instalan. Entonces tú ves la historia del arte está contada desde occidente, pero justamente en los años sesenta, cuando empieza a ver estos cambios de visión, descubren que se está narrando desde otros lugares la vida, la modernidad está desarrollándose a partir de otros modelos y se está mestizando con otras culturas y esas otras culturas están sometiéndose a cierta norma de vida, modelos, usos, el imperialismo de las comunicaciones, el cine, etc. Obviamente va determinando a todo el planeta.
Entonces, por un lado, hay la inquietud de lo exótico, desde el centro hacia lo exótico, en ese sentido Asia y Latinoamérica nos competimos, algunos años nos toca a algunos, otros años nos toca a otros. Ahorita el mercado está loco por China y también el arte contemporáneo están vendiendo enormemente o por ejemplo fotógrafos del mundo árabe que estaban totalmente resguardados bajo una cultura muy cerrada; en los últimos años empiezan a aparecer autores árabes, musulmanes, africanos, entonces claro lo que es el mercado, por eso vienen las vanguardias, lo nuevo, lo diferente, eso que renueve.
Latinoamérica ha tenido también un boom gigante y de hecho en ese boom importante de Latinoamérica, que decir Latinoamérica es decir realidades diferentes, los que más hemos salido perdiendo somos los mexicanos. Pues en el siglo xx para Estados Unidos, Latinoamérica era demasiado lejano y demasiado primitivo quizá y México en cambio era la fuente del exotismo, de lo otro, era “the South of the border”, entonces México tuvo mucho éxito con los muralistas que fue un movimiento que se internacionalizó, entonces de alguna forma la historia del arte-esta genérica- incluyó el movimiento muralista mexicano como uno de los grandes ismos y sin embargo, después por sus cargas políticas como que ya no les acomodó tanto y entonces en los últimos años, a partir de los noventa, con un reviver muy grande de lo minimal , de lo abstracto, de lo conceptual, de repente hay un descubrimiento enorme de los brasileños, los venezolanos, de todo este arte neo concreto y hay incluso una intención de cambiar la historia del arte latinoamericano en donde ya no son Orozco, Rivera y Siqueiros y después vienen abajo todos los demás. Entonces, la historia del arte siempre se está contando y volviendo a contar de acuerdo a la conveniencia de quienes dominan la escena.
Vargas Llosa dice que en América Latina el éxito de la integración más allá de la formal, económica o política es la cultural y con esto que comentas confirmas la visión. En tu gestión dentro del Centro de la Imagen la cooperación ha sido un elemento esencial, lo cual me parece importante en un contexto donde se vive un aparente régimen democrático a nivel nacional, pero no todas las instituciones colaboran de manera importante con otro tipo de actores no gubernamentales. En tu caso, desde la dirección se generó un coloquio muy importante, “Las Tres Eras de la Imagen”, en donde tuviste colaboración con Benjamín Meyer del Instituto de Estudios Críticos. A propósito, en la fase de la inauguración mencionaste una frase que no tiene desperdicio alguno: “El sistema de control también se ejerce mediante la imagen”: ¿cómo trabaja el Centro de la Imagen frente a estos sistemas de control? ¿cómo se libera de ellos?
¡Pues házmela una utopía! Lo que quería decir es que no solamente es este un espacio para exhibir fotografías y promover artistas o para que algunos les vaya bien y vendan en galerías o después tengan exposiciones fuera. Como Centro de la Imagen uno de los compromisos es reflexionar críticamente la imagen hoy en día, entonces yo me refería a que bueno, por ejemplo, si ves la campaña de palacio de hierro de Mr. Klaus hay toda una serie de elementos que están detrás de esa imagen; ejerciendo modelos de identidad, de deber ser, de consumo. Ese carácter de la imagen que no es ingenuo, que no es inocente me parece importante que lo analicemos en el Centro de la Imagen.
Tenemos un seminario de investigación y curaduría en donde lo que estamos haciendo es abordar y desarrollar discursos críticos que nos permitan entender lo visual más allá de la promoción de autores, entender este fenómeno en el que vivimos y encontrar la manera de que nuestro público también sea consciente de que está pasando con la web, con los celulares, cuando se toma selfis, cuando los medios periodísticos te muestran violencia o después deciden no mostrártela. No ser ingenuos con decir que esto es bonito, bello, me emociona, hay otros usos de la imagen en donde se ejerce, pues eso control. Me parece importante y lo voy a seguir trabajando.
Por otro lado, en cuanto a las colaboraciones. En primer lugar, desde los otros museos que he dirigido y demás siempre busco apoyos en términos económicos para ampliar nuestras posibilidades, para tener eventos de mucha calidad y además porque pienso que si involucras a otros actores sociales dígase hoteles, fundaciones o empresas privadas, de alguna forma lo que estás haciendo es comprometerlos con el arte, la cultura y ellos forman parte de esta escena, cooperan, se involucran, traen a su gente y vuelves mucho más sólido el terreno por el cual trabajas. Si sólo estuviéramos haciéndolo porque somos una institución gubernamental y es nuestro deber no estaríamos entendiendo, aquí lo que hacemos es hacer tejido social. Más allá de cuántos recursos o no pongan estos actores sociales, porque a veces puede ser intercambio en especie, hay muchas cosas que se pueden hacer, a mí me importa que estén involucrados, que estén presentes y que colaboren con nosotros.
El Colegio de México tienen un seminario muy interesante sobre violencia. Consuelo Saizar presentó una ponencia entorno a la importancia de las redes sociales, en la lógica de la violencia que también se puede ejercer a partir de estas nuevas formas de comunicación. Dado el contexto mexicano de violencia en todo sentido, de la ocupación del espacio público y de la imagen misma. ¿Crees que el arte, la fotografía o algunas expresiones en relación a la imagen puedan tener una respuesta para construir la paz?
Otra vez una utopía. Bueno, vivimos de eso, de la utopía y de construirla. Pienso que no podemos generar milagros, pero sí generar pensamiento, reflexión crítica, generar belleza, inteligencia, distancia. Todo eso forma una sociedad muy preparada para lo que venga, tenemos tiempos muy aciagos, muy angustiantes de pronto y también con toda esta cosa del híper consumismo que parece que lo que da sentido a la gente es lo que puede ir a comprar, que es tan poco. ¡Que existan museos, que existan cines, en donde puedas recrearte sin tener que consumir, ni siquiera pagar por ellos!
A veces te preguntan ¿cuánta gente entro? Claro, a veces hay exposiciones tipo blockbuster donde va muchísima gente, son muy populares y no necesariamente son las mejores exposiciones. O están ubicadas en un espacio de acceso más masivo o sus temáticas son de acceso masivo, pero a veces hay exposiciones más difíciles, en espacios no mainstream , pero en donde el lenguaje artístico está haciendo apuestas fundamentales. Ese es el semillero de lo que está pasando en el arte. No es que el arte va a cambiar las cosas por una revolución o porque lo van a ver y de repente todos se van a convertir, es un ejercicio casi de constante deconstrucción de los discursos de poder que hace que se vuelvan a abrir los campos de la imaginación, que te ayuda también a disentir de los deber seres.
Hay muchos artistas que están trabajando de manera comunitaria, con grupos indígenas, con mujeres prostitutas o mujeres que hacen telares, pero buscando que sus telares y tradiciones encuentren un mercado o se replanteen sus quehaceres. Hay muchos niveles en los que el arte está trabajando, no creo que solito puede cambiar al mundo, pero sería verdaderamente dramático un mundo sin arte. Si tú ves algunas historias de ciencia ficción de estas sociedades de absoluto control donde no puedes ni pensar, el big brother que te vigila o que el placer tiene que ver con ciertas drogas o las pantallas que sustituyen a los regalos, vivimos un poco esa circunstancia, yo creo es importante el arte, la filosofía, el pensamiento crítico, repito la palabra a veces creo que es un estribillo, pero bueno creo que así es como mejor entiendo la actividad artística actual.
Tengo dos preguntas más. Prometo que la siguiente no es una utopía, es específicamente sobre la Secretaria de Cultura. ¿Cuál podría ser el impacto para la cultura en México? Mucho se ha dicho que habrá un alejamiento entre arte y educación, una propuesta vasconceliana. Como Directora del Centro de la Imagen ¿cuál es tu opinión?
Yo lo veo como algo muy pragmático, somos instituciones muy complejas, muy grandes, con funciones a veces variadas, muy diferentes y si esto facilita la operación burocrática de los recursos creo que nos conviene a todos. No creo que el arte y la educación se puedan separar, pero también creo que son diferentes, aunque tampoco podemos meter todo en el mismo paquete. Yo lo veo como algo positivo.
Por último ¿cuáles son tus pasiones? ¿qué es lo que da sentido a tu existencia?
A parte de mi preciosa familia, mi marido y mis hijos que son el corazón de mi vida, yo estudié filosofía y la verdad es que soy un poco eso, gestora-filósofa, lo cual es un poco raro porque tiene algo muy práctico y a la vez algo muy volado, a la vez muy libre y a la vez algo ordenado. Por eso estoy en medio o transversal.
Yo soy filósofa, mi aproximación al mundo es reflexiva, a mi lo que más me apasiona en el mundo es escribir, leer teoría. Desde hace muchos años estoy trabajando en torno a la ciencia ficción, la prospección al futuro como un modelo excepcional para ser diagnóstico del presente, entonces pues siempre que puedo leo novelas de ciencia ficción, veo cine de ciencia ficción, leo teorías de ciencia ficción. La ciencia ficción se inscribe en un terreno que se llama estudios culturales o estudios visuales, que si por un lado es ficción dirías que entra en estudios literarios o si estás hablando de cine, tendrías que ser especialista en cine. Yo no soy especialista ni en cine ni en literatura, yo soy filósofa y encuentro en estas prospecciones a futuro una forma muy interesante de ver que ha sido esta sociedad moderna, por ejemplo, los ideales de progreso, la forma de concebir el tiempo, la idea que el tiempo va del pasado al presente y futuro. Ha construido un ideal hacia el mañana en el que estamos todos inscritos, desde los que venden cajitas de zapatos que les llaman hogares y que te lo venden como que vas a vivir en la sociedad del mañana por comprar el multifamiliar, hasta todo un campo súper interesante en el que estoy trabajando.
Es muy interesante como se ha desarrollado la ciencia ficción en Latinoamérica. Justamente lo que he descubierto es que nuestras sociedades al estar tan lejos de controlar y desarrollar la tecnología han tomado la ciencia ficción de manera muy barroca, a la vez pareciera que las sociedades tercermundistas adoptamos los modelos primermundistas acríticamente como si eso fuera la solución para todos y todos tendríamos que acomodarnos en ellos. Si tú ves ciertas películas de ciencia ficción mexicana o latinoamericana hay una especie de chiste, de guasa. Por un lado, nos reímos de nosotros mismos y decimos nunca vamos a llegar a la luna, pero por otro lado estamos cuestionado si van a llegar a la luna quienes tienen el poder tecnológico. Por ejemplo, revisar y cuestionar el colonialismo; desde la ciencia ficción cuando lees en las novelas que conquistan el universo dices: pues claro, esas mismas ambiciones de conquistar el universo fue lo que trajo a conquistar América, entonces haces paralelos. Yo estoy fascinada con ese tema. ¡Que rollos!
No, al contrario. Si nos permites, una segunda parte de la entrevista sería una vez que acabes tu tesis que nos hables sobre ella y la ciencia ficción.
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