Las manos de Pyongyang en África

“La insistencia en pensar al régimen norcoreano bajo la etiqueta de las armas nucleares ha devenido en la creación de lagunas de conocimiento sobre las relaciones exteriores del gobierno”.

Por Eduardo Luciano Tadeo Hernández

Fotografía por Wikipedia

Cuando se piensa en Asia y a ese pensamiento se agrega la variable armas nucleares, de manera natural surge la imagen de Corea del Norte. La naturalidad de la imagen debe analizarse, pues su construcción ha permitido a Pyongyang generar estrategias diplomáticas más allá de la geopolítica regional del este asiático, pasando desapercibidas para los ojos de la comunidad internacional.

La insistencia en pensar al régimen norcoreano bajo la etiqueta de las armas nucleares ha devenido en la creación de lagunas de conocimiento sobre las relaciones exteriores del gobierno, así como de sus estrategias diplomáticas en el exterior. No es común, por ejemplo, que los investigadores decidan utilizar conceptos como soft power, que es la capacidad de atracción que ejerce un determinado Estado respecto a otros, para explicar la realidad de la política exterior del país.

En una reciente publicación en el Huffington Post, Samuel Ramani aseveró que “los tomadores de decisiones occidentales que buscan limitar la amenaza a la seguridad que representa Corea del Norte deben ver más allá de la región de Asia-Pacífico y los peligros inmediatos para Corea del Sur y Japón, también deben prestar atención a las redes de negocios de armamentos de Corea del Norte en el mundo en desarrollo, específicamente en África sub-sahariana, los cuales previenen al régimen de un colapso económico”.

África se ha vuelto un espacio predilecto para los países asiáticos en el siglo XXI. China, Corea del Sur y Japón están presentes, cada uno con sus propios objetivos de política exterior, conscientes de la riqueza en recursos naturales que provee el continente africano. Corea del Norte no ha sido excepción. Coincidiendo con el resto de los países del este asiático, ha decidido meter sus manos en el continente que es casa de los ancestros de todo hombre y toda mujer.

Entre los países con los que coopera están Etiopía, Angola, Uganda y Tanzania; con el primero, por ejemplo, tiene importantes proyectos de ingeniería de armamento; con el segundo ha estado obteniendo divisas mediante la venta de botes patrulla y de partes para su reparación. De acuerdo con información publicada por The Washington Times, el encargado de hacer las transacciones militares en Angola desde 2008 ha sido Kim Hyok-chan, quien ha fungido como representante de la empresa Saengpil, siendo a su vez segundo secretario de la Embajada de Corea del Norte en Luanda. Cabe mencionar que Pyongyang ha promovido en las últimas dos décadas la presencia de instructores militares en Angola; un reporte de la ONU, de marzo de 2014, redactado por expertos en el tema de Corea del Norte, reveló que, en el caso de Tanzania, la fuerza aérea permitió que 18 militares técnicos norcoreanos repararan los aviones de combate F-7 y otros materiales de la milicia tanzana; en lo que respecta a Uganda, el gobierno de Pyongyang ha proporcionado entrenamiento policiaco para las fuerzas de seguridad del país africano.

El tipo de negocio que procura el gobierno norcoreano en África representa una violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo cual no es realmente una situación que le preocupe al régimen. La preocupación mayor es cómo conseguir dinero a pesar de las sanciones generadas por este órgano de la ONU y el aprovechamiento de su especialización en temas de seguridad ha sido una notable solución.

La cooperación militar con los países africanos busca fortalecer las capacidades de producción del sector de defensa de estos países. Pero, aún más importante, tiene el objetivo de obtener divisas para atender las dificultades financieras de Pyongyang, así como crear relaciones empáticas con países que respaldan la visión crítica hacia occidente. Estas estrategias diplomáticas confirman que la imagen del país arrogante –frente a las presiones de Estados Unidos- y nuclear –ante la incomodidad de Corea del Sur y Japón- ha rendido frutos para el gobierno norcoreano, pues ha podido canalizar este soft power para posicionarse como un experto en temas de seguridad y con capacidad para sobrevivir.

Es claro que la red diplomática del país tiene como uno de sus principales objetivos en África ofrecer servicios relacionados con el tema de la seguridad. Para Corea del Norte, el mercado es un elemento fundamental al momento de hacer sus cálculos estratégicos; por lo cual no es posible considerar irracional la acción del gobierno en sus relaciones internacionales, por el contrario, debe entenderse que estos negocios son un pilar fundamental de su política exterior.

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