Tongyeong-si No del todo el Nápoles de Oriente

Por Chris Cusick de The Lost Lens Photography

Traducido por Lilian Florian

La Guía Oficial de Turismo de Corea fomenta el lema “Imagina tu Corea” [en inglés, “Imagine your Korea”] en su última campaña “Visita Corea” [en inglés, “Visit Korea”]. Uno sospecha que un poco de demasiada imaginación puede ser culpable de llamar a la pequeña ciudad de Tongyeong-si “el Nápoles del Oriente”. De dónde se deriva esta famosa mentira es totalmente un misterio para aquellos que han visitado la ciudad. ¿Qué fue entonces lo que dio vida a esta curiosa comparación?

Uno puede sospechar que la esencia de la cruda conexión se encuentra en la geografía de las dos ciudades. Ambos son ciudades portuarias “pintorescas” de cafés y galerías que surgen bajo la sombra de elevadas montañas. Por eso, también son ciudades con un encanto pícaro menos frecuentadas por turistas internacionales,  siempre eclipsadas por las muy  idealizadas ciudades de Roma, Venecia y Florencia, o por el palpitante ritmo de Seúl y Busan. Son igualmente famosas por sus peculiares dialectos regionales: los cortos artículos del dialecto napolitano y el apasionado pero gutural gangueo del dialecto de Gyeongsang. Ambos exhiben la arquitectura derruida de una era pasada: Nápoles, los restos del Imperio Romano; Tongyeong, las olvidadas dúplexes prefabricadas del movimiento Sae-Maeul. A pesar de estas similitudes, sin embargo, las ciudades están muy lejos una de la otra en más que distancia.

Tongyeong es una tranquila ciudad costera en la costa sur de Corea que ocupa la extremidad montañosa de la península de Goseong. El ritmo de vida es lento, y uno nunca puede realmente descubrir en dónde se esconden los 135,000 habitantes de la ciudad. Así es la misteriosa tranquilidad en Mujeon-daero, la ruta principal hacia la ciudad, la mayor parte del día. Esta tarea se vuelve, al menos en parte, más fácil en la noche cuando una buena parte de la población local puede ser encontrada durmiendo en la calle, luciendo grises overoles de astilleros en crisis y bebiendo ocasionalmente de una botella de soju sin terminar. El tráfico por la autopista 14 aumenta solo al final de la tarde, alimentando el centro residencial de la ciudad, compuesto por los Grandes Almacenes Lotte, dos boleras rivales e igualmente llenas de problemas, un cine sobre un gran almacén abandonado y un Starbucks. Los restaurantes y tiendas son numerosas aunque no hay comida occidental aceptable de ningún tipo, excepto quizás McDonald’s, considerada aceptable solo los domingos por la mañana en aquellos tiempos de desesperación resacosa de unos veinte expatriados que viven allí, todos los cuales reciben un estatus de celebridad debido a su “exotismo.” Simplemente el subirse al bus local es suficiente para causar latigazo cervical a los pasajeros ancianos de piernas arqueadas que van cargando sacos de vegetables y girando sus cabezas como búhos chequeando sus flancos. La falta de seria usurpación extranjera ha ayudado a la ciudad a mantenerse decididamente coreana.

Nápoles, al contrario, es la meca del multiculturalismo, una metrópolis arcaica en expansión con más de cuatro millones de almas, solamente superada en tamaño por Milán. El centro histórico fue designado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO y compite con Roma por los restos del imperio. Pero la ciudad es, en general, un caos congestionado y cacofónico de vespas y peatones aparentemente suicidas; un laberinto de callejones sucios; un centro cosmopolita de alta cultura, galerías extravagantes, y cafés sirviendo solo el café más fino. Es una ciudad de obstinación dominante, provocándole: “Más rápido. Más rápido.” Presento esto, no como una treta astuta o un intento de empañar su opinión de la capital de Campania sino más bien lo contrario, de hecho, porque Nápoles es totalmente fascinante casi del mismo modo que las grandes ciudades. Más bien, mi intención es hacer un simple contraste con Tongyeong. Estas son ciudades difícilmente hechas a la imagen de la otra.

Al evaluar Tongyeong, uno solamente necesita considerar su slogan “Tierra de Mar” [en inglés, “Land of Sea”] para determinar que la ciudad no debe ser juzgada en base a su monotonía, como el centro Suburgatory, o comparada con la ininterrumpida vida en Nápoles. Sobresaliendo en las azules aguas litorales del Parque Nacional Marino Hallyeo, Tongyeong es una ciudad muy característica por el océano que la rodea por tres lados. Es una ciudad que calma el alma con su aire de vida insular, donde uno podría ser perdonado por creer que está completamente separado del continente.

De hecho, una gran parte de ella, unas 150 islas extendiéndose hacia el Pacífico tan lejos como el ojo humano alcanza a ver, están dispersas como fragmentos de jade en una sábana de raso azul; solo un cuarto de ellas está habitado. Los pocos residentes permanentes que ocupan las tranquilas aldeas isleñas permanecen muy impasibles en su lejanía, un aislamiento sin preocupaciones, ganándose la vida del flujo y reflujo del turismo. No se necesita publicidad; los canales turquesa de acantilados kársticos elevándose hasta los impecables cielos azules son famosos por ser una de las más impresionantes vistas en Corea.

Una red de transbordadores viejos conecta a los isleños con los del continente, entregando no solo sustento que no puede crecer en esas tierras distantes azotadas por los vientos, sino también turistas que buscan sus orillas para recargar sus pilas agotadas por la ciudad. Con un kimbap envuelto en papel de aluminio en la mano, los turistas disfrutan de la brisa del mar. Con una mirada entusiasta en sus caras, se dirigen al histórico Hansan, a las playas de arena blanca de Bijin, o a los acantilados abatidos por el clima de Deungdaeseom de imponente forma escarpada que el mar besa en su base. Deungdaeseom está conectada a la isla de Somaemul por un puente terrestre transitable solo en la bajamar. Sus hijos cierran la comitiva con brazos extendidos hacia la popa del barco, dando de comer boquitas de camarón a un batallón de gaviotas.

Aunque Nápoles tiene sus propias islas (D’Ischia, Capri, y Pròcida), hay poca competencia entre ella y la Tierra del Mar. La montaña Mireuk, la más alta cima en la ciudad, es una isla en sí misma, de donde uno puede verdaderamente apreciar a Tongyeong como una tierra de islas. En la cumbre, si usted mira al norte, se encontrará con el gris omnipresente de los apartamentos coreanos de aspecto lúgubre, aun en la más magnífica luz dorada del atardecer. Pero, tome tiempo para dar media vuelta y verá por qué los turistas se amontonan allí. El sol rojo abrasador se oculta por el cielo naranja, eventualmente descendiendo al Pacífico detrás de un sinnúmero de siluetas de islas. Atardecer Nirvana. No puedo pensar en un mirador más bello de donde observar la última luz del día desvanecerse.

Aunque esta montaña rodeada por agua sirve para enfatizar las diferencias, ella también domina la vista de la ciudad casi de la misma forma en que el Vesubio se eleva sobre Nápoles. ¿Podrían los secretos de la similitud encontrarse en las cumbres que presiden sobre las ciudades? Hoy en día, las montañas son, en gran parte, escapadas turísticas: el Vesubio con autobuses llenos de norteamericanos colorados en sandalias y calcetines; Mireuksan con clones vestidos de The North Face en sus teleféricos y con su alegría contagiosa, persuadiendo a los pocos turistas internacionales que se ven en la región para participar en sus celebraciones samgyeopsalcon pequeñas parrillas de gas en la cumbre y tentándolos con una dosis de makgeolli a media mañana. Es la historia de las montañas, sin embargo, la que más me interesa. Son ellas las que son responsables de dar forma al destino de sus respectivas ciudades.

Extendiéndose 1,281m sobre el humo de la ciudad, el Vesubio necesita una pequeña introducción. Famoso por devastar la ciudad de Pompeya en el año 79 d.C., se dice que erupciones más grandes y potentes antedatan la historia escrita, y hasta la fecha, el volcán permanece activo. El volcán se eleva sobre la ciudad como un recordatorio de la debilidad del hombre, un testimonio de la madre naturaleza reinante y suprema. La civilización puede haber prosperado en sus tierras fértiles, pero sigue allí a su merced. Aunque esta montaña mediterránea se empapa evidentemente de historia, está definida por destrucción.

Las cumbres cubiertas de abetos de Tongyeong, sin embargo, la rodean como ángeles guardianes, formando una barrera natural contra los elementos y protegiendo sus bahías. Cuando vientos violentos de un tifón del verano llegan del sur, flotas de barcos buscan refugio en las aguas cristalinas tranquilas de Tongyeong, donde raramente hay una onda. Fue la posición ventajosa de esos canales la que influyó la historia de la ciudad, la cual siempre estará entrelazada con la del querido y reverenciado almirante coreano Yi Sun-shin. Tongyeong funcionó como su campamento de base durante la Guerra Imjin cuando las escasas fuerzas coreanas fueron superadas en número en gran medida tanto en tierra como en el mar al invadir la horda de japoneses. Las valerosas hazañas del almirante Yi fueron suficientes para grabarlo casi literalmente en la historia coreana. Hoy en día, su estatua se yergue orgullosa en la plaza Gwanghwamun en Seúl. No es necesario ir muy lejos para encontrar símbolos de su legado. Réplicas de sus “barcos tortuga” revestidos de hierro y sus arietes adornados con dragones lanzallamas se encuentran ancladas en Gangguan, el colorido puerto de Tongyeong de las barcas de pesca y los cafés. Se dice que apenas una docena de esas revolucionarias hazañas fueron suficientes para aventajar y diezmar a toda la flota japonesa, enviando al famoso agresor, Hideyoshi, disparado al Nippon. La victoria sobre el antiguo enemigo todavía se conmemora hasta la fecha en el Festival Hansan de la Gran Batalla, realizado cada agosto, durante el cual el puerto se vuelve un atolladero de gente y comerciantes vendiendo bocadillos. Nápoles, a propósito, está en su época más silenciosa durante agosto.

Aunque cada ciudad portuaria a lo largo de la costa sur asegura estar vinculada con el almirante, el vínculo con Tongyeong es indisputable. En un cerro con vista a la bahía, usted encontrará a Tongje Sayeong, el antiguo puesto de mando del almirante, y Sebyeonggwan, un salón de madera perfectamente conservado en el punto más alto del complejo, de donde el almirante observaba la batalla. En las cercanías, usted encontrará a Chungryeolsa, un templo construido en su honor. Cerca de allí, la isla de Hansan es visitada, no solo por sus playas de piedras y serenidad, sino también por Jeseungdang, donde el almirante Yi divisaba el mar y planeaba estrategias para las futuras batallas. Gran parte de la ciudad sirve como recordatorio de su gloria.

Aun así, Tongyeong tiene restos de un pasado turbulento. El faro de Deungdaeseom, uno de los sitios más fotografiados del país; el túnel submarino, el primero en Asia; y el campo de prisioneros de guerra en Hansan. Todos son recordatorios de la ocupación japonesa en el siglo XX, quizás el período más problemático en la historia coreana, y una guerra que está presente en la mente de los ancianos. Pero los japoneses hicieron estragos en más lugares aparte de Tongyeong. La historia de la ciudad es celebrada, no lamentada, ya que brilla como un modelo para los coreanos de una de las pocas pero de las más gloriosas victorias en la rivalidad más antigua y encarnizada.  Es una guerra que permanece en la mente de los ancianos coreanos. Las atrocidades de los japoneses probablemente nunca serán olvidados, pero tampoco las proezas en el mar del hijo más famoso de la nación.

Es verdad que Nápoles también tiene una buena tradición marinera. Puede que le falten las ilustres victorias navales, pero ahora funciona como un puerto comercial bullicioso, de hecho, uno de los más grandes en Europa, haciéndose cargo de 10,000 toneladas de cargo y millones de transbordadores de pasaje cada año. Pero Tongyeong es difícilmente un centro de comercio. Sus sinuosos canales con peligros sumergidos no son lugar para un gran buque comercial; el fácil acceso ofrecido por el puerto de Busan, el puerto comercial más grande del país, es una opción más atractiva a solo 70km. La reputación de la ciudad como un gran astillero, aunque históricamente extendiéndose más allá de los revolucionarios barcos tortuga, ahora declina conforme los astilleros más pequeños carecen de trabajo, cayendo presas de los gigantes Samsung y Daewoo que operan en el vecino Geoje-do. Aunque el destino de Tongyeong permanece intrínsecamente ligado a las aguas que lo rodean, la relación entre el hombre y el mar ha evolucionado dramáticamente desde los días de gloria, cambiando a una de dependencia con el mar como proveedor. De hecho, la gran mayoría de barcos cansados que realizan sus actividades pertenecen a pescadores, cuyo sustento depende de la abundancia de mariscos allí. Ellos pasan sus días capturando mariscos en el lecho marino. Aunque es fácil tratar la expresión “Tierra del Mar” como una expresión de cariño, como una aprobación a la orgullosa tradición como una central naval, podría haber sido fácilmente una admisión por falta de alternativas. Así como la comunidad internacional evita los maricos del Pacífico con radiación tras el accidente de Fukushima, el mercado de exportación está luchando por mantenerse a flote y los coreanos tienen más de una razón para quejarse de los japoneses. El declive del sector pesquero es bastante preocupante porque Tongyeong es una ciudad de mariscos, y sin ellos, pronto podría estar devastada.

Más de un país costero de Europa obtiene su dieta de las aguas templadas sin mareas del Mediterráneo. ¿Podría, entonces, ser la comida el elusivo enlace? Por supuesto, Nápoles ha sido de gran influencia en la cocina mundial, famosa como el lugar de nacimiento de la pizza. ¿Cómo pueden, entonces, compararse las comidas regionales? Aunque de otra masa, el pan de miel, una delicia esférica rellena de pasta de judía roja, frita en aceite y bañada en un jarabe pegajoso se vende por Gangguan como la delicia de la región, lo cual parece exagerado. Pero en ambas cocinas, la carne se usa con moderación; el calamar, el pulpo, las anchoas y los crustáceos se disfrutan tanto en Nápoles como en Tongyeong, donde los mariscos son un manjar. De hecho, casi el 70% de la pesca anual de ostras del país, una especialidad regional, se realiza en las aguas que bañan la península de Goseong. Hasta los habitantes asiduos de las rocas están en demanda allí; se pueden ver mujeres ancianas armadas con cubetas y botas de lluvia, sacándolos del escabroso paseo marítimo mientras la marea baja. Sin embargo, la forma en que se consumen los mariscos es diferente. En Italia, uno espera encontrar esos manjares salados como ingredientes en una pizza o servidos con pasta al dente. Al contrario, los residentes de Tongyeong tienen, en general, un enfoque menos exigente. Secos, hervidos, al vapor, fermentados, salados, condimentados con pasta picante de chile rojo, en rodajas y crudos, consumidos enteros, y en algunos casos, aun retorciéndose. Usted encontrará todo en el mercado tradicional de peces vivos de Tongyeong en Jungang, donde se encuentran los mariscos más frescos. Es un festín para todos los sentidos, y totalmente, la prueba de fuego en la cocina costeña coreana. Sin duda, el mercado no es lugar para los remilgados ya que ancianos cortan y pican pequeños pulpos sacados de cubetas plásticas rojas. Las aletas caudales salpican agua a los caminantes, y el piso del mercado se empapa de agua de mar. Restauradores en el mercado le pedirán escoger su propio pescado antes de masacrarlo ante sus propios ojos y servirlo como hoe, pescado crudo en rodajas servido con un dip de wasabi que se disfruta mejor con soju. Es muy diferente a los café-restaurantes de Nápoles.

En un último intento desesperado para comparar, uno debe regresar a la escena del arte porque se dice que ambas ciudades tienen pasión por las artes. Nápoles tiene a Bernini; Tongyeong cuenta con Yu Chi-hwan, Jeon Hyuk-lim, y Yun I-sang, poeta, pintor y compositor, respectivamente. Cómo uno evalúa los méritos artísticos de una ciudad y los de otra es demasiado para mis ojos inexpertos, y por eso, no intentaré hacerlo. Sin embargo, la geografía simple está a mi alcance. Aunque la línea 2 del sistema de metro de Nápoles posee instalaciones de arte gratis por todos lados, está es la excepción, no la norma en Nápoles, la cual es una ciudad de galerías a la moda que guardan algunas de las colecciones de arte más finas del mundo. Al contrario, la escena de arte de Tongyeong se encuentra principalmente en sus calles. El Festival Internacional de Música de Tongyeong, que se celebra anualmente en marzo en honor a Yun I-sang, es un concierto gratuito al aire libre para las masas. La aldea Donpirang es otro éxito de público. Es un laberinto de callejones, abarcando la cima que domina Gangguan. La aldea se había deteriorado; era otra baja en la historia de la urbanización coreana. Amenazada con ser demolida, los artistas locales se unieron para salvar la aldea como un espacio para arte mural, la cual ahora figura entre las principales atracciones turísticas de la ciudad. Allí, usted encontrará jóvenes amantes de la escuela secundaria, caminando mano a mano con palos para selfiesa mano y dando vueltas por las peculiares instalaciones temporales y los cafés kitsch en la cima del cerro. Los artistas a los cuales la aldea debe su existencia pueden ser encontrados esbozando caricaturas en el lado oeste del cerro que ve hacia el puerto, una vista arruinada solamente por el monstruoso Hotel Napoli. ¡Oh, qué ironía!

Hay aquellos que han intentado esconder la identidad de Tongyeong bajo la sombra de otra. Si usted perdonará la necesidad del sector turístico por encontrar una semejanza, liberando así a la ciudad de Tongyeong de las cadenas de su comparador, usted encontrará su merecida oportunidad para cautivar a todos por sí misma. Una mezcla embriagadora de historia legendaria, un encanto rústico, pero pícaro, y un impresionante paisaje.

Como el dicho dice: “En Nápoles, se llora dos veces”. Cuando uno llega y cuando uno parte. Quizás está es la única comparación aceptable con Tongyeong, donde se llora al llegar, confundido por el alboroto y seguro en sus convicciones de que este lugar no tiene nada parecido con su “equivalente” italiano. Y de nuevo, cuando uno parte, luego de permitir que los alegres isleños moldearan su forma de pensar de la vida, luego de dejar que el tranquilo ritmo de vida se volviera parte de usted, y luego de concluir que Tongyeong es como ningún otro lugar en la tierra. Tongyeong no es Nápoles. Tongyeong es Tongeyong y es absolutamente incomparable.

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